Perú produce radiofármacos en central nuclear para hospitales y clínicas

- Recibe los pedidos de los 94 centros de salud nuclear de hospitales del Estado y clínicas.

Al reactor del Centro Nuclear Óscar Miró Quesada de la Guerra, Racso, llega el polvo químico en cápsulas de aluminio, que se bombardean con neutrones, convirtiéndose en material radioactivo.

Este material, debidamente sellado, ingresa por una compuerta a la planta de producción de radiofármacos y radioisótopos. Los especialistas de la planta recogen las sustancias radioactivas y las ingresan a las “celdas de producción”, donde, a través de “visores plomados” y unas telepinzas, abren las cápsulas.

De esta manera se inicia el proceso para convertir la sustancia en líquido que se llena en pequeños frascos, los que, a su vez, se transportarán en recipientes de plomo a hospitales y clínicas de todo el país.

“Aquí producimos, principalmente, radioisótopos que se aplicarán en medicina nuclear. Estos productos son radiofármacos que sirven para el tratamiento del cáncer y el diagnóstico de diversas enfermedades, como las enfermedades oncológicas”, explica el subdirector de esta planta, Guilmer Agurto.

Uno de los productos estrella que se fabrican es para el tratamiento del cáncer. Se llama yodo 131. Se trata de una sustancia radioactiva que usan las personas que sufren de hipertiroidismo y les regula la tiroides por unas semanas.

Proceso

Cada viernes, esta planta del centro de investigación nuclear Racso recibe los pedidos de los 94 centros de salud nuclear de hospitales del Estado y de clínicas.

De acuerdo con ello, el lunes siguiente procesará y hará el ‘fraccionamiento’ del material irradiado (en frascos pequeños). Se empezará a despachar el material irradiado, de miércoles a viernes para Lima; y en el ámbito de provincias, el principal destino es Arequipa.

A la vez, en la zona de control de calidad, el personal de aseguramiento monitorea la cantidad de dosis que recibe el personal durante todo el proceso. El departamento de mantenimiento asiste en los trabajos preventivos y correctivos del material que sale del reactor.

En todo el proceso son importantes el tiempo y la logística, indica Agurto, porque cada producto tiene un tiempo de vida: el yodo 131 puede durar ocho días y el pertecnetato de sodio –que se usa para el radiodiagnóstico de distintas enfermedades–, seis horas.

Por ello, un equipo del laboratorio empieza a producir este material a las once de la noche y a las cuatro de la madrugada inicia el empaque para que el material se envíe en unas minivanes licenciadas para transportar este tipo de material.

Inversión

Agurto detalla que el Instituto Peruano de Energía Nuclear (IPEN) ha hecho una fuerte inversión para modernizar sus laboratorios. Así, la planta que empezó a funcionar en 1987 ha sido adaptada en el 2017 para cumplir las buenas prácticas de manufactura de productos radioactivos para aplicación en seres humanos.

Aquí, en esta planta de más de 2,000 metros cuadrados y pasillos largos, adyacente al reactor nuclear, por donde circula aire descontaminado, hacen un trabajo multidisciplinario ingenieros químicos, químicos, biólogos, microbiólogos a los que suman personal técnico de mantenimiento mecánico, eléctrico y otros.

Calibración de detectores

El Racso es un oasis en medio de cerros pelados de Carabayllo, a 90 minutos del Centro de Lima. Caminando un par de cuadras por sus avenidas desérticas, que parecen el escenario perfecto de una película de zombies, en esta central nuclear de investigación se ubica el laboratorio secundario de calibraciones dosimétricas, Tony Benavente Alvarado.

La construcción es semejante a su par, del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA), en Alemania.

El físico nuclear Enrique Rojas es el jefe de este laboratorio. Una de las labores fundamentales y silenciosas que ejecutan es la calibración de detectores que usan todos los hospitales y clínicas del país para hacer tratamientos con radioterapia.

Recordemos que los detectores, o ‘cámara de ionización’, sirven para calcular el tiempo que darán radiación a los pacientes y deben ser calibrados anualmente.

También los vendedores de equipos de rayos X necesitan de detectores calibrados por el IPEN para corroborar que se cumplen los estándares.

Radioprotección

Pero no solo la medicina nuclear. Todas aquellas industrias que usan material radiactivo necesitan monitores calibrados para asegurarse que a su área de trabajo no le llegue la radiación. Es una medida de radioprotección.

Por ello, aquí se calibran permanentemente equipos que llegan de empresas mineras, de siderúrgicas y otros rubros, porque cuando se exportan fierros o minerales, los clientes demandan un certificado de que el material no está contaminado. Y esos niveles los brindan los detectores. Sus clientes no solo son firmas peruanas, sino que también llegan desde Bolivia.

Para las pruebas en equipos de placas radiográficas y otras investigaciones relacionadas con neoplasias, en este laboratorio los científicos utilizan fantomas elaborados en acrílico puro, una suerte de tejido sintético que asemeja muy bien nuestra densidad corpórea o craneana, en ellos los investigadores insertan diversos detectores para las mediciones sobre el comportamiento de las radiaciones.

Y el laboratorio de metrología es casi un ambiente sagrado: a temperatura de 20 grados y con equipos de humedad y aire acondicionado se salvaguardan los diversos patrones, entre ellos los esféricos.

Todos tienen un duplicado, para que, cuando se envía el principal a Alemania a calibrar, queda el duplicado para seguir laborando. Son equipos costosos, dice Rojas, pero todo es necesario por la seguridad de los ciudadanos. Es el fin de la energía nuclear: servir a los peruanos.

Medidas de prevención

Frente al Fenómeno El Niño (FEN), el IPEN ha implementado una serie de medidas de prevención junto con el Ejército Peruano y la municipalidad de Carabayllo, ya que el centro nuclear de Huarangal se ubica en un declive y trabaja con aguas que se extraen de un pozo que podría verse afectado por deslizamientos en la zona. Esta medida se da porque, en el pasado, parte de los laboratorios del centro se vieron afectados por las aguas desprendidas de los pequeños huaicos.

Dato

En Perú existen 94 centros de salud nuclear en hospitales y clínicas.

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