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UN PUNTO DE VISTA
| Por: Raúl Bravo Sender Clima, propiedad y libertad Estamos experimentando uno de los veranos más elevados en términos de temperatura y sensación térmica en el contexto del fenómeno “El Niño global”. La alarma en torno a posibles desbordes de ríos se ha activado. El Estado, por medio del gobierno central y de los gobiernos…

| Por: Raúl Bravo Sender
Clima, propiedad y libertad
Estamos experimentando uno de los veranos más elevados en términos de temperatura y sensación térmica en el contexto del fenómeno “El Niño global”. La alarma en torno a posibles desbordes de ríos se ha activado. El Estado, por medio del gobierno central y de los gobiernos regionales y locales, destina ingentes cantidades de presupuesto público en defensas ribereñas y planes de acción para atender emergencias antes, durante y después.
Sin embargo, nos preguntamos ¿por qué en el Perú la historia de desastre y tragedia se repite cada vez que la naturaleza desata su ira? ¿Qué es lo que está fallando? ¿Acaso no aprendemos de la naturaleza? ¿No corregimos nuestros errores? ¿Qué debemos prever y anticipar? ¿Acaso cada temporal es distinto y nos agarra desprevenidos? ¿O es que a río revuelto ganancia de pescadores?
Los medios de comunicación nos muestran viviendas edificadas en los márgenes de ríos que colapsan por los desbordes. Familias y hogares que se quedan sin techo. Hectáreas de tierra agrícola inundadas. Aguas que se pierden y no se aprovechan para el riego. Obras de encauzamiento y de defensas ribereñas inconclusas o con defectos y fallas en su construcción. Autoridades y funcionarios que improvisan.
¿Por qué no somos capaces de internalizar una cultura de responsabilidad para hacerles frente a los desastres naturales? Sin ánimo de hallar una respuesta definitiva, sino una simple aproximación, quizás ello obedezca a que, al carecer de una eficaz tutela a la propiedad y los contratos, y al trasladarle las personas al gobernante la solución de todo, aquellas se vuelven irresponsables. Defensa civil aquí, en realidad, no es tarea de todos.

El enfoque planificador y centralista, que le traslada a unos cuantos burócratas, funcionarios y autoridades la conducción de todo, ha hecho irresponsables a las personas, entonces los individuos carecen de los incentivos para internalizar la cultura de la libertad y hacerse responsables de las consecuencias de sus actos, pues todo lo esperan del iluminado gobernante. Sumado a que muchos se sienten “el hombre del sistema” (mesianismo).
Desde el comité central se pretende planificar acciones individuales que, en sus particulares circunstancias de tiempo y lugar, están en mejores condiciones de prever soluciones. Siendo el tiempo un factor determinante en este proceso, la realidad cambiante alimenta de información desactualizada e incompleta al bureau de funcionarios, quienes deciden erradamente. La centralización termina atando a todos a un seguro ahogamiento.
Por el contrario, la descentralización por medio de la propiedad privada convierte a cada individuo en responsable de sí mismo, y la red de interacciones que se da entre las personas por medio de los contratos, logra la coordinación espontánea entre ellos para hacerle frente a los embates de la naturaleza. Y ante una demanda o necesidad, el mercado termina proveyendo lo que desde el comité central se distribuye ineficaz e ineficientemente.
Hoy en día el Estado cuenta con el presupuesto necesario para atender la emergencia. Recursos generados por el sector privado que, en mayor medida, son despilfarrados y no generan el impacto deseado. El manto de corrupción y los entrampamientos legales y administrativos, además de la burocratización y el asambleísmo, constituyen en conjunto una pesada carga que vuelven inoperantes, lentas y faltas de reflejos a las gestiones públicas.
Por el contrario, la división del trabajo entre las personas que se configura en el mercado, antes que la planificación central de un comité, constituye una eficaz estrategia para hacerle frente a los embates de la naturaleza. Mecanismo que aprovecha eficientemente no solo el talento y la capacidad de cada individuo –quienes, por sí mismos, encuentran su lugar en el engranaje social- sino también los escasos recursos.
