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Un iqueño en el Primer Congreso Constituyente del Perú independiente
En todos los espacios de la geografía peruana han nacido hombres y mujeres que trascendieron al tiempo, y uno de ellos fue Carlos Pedemonte y Talavera, pisqueño, quien fuera uno de los diputados electos para el Congreso Constituyente de 1822 y que llegó a presidirlo al año siguiente, entre abril y junio de 1823. Carlos…


Director del Museo Electoral y de la Democracia de la
Dirección Nacional de Educación y Formación Cívica
Ciudadana del Jurado Nacional de Elecciones
En todos los espacios de la geografía peruana han nacido hombres y mujeres que trascendieron al tiempo, y uno de ellos fue Carlos Pedemonte y Talavera, pisqueño, quien fuera uno de los diputados electos para el Congreso Constituyente de 1822 y que llegó a presidirlo al año siguiente, entre abril y junio de 1823.
Carlos Pedemonte y Talavera nació en Pisco el 16 de octubre de 1774, y falleció en la misma ciudad, el 26 de setiembre de 1831. Se le registra como un clérigo y político peruano, además de ejercer la docencia universitaria, siendo el primer rector de la Universidad Nacional de Trujillo y, a los pocos años, entre 1830 y 1831, Ministro de Gobierno y Relaciones Exteriores.
Fue hijo de Carlos Pedemonte y Velásquez de Tineo, y de María Ignacia de Talavera y Talledo; y nieto del genovés Antonio María Pedemonte. Se sabe que cursó estudios en el Real Convictorio de San Carlos y en la Universidad de San Marcos, graduándose de doctor en Leyes y Cánones, en 1793. Poco después, siendo vicerrector de San Carlos, ingresó a la orden de San Felipe Neri.
Como alumno de Toribio Rodríguez de Mendoza, fue ganado por las ideas liberales y por el espíritu de independencia, que hicieron suyos muchos criollos de su generación. Y ni siquiera las dádivas concedidas por el virrey Joaquín de la Pezuela lo hicieron renunciar a la fe firme que tenía en el destino de su patria. De nada sirvió halagarlo y darle el cargo que tuvo Rodríguez de Mendoza, porque, burlando prohibiciones y censuras de las autoridades, participaba en reuniones secretas de los independentistas. En 1819 viajó a España y de nada sirvió tampoco la consideración de Fernando VII, porque no declinó del espíritu libertario que llevaba dentro.
En 1822 fue elegido diputado por Tarma, para el primer Congreso Constituyente del Perú, encontrándose ausente y, al retornar, el 21 de febrero de 1823 se incorporó al Congreso, en el que se debatía sobre la forma de gobierno del Perú, y se discutía sobre lo que sería su primera Constitución.
Fue un ardoroso defensor de las preeminencias correspondientes al Poder Legislativo, cuando el autoritarismo del presidente José de la Riva Agüero afectaba a este Poder del Estado. Al instalarse Riva Agüero en Trujillo, el Congreso decidió la elección de José Bernardo de Torre Tagle como nuevo presidente de la República. Poco después, cuando Simón Bolívar llegó al Perú, apoyó su gobierno, con la convicción de la pronta terminación de la guerra de la independencia, aprobando en 1825 la prolongación de la dictadura que le fuera conferida por el Congreso en septiembre de 1823.
Posteriormente, en 1825 fue representante por la provincia de Ica, como lo dispuso la Corte Suprema de Justicia, sin que aprobara la Constitución Vitalicia propuesta por el Libertador. Sin embargo, en 1826 fue víctima de las reacciones contra Bolívar, tomando la decisión de abandonar Lima y radicarse en Pisco, su tierra natal, quedando atrás su propuesta para arzobispo de Lima.
Retornó a Lima a propuesta del presidente Agustín Gamarra, para desempeñar el cargo de Ministro de Gobierno y Relaciones Exteriores, entre agosto de 1830 y agosto de 1831, falleciendo al mes siguiente. Dejó, como obras suyas, publicaciones por la victoria de Junín del 6 de agosto de 1824 y sobre propuestas para obispados del Perú en 1827. Su retrato es uno de los óleos de la galería de presidentes del Congreso de la República.
