Muertes ilegales escandalosas

Por: Humberto Fajardo La crisis inacabable que vive nuestro país cada vez se agrava más y nadie puede predecir cuándo, por fin, podremos vivir en paz y desarrollar. La vida es un espacio de tiempo que transcurre desde el nacimiento de una persona o ser humano, animal o vegetal hasta su muerte, y es condenable…

Por: Humberto Fajardo

La crisis inacabable que vive nuestro país cada vez se agrava más y nadie puede predecir cuándo, por fin, podremos vivir en paz y desarrollar.

La vida es un espacio de tiempo que transcurre desde el nacimiento de una persona o ser humano, animal o vegetal hasta su muerte, y es condenable que alguien la quite por envidia, violencia, sentido irracional y politiquería.

La inseguridad ciudadana nadie la puede controlar. Hay diferentes modalidades delictuosas y criminales. Por eso -con nostalgia- se dice que la vida no vale nada.

Hemos llegado al colmo que ahora, escandalosamente, aparecen certificados de defunción truchos. Ya nadie está seguro de si vive oficialmente, porque en el Reniec aparece como fallecido y fácil se comprueba ingresando al Sistema Informático Nacional de Defunciones del Ministerio de Salud.

Hay enorme preocupación, pues en la semana que pasó los medios denunciaron a un «Lázaro”. Se trata de Segundo Alejando Sánchez Sánchez, dueño de la conocida casa de Sarratea, quien tiene orden de detención preliminar el mismo día que «murió». A los tres días resucitó, pero sigue prófugo de la justicia.

Abortó, así, una nueva forma de huir de escandalosas corrupciones denunciadas en el entorno presidencial.

A propósito de jugarse con la muerte, recuerdo que en mi infancia había muchos juegos donde poníamos en práctica juegos peligrosos, copiados de revistas policíacas, como el Llanero solitario.

Al margen de lo recordado, las denuncias de certificados de defunción truchos hay que investigarlas a fondo, puede ser parte de una operación criminal. Con esta adulteración ilegal habrá muchos que pueden suplantar identidades con fines protervos.