UNIVERSIDADES como cancha

Por: Humberto Fajardo Es una alarma de mucho peligro, no sólo para estudiantes universitarios sino para el país. Los parlamentarios de todas las bancadas han presentado una avalancha de proyectos para crear, por lo menos, 42 universidades públicas. No es una cosa imprevista ni antojadiza, tampoco es que los congresistas se crean magos. La realidad…

Por: Humberto Fajardo

Es una alarma de mucho peligro, no sólo para estudiantes universitarios sino para el país. Los parlamentarios de todas las bancadas han presentado una avalancha de proyectos para crear, por lo menos, 42 universidades públicas.

No es una cosa imprevista ni antojadiza, tampoco es que los congresistas se crean magos. La realidad es que hay una fiebre de creación de universidades públicas. De nada sirve la nueva Ley Universitaria, porque dentro de algunos meses o pocos años tendremos universidades públicas como cancha, cuando el medio centenar de estas casas con licenciamiento carecen de un presupuesto adecuado para seguir subsistiendo.

Si se abre el camino para nuevas universidades públicas, imagínense cuántas casas de estudios superiores tendrán la opción de hacer lo mismo en la actividad privada, llenándose los bolsillos con una enseñanza pésima, farsante y delictiva.

Lo que señalamos con los proyectos indicados es parte de la estratagema del Congreso, avalada por el Tribunal Constitucional para seguir desapareciendo a la SUNEDU, que ya la tienen casi ahorcada, para resurgir la Asamblea Nacional de Rectores, de nefasta recordación.

Con toda esta implementación también se perjudicaría las facultades de Medicina Humana, que solo diez en el Perú lograron concluir con el licenciamiento.

Las demás facultades, unas 25, estaban en proceso de hacerlo, pero la contrarreforma universitaria promovida por el Congreso, con la anuencia del TC cuyos miembros este Congreso designó, pone en peligro una adecuada profesionalización.

El Congreso de la República está en contubernio con el TC y en el caso de Medicina compromete la salud pública, en especial la calidad de atención a los más pobres y vulnerables, que serán los más afectados en un futuro cercano, lo que sumaría la escasa atención médica que sufren los pacientes asegurados de la tercera edad, que siguen aportando sus cuotas mensuales a EsSalud.