LA VOZ DE LOS BICENTENARIOS

17 de diciembre de 1821 – 2023 202 años de la tragedia de Cangallo y la gesta heroica de Los Morochucos A pocos días de recibir la Navidad, el 17 diciembre de 1821, una división del Ejército Realista al mando del jefe español, el sanguinario coronel José Carratalá, arrasó, asesinó, saqueó e incendió varios pueblos…

17 de diciembre de 1821 – 2023

202 años de la tragedia de Cangallo y la gesta heroica de Los Morochucos

A pocos días de recibir la Navidad, el 17 diciembre de 1821, una división del Ejército Realista al mando del jefe español, el sanguinario coronel José Carratalá, arrasó, asesinó, saqueó e incendió varios pueblos de la actual región Ayacucho. Uno de ellos, el más sufrido y golpeado porque fue incendiado varias veces, fue el aguerrido pueblo de Cangallo; recibiendo sangrientas represalias desde que se atrevieron a proclamar su independencia, el 7 de octubre de 1814. Durante seis años, hasta la llegada de San Martín el 8 de setiembre de 1820, los cangallinos, los indomables morochucos, fueron víctimas de la violencia del agonizante gobierno español y cuatro años más siguieron resistiendo, como espartanos andinos, hasta la decisiva batalla de Ayacucho, con Sucre y Bolívar. ¿Y cuál es la importancia de recordar aquella tragedia, que ocurrió hace 202 años? ¿Es importante, es interesante para la generación del Bicentenario? ¿O simplemente pasamos la página y seguimos nuestras vidas en libertad, haciendo lo que nos da la gana, en pleno resurgir del covid 19 y sus nuevas variantes?

Creemos que es importante que todas las generaciones de los 34 millones de peruanos, del siglo XXI, deben revalorar y conmemorar todas las fechas y hechos históricos, los escenarios históricos y los personajes históricos que conforman el proceso de la Independencia del Perú; resaltando los respectivos Bicentenarios, que se han iniciado en el año 2020 -con pandemia incluida- y que culminarán el año 2026, con el Bicentenario de la toma de la Fortaleza del Callao, el último bastión español en América.

Revalorar es respetar, apreciar y darle el valor que se merecen nuestros antepasados, hombres y mujeres de nuestras regiones, de la costa, sierra y selva, que resistieron a genocidios, a saqueos, incendios, crímenes; durante 500 años de historia y en diferentes épocas, con diferentes enemigos externos e internos. Conmemorar es actualizar, recordar, rendir honores con el izamiento de nuestro Pabellón nacional, realizar un acto solemne con un minuto de silencio por las víctimas de aquella época y de la actual pandemia; conmemorar también es poner y resaltar, en el contexto actual, la memoria y los valores de nuestros antepasados. Valores como el coraje, la resistencia, el emprendimiento, la tenacidad, la responsabilidad, la perseverancia y la disciplina; valores sociales, morales y éticos, que debemos aplicar hoy, en la guerra contra la pandemia… y que no lo estamos actualizando y mucho menos los estamos aplicando. A continuación, presentamos algunos textos de grandes investigadores e historiadores, con la esperanza que los compartan en las redes sociales; valiosos datos que debemos analizar, revalorar y extraer algunas enseñanzas y experiencias de tan importante fuente de aprendizaje. 

“En estas circunstancias, el virrey designa a Carratalá para emprender una campaña antimontonera en toda la región huamanguina. El jefe español partió de Huancayo con 1,500 plazas, compuesto por infantes, caballería y artillería, la que hiso ingresar a Huamanga el 31 de octubre de 1821. Al día siguiente de su arribo a la ciudad, Carratalá lanza un amenazante manifiesto contra el pueblo de Cangallo, que era el centro más importante de las montoneras de la región. En ese manifiesto no solo amenazaba a los combatientes, sino también a sus familiares.

El brutal documento no acobardó a los insurgentes, así es que cuando apenas había partido Carratelá de Huamanga con destino a Cangallo, se salió al paso la guerrilla del indio Velasco; varios montoneros fueron muertos y otros se replegaron en tanto que el indio Velasco fue hecho prisionero, fusilados inmediatamente. Los coloniales pusieron un cartelón amenazante sobre el cadáver del montonero, pero la resistencia continuó. (ROEL-1986)

Carratelá estuvo a la vista de Cangallo el 17 de diciembre de 1821, encontrándose con que la heroica ciudad había sido desocupada por todos sus habitantes, en un acto de auténtico desafío al brutal enemigo. Enfurecido Carratelá ordenó la destrucción e incendio de la martirizada villa, (que había sufrido la ferocidad hispana anteriormente por Ricafort). En cumplimiento de la orden, las tropas coloniales destruyeron el poblado durante todo el día y al caer la tarde le pusieron fuego. Por la noche, Carratelá instaló su cuartel en el pueblecito cercano de Putica, en donde redactó otro de sus monstruosos cartelones, que rezaba así:  “Incendio de Cangallo” “Queda reducido a cenizas y borrado para siempre del catálogo de los pueblos el criminalísimo Cangallo, cuyo habitantes, continuando en su perfidia, se han negado, con su fuga y sus excesos, a la fraternidad con que mis tropas han mirado a los demás de partido. En terreno tan proscrito, nadie podrá reedificar, y se trasmitirá la cabeza de la subdelegación a otro pueblo más digno. Mayores castigos dictará aún el brazo invencible de la justicia, para que no quede memoria de un pueblo tan malvado, que solo puede llamarse nidero de ladrones, asesinos y toda clase de delincuentes. Sirve de escarmiento a todas las demás poblaciones del distrito. – Carratalá,- cuartel general de Putica, 17 de diciembre de 1821”. Virrey La Serna se hizo cómplice del crimen, al aprobar la conducta de Carratelá por decreto del 22 de enero de 1822.

Cuando en la América se supo del bárbaro incendio de Cangallo, se alzó una ola incontenible de ordena. El gobierno de Buenos Aires, por decreto del 28 de marzo de 1822, dispuso que una de las principales calles de esa ciudad llevara el glorioso nombre de la sacrificada villa: “Cangallo”. En cambio, el “Protectorado” ni siquiera intentó castigar a los criminales que cometieron acto tan cruel y repudiable; solo tiempo después, por decreto supremo del 30 de agosto de 1824, Bolívar dispuso la elevación de Cangallo a la categoría de ciudad, en homenaje a; “…sus heroicos servicios a la libertad, y sus padeciminetos…” y eso fue todo; la republica que vino después olvidó a este gran pueblo indio, como lo hizo con todos aquellos que lo dieron todo por la Independencia del Perú y de América. Cometido su felonía, Carratalá pasó el río Pampas y en el camino de Vilcashuamán fue incendiando pueblos como los de Sanca y Hualla, llegando a Soras a fines de diciembre de 1821. Aquí lanzó otro amenazante, contra las montoneras de Lucanas y Parinacochas. Pero los insurgentes no se acobardaron y, en consecuencia, debieron sufrir la destrucción a la muerte, que encararon con altiva valentía. Ante este hecho, el cura Francisco de Amas, párroco del pueblo piranacochano llamado Pausa, dio cuenta de que Carratalá asoló Lucunas y Parinacochas, conmovido escribió: “……..el Gral. Carratalá, que en una y otra provincia ha incendiado casas y pueblos enteros, saqueando cuanto su despótica ambición ha podido sin perdonar aún los templos consagrados al Dios Todopoderoso, llevándose cálices, copones y desnudando los frontales de plata, por haberse retirado todo los habitantes, hasta los párrocos, por temor de sus sacrilegios atropellamientos…..”

Pero ni el terror, ni la barbarie quebraron la determinación de las montoneras de la región, que continuaron librando su propia guerra liberadora. (MACERA-1987)