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El pecado no es ser masón, sino ocultarlo
Hace muchos años le pregunté a mi padre -un humilde profesor de Primaria, pero muy trabajador y que tenía su negocio de pollos, siempre fue alegre y el hombre más honesto que yo haya conocido- por qué cuando estaba reunido con sus amigos y llegaba el compañero Carlos Medrano se callaban o cambiaban de tema;…


Hace muchos años le pregunté a mi padre -un humilde profesor de Primaria, pero muy trabajador y que tenía su negocio de pollos, siempre fue alegre y el hombre más honesto que yo haya conocido- por qué cuando estaba reunido con sus amigos y llegaba el compañero Carlos Medrano se callaban o cambiaban de tema; mi padre me respondió: “es que él es masón”. Fue una palabra que quedó en mi mente por muchos años; cuando ingresé a la universidad y escuchaba a algunos maestros hablar de los masones que hicieron la historia de la humanidad, mayor fue mi interés por conocer de masonería.
Es así como conozco el templo de la calle Washington, en el cercado de Lima, y me compro unos libros de masonería. Pero en esos años, acabando la universidad, viajo a la ciudad de México y comienzo a trabajar en Ópticas York; su propietario, un hombre excepcional, un gran Rotario, don Jorge Salcedo Ortega -sé ahora que él es lo que denominamos un masón blanco. Luego realizo mi gran aventura, inauguro mi primera óptica en Naucalpan de Juárez, Estado de México, en la calle de Estacas N° 40, calle muy circulada y en donde conocí muchas personas que me decían el peruano.
En mi escritorio tenía un libro de masonería. Una de las personas que siempre pasaba y se detenía a conversarme fue mi dilecto Hermano Luis Freyre Campiño; me hacía preguntas que no sabía responder, hasta que un buen día me pregunta por el libro que tenía en mi escritorio y le cuento porque era mi interés. Luego él me presenta otros Hermanos muy inteligentes, de muchas actividades profanas, hasta que un día me visita mi venerable maestro José Luis Cerrillo Garnica y me da unas indicaciones: “van a pasar por ti unos hermanos y lo demás lo conocerás cuando llegues”. Así fue, un martes de invierno en una noche triste conocí la luz verdadera y desde ese momento hasta hoy estoy orgulloso de ser masón. Al igual que mi familia.
Masones como San Martin, Simón Bolívar; qué los impulsó para buscar la libertad de nuestra américa, no lo sé, pero sí sé que fueron masones. El primer hombre que pisó la luna fue un masón, muchos políticos honestos fueron masones, desde Washington, en los inicios de los Estados Unidos, ese poderoso país que se edificó sobre una construcción masónica. Políticos como Víctor Raúl Haya de la Torre, que conoció la verdadera luz en México, en la ciudad de Oaxaca; Luis Alberto Sánchez, ilustre maestro universitario, y muchos más que ahora demuestran por qué fueron masones.
Debo transcribir lo que escribió un masón iqueño hace muy poco, en lo que llamamos nuestras tenidas, mi leal hermano Ricardo Vargas Cayo. ¿Qué utilidad tiene la masonería? “La historia nos enseña que de la masonería han salido, en todos los tiempos, hombres de gran visión, acrisolado altruismo e inagotable energía, que han dado a la humanidad sus más grandes impulsos de progreso. Para descubrir estos nuevos caminos y encontrar la luz en lo ignoto, necesitaron nutrirse de la duda filosófica, no de la certeza dogmática; precisaron examinar lo que no es típico, en vez de conformarse con lo usual y corriente. Tuvieron que desechar los cartabones, decidiéndose a recorrer sendas supuestamente prohibidas para el pensamiento y descubriendo las nuevas soluciones a los problemas irresueltos”.
Para esto, dispusieron de una maravillosa facultad: la imaginación creadora.
Y esta imaginación creadora nos hace ser parte de una escuela de MORAL y que nos une el principio de Libertad e Igualdad. Todos los seres humanos tenemos las mismas oportunidades, todos creemos en un ser supremo -como lo llamemos-, este ser supremo es bondadoso y nos ama, es el Gran Arquitecto del Universo.
La masonería no es una religión, menos un club social, la masonería es una escuela propia donde, con alegorías, desarrollamos el pensamiento propio en busca siempre de la verdad y la justicia social.
Muchos hombres, en el transcurso de la historia de nuestra humanidad, han sido masones y en la actualidad también lo son, que van caminando por las orillas de las playas y sus huellas quedan hasta la inmortalidad; los masones han entendido que el fin supremo del hombre ya no está en lo económico, está en la cantidad de veces que le das tu mano de ayuda a un anciano, en la cantidad de veces que le regalas una sonrisa a un niño, en la cantidad de veces que apoyas a tu hermano aunque no sea masón, esa es la integridad de decir yo soy masón y no lo oculto. Porque con los años los masones han demostrado que son hombres libres y de buenas costumbres, ejemplo en la sociedad.
Los que conocemos el Derecho guardamos un gran tesoro, el libro del maestro Mario Alzamora Valdez, que sigue actual con los años. Señala el maestro: ¿Cuáles son los fines del Derecho? “El Derecho, del mismo modo que la moral y que la política, entendida en el sentido noble de la palabra, orienta la conducta humana, no hacia aquella que es sino hacia una que debe ser, la dirige hacia fines”. De aquí la gran importancia de la investigación de los fines del Derecho para las disciplinas jurídicas. Muchos jusfilosofos han dicho, con hermoso acierto, que tal estudio tiene para nuestra época el sentido de una verdadera revolución intelectual. Entendiendo por Moral esa guía rectora que conduce a los abogados y administradores de justicia que son masones en la búsqueda de la verdad y esa famosa palabra la justicia social.
Nuestro querido hermano Víctor Raúl Haya de la Torre señaló: “Donde haya un árbol que plantar, plántalo tú. Donde haya un error que enmendar, enmiéndalo tú. Donde haya un esfuerzo que todos esquivan, hazlo tú. Se tú el que aparte la piedra del camino”. En resumen, esa persona es un masón, que no se oculta en la oscuridad, que tiene luz propia y todos saben que es un masón.
R:. H:. Alfonso Julián Dávila Valenzuela
