¡Tu carrito está actualmente vacío!
Ica: parlamentarios mediocres, ciudadanía complaciente y una democracia en retroceso
Ica no es ajena al fracaso del Congreso de la República. Por el contrario, es parte activa -por acción y omisión- de un sistema político que ha normalizado la incompetencia, la improvisación y el engaño electoral. Los parlamentarios que hoy dicen representar a la región no solo han demostrado una alarmante ineficiencia legislativa, sino una…

Ica no es ajena al fracaso del Congreso de la República. Por el contrario, es parte activa -por acción y omisión- de un sistema político que ha normalizado la incompetencia, la improvisación y el engaño electoral. Los parlamentarios que hoy dicen representar a la región no solo han demostrado una alarmante ineficiencia legislativa, sino una preocupante desconexión con los verdaderos problemas del pueblo que los eligió.
Pero sería un acto de cobardía intelectual culpar únicamente a quienes ocupan una curul. Ica también debe mirarse al espejo. Porque ningún parlamentario llega solo: llega empujado por un voto acrítico, desinformado y, muchas veces, resignado.
Representantes sin representación
Los congresistas elegidos por Ica han pasado sin pena ni gloria por el Parlamento. No destacan por proyectos de ley trascendentes, ni por una defensa firme de los intereses regionales; ni por una fiscalización seria del Ejecutivo. Su presencia se diluye entre ausencias, silencios cómplices y declaraciones vacías.
Cuando intervienen, lo hacen tarde y mal. Cuando votan, lo hacen sin explicación o intereses personales. Cuando deberían alzar la voz por el agua, la seguridad, el empleo, la salud o la infraestructura regional, prefieren el cálculo político, el alineamiento oportunista o el mutismo conveniente. Ica no tiene parlamentarios influyentes, solo tiene figurantes.

Una región que vota mal y luego se queja
El drama es que esta realidad no sorprende. Elección tras elección se repite el mismo patrón: candidatos sin preparación, sin propuestas claras, sin trayectoria conocida, pero con discursos fáciles, promesas imposibles y campañas basadas en el favor personal.
Luego, cuando la incompetencia se hace evidente, llega la indignación tardía. Protestamos en redes, nos quejamos en conversaciones privadas, pero no corregimos en las urnas. Esa es la gran tragedia cívica de la región: la incapacidad de aprender del error político.
Partidos inexistentes, oportunismo permanente
En Ica, como en gran parte del país, las organizaciones políticas son débiles o inexistentes. Hasta ahora no hay partidos con presencia real en la región, con militancia activa, con escuelas de formación o con debates programáticos. Lo que hay son franquicias electorales que aparecen cada cinco años para repartir números, improvisar listas y desaparecer.
Así llegan al Congreso personas que no responden a una visión regional ni a un proyecto nacional, sino a intereses personales. Sin partido, sin ideología y sin responsabilidad política, el parlamentario se vuelve un actor errático, incapaz de sostener una posición firme o de rendir cuentas.
Democracia formal, representación fallida
Hablar de democracia representativa en Ica es, hoy, un ejercicio de cinismo. Elegimos autoridades, sí, pero una vez electas desaparecen del territorio, rompen el vínculo con la ciudadanía y se refugian en Lima, lejos de la realidad que juraron defender.
No hay rendición de cuentas, no hay sanción política, no hay castigo electoral efectivo. El mensaje es claro y peligroso: Se puede ser ineficiente y aun así volver a postular, o dejar a otro igual o peor en el camino.
Bicameralidad, una esperanza
La anunciada bicameralidad podría ser una oportunidad para elevar el nivel del Poder Legislativo, pero solo si se corrige el origen del problema. De nada servirá crear un Senado si Ica sigue enviando representantes sin preparación, sin visión y sin compromiso regional.
La responsabilidad es compartida
Ica no puede seguir delegando su futuro a la improvisación. No puede seguir votando mal y luego lamentarse. No puede exigir respeto nacional cuando no se respeta a sí misma en las urnas.
El Congreso que hoy nos avergüenza es, en parte, el resultado de nuestra indiferencia cívica. Elegir mal también es una forma de traicionar a la región. La democracia no se corrige con discursos indignados después de la elección. Se corrige antes, con memoria, con criterio y con coraje ciudadano.
