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¡Rompamos el pacto de hablar a media voz!
Por: Lic. Jesús Acevedo Herrera, Past Decano del Consejo Regional de Ica, Colegio de Periodistas del Perú, Reg. FPP. 5385, Reg. CPP. 030. Luis Alberto Sánchez, en su obra “Nuestras vidas son los ríos” sobre historia y leyenda de Manuel González Prada en su reputación literaria, dio a conocer que en 1888, en el discurso…

Por: Lic. Jesús Acevedo Herrera, Past Decano del Consejo Regional de Ica, Colegio de Periodistas del Perú, Reg. FPP. 5385, Reg. CPP. 030.
Luis Alberto Sánchez, en su obra “Nuestras vidas son los ríos” sobre historia y leyenda de Manuel González Prada en su reputación literaria, dio a conocer que en 1888, en el discurso del Politeama, el ilustre literato lanzó su célebre frase “Rompamos el pacto infame de hablar a media voz”: estaba convocando a una verdadera revolución moral.
En el Teatro Politeama, frente a una generación herida tras la guerra del Pacífico, Manuel González Prada, no pidió lamentos ni resignación. Exigió carácter. Exigió verdad. Exigió que la juventud dejara de obedecer a los “viejos” que habían llevado al país al fracaso político y moral. Ese mensaje, más de un siglo después, en el Perú sigue vigente.
Quiero decir que es un llamado a cambiar de conciencia. A abandonar la cobardía del silencio cómodo. A dejar de aceptar la mediocridad como destino nacional. A no disfrazar la corrupción con discursos elegantes ni justificar la incapacidad con excusas burocráticas.
González Prada entendió que los pueblos no se destruyen solo por tener enemigos eternos, sino por la resignación interna. Cuando la juventud pierde la esperanza o cae en la presunción ignorante de creer que nada puede cambiar, se instala el desaliento mortal. Y el desaliento es el terreno fértil de la decadencia democrática.

Hoy, cuando el país arrastra más de una década de crisis política continua, a pesar de tener un nuevo gobierno, con gobiernos débiles, congresos cuestionados y tener una ciudadanía cansada, la frase vuelve a golpear con fuerza: Ahora, hablar a media voz significa ser cómplice.
Entendamos bien claro que el progreso no nace del conformismo: nace del carácter. Está demostrado que la democracia no se sostiene con discursos tibios. Se sostiene con ciudadanos críticos, preparados y valientes. La esperanza no es ingenuidad: es una decisión ética.
El mensaje anunciado a través del tiempo por Gonzáles Prada es claro: A la juventud le decimos: no hereden el miedo; hereden la rebeldía responsable. A los líderes: no pidan confianza si no ofrecen coherencia. Al pueblo: no normalicen la decadencia como si fuera tradición.
Gonzáles Prada no pedía destruir por destruir. Pedía reconstruir sobre bases firmes: educación, mérito, honestidad y pensamiento libre y que el verdadero cambio no es generacional por edad, sino por mentalidad.
Romper el pacto de hablar a media voz hoy significa denunciar la corrupción sin cálculo político. Significa exigir transparencia sin partidismo. Significa rechazar el fanatismo que divide y la ignorancia que manipula. El mayor peligro no es la crisis, es acostumbrarse a ella.

La historia no repite discursos por casualidad. Los repite cuando la sociedad aún no ha aprendido la lección. Y la lección sigue pendiente: Sin carácter no hay progreso. Sin verdad no hay democracia. Sin juventud consciente, no hay futuro.
Decirle a la juventud que debe cambiar de actitud no es insultarla ni subestimarla. Es desafiarla con respeto. No se trata de acusarla, sino de despertarla. La juventud no necesita sermones; necesita verdades claras. Y la primera verdad es esta: vivir engañados por la politiquería que trae solo esa mezcla de oportunismo, populismo barato y discursos vacíos -solo perpetúa el atraso. La politiquería promete. La política verdadera construye. La politiquería divide. La política auténtica une con principios.
El problema no empieza en el Congreso ni en Palacio. Empieza en la actitud cotidiana: cuando se celebra la viveza, cuando se aplaude al más astuto y no al más honesto.
¿Cómo debe cambiar la juventud?
Sin elitismos, la juventud debe hablar claro, sin tecnicismos, sin pose intelectual con ejemplos concretos: Si te indignas por la corrupción, no votes por el mismo que ya falló. Si quieres oportunidades, exige educación de calidad y prepárate. Si criticas al sistema, participa en él para transformarlo.
La juventud debe entender que cambiar de actitud no significa volverse sumisa; significa volverse consciente. El país no necesita jóvenes furiosos sin dirección. Necesita jóvenes firmes, informados y valientes.
El cambio no comienza en la edad, sino en la decisión interior de no dejarse manipular. La mentira prospera cuando encuentra comodidad. La verdad exige carácter.
No te acostumbres a la mediocridad. No normalices la trampa. No vendas tu futuro por una promesa fácil. No confundas rebeldía con irresponsabilidad. La verdadera rebeldía hoy es estudiar, prepararse, emprender con ética y fiscalizar al poder sin miedo.
La juventud no es el futuro: es el presente con energía. Pero esa energía, sin conciencia, puede ser instrumento de la misma falsedad que critica. La pregunta final no es qué debe cambiar en el país. La pregunta es: ¿estás dispuesto a cambiar tú primero?

