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Ica frente a El Niño: del riesgo histórico a la infraestructura preventiva

Ica ha mantenido históricamente una relación amarga y compleja con la naturaleza. Cada anuncio del Fenómeno El Niño reactiva en la memoria colectiva las huellas dejadas por los desbordes del río Ica y la activación intempestiva de quebradas que, durante años, convirtieron la prosperidad agrícola y urbana de la región en un escenario de desolación…

Ica ha mantenido históricamente una relación amarga y compleja con la naturaleza. Cada anuncio del Fenómeno El Niño reactiva en la memoria colectiva las huellas dejadas por los desbordes del río Ica y la activación intempestiva de quebradas que, durante años, convirtieron la prosperidad agrícola y urbana de la región en un escenario de desolación y pérdidas irreparables.

Sin embargo, el clima no da tregua y exige cambiar drásticamente la forma en que nos preparamos. La vieja y costosa costumbre de esperar la emergencia para recién reaccionar debe dar paso definitivo a una cultura de la prevención estructurada, técnica y de largo plazo.

En ese punto de quiebre, el rol de la Autoridad Nacional de Infraestructura (ANIN) resulta clave. En los últimos meses, el despliegue de obras de ingeniería preventiva en puntos críticos de la región -como los intensos trabajos 24/7 ejecutados en la quebrada Cansas y la articulación con los gobiernos locales para el control de inundaciones- demuestra que la infraestructura estratégica es la mejor línea de defensa para la vida de las familias iqueñas.

De igual forma, las obras de defensa ribereña de los ríos Chico y Matagente en la provincia de Chincha, las cuales fueron inauguradas con bombos y platillos por parte de la presidenta Keiko Fujimori en sus primeros 100 días de gestión, significan más de 62 kilómetros de diques enrocados y defensas ribereñas, además de un partidor para dividir el caudal en un 50% para el río Matagente y un 50% para el río Chico. Estas obras que tienen un costo aproximado de más de 800 millones de soles, buscan prevenir desbordes e inundaciones frente al fenómeno El Niño y tiene una durabilidad estimada de 100 años.

Las transferencias financieras destinadas a dar continuidad a proyectos de protección en la cuenca y la aceleración de intervenciones no son solo cifras de gasto público; representan tranquilidad para los agricultores del valle, seguridad para los comercios locales y protección para las viviendas de miles de pobladores que habitan en zonas de alto riesgo. Pese a esto, la demora y los recortes presupuestarios por parte de las entidades del Estado son constantes.

¿Pero realmente estamos listos frente al impacto del clima? La respuesta no es absoluta. La preparación real ante El Niño es un proceso continuo que no concluye con la colocación de un dique o la descolmatación de un tramo de cauce. La infraestructura ejecutada por la ANIN fija un piso de contención técnico fundamental, pero requiere indiscutiblemente del compromiso ciudadano y de las autoridades locales: evitar el arrojo de desmonte en los márgenes de los ríos, respetar las zonas no mitigables e implementar planes comunitarios de evacuación.

El desafío que plantea El Niño sobre el territorio iqueño no debe abordarse únicamente desde el temor, sino como la oportunidad histórica de construir una región verdaderamente resiliente. Proteger el esfuerzo de las familias y la sostenibilidad productiva de Ica no es una tarea del mañana; es un compromiso de ingeniería, gestión y ciudadanía que se consolida hoy.