Historia del uso de la mascarilla para enfrentar una pandemia

Si hay un objeto que simboliza y representa nuestras vivencias colectivas durante la pandemia del coronavirus es, sin duda, el cubrebocas o mascarilla. Este elemento es un componente vital de las estrategias de salud pública para contener la pandemia, además del distanciamiento corporal-social (1).Esta estrategia de enmascaramiento masivo no era evidente al comienzo del brote…

Si hay un objeto que simboliza y representa nuestras vivencias colectivas durante la pandemia del coronavirus es, sin duda, el cubrebocas o mascarilla. Este elemento es un componente vital de las estrategias de salud pública para contener la pandemia, además del distanciamiento corporal-social (1).
Esta estrategia de enmascaramiento masivo no era evidente al comienzo del brote del coronavirus. El acto de usar máscaras se observó por primera vez como un fenómeno único de Asia cuando el coronavirus comenzó a ganar la atención de los medios de comunicación. Las autoridades médicas fuera de Asia, incluida la Organización Mundial de la Salud, se mostraron reacias a imponer el enmascaramiento masivo. Sin embargo, después, el uso de mascarillas en la población general se enmarcó como una estrategia urgente y eficaz para impedir la transmisión del coronavirus (1). Recordemos cuándo y por qué se inició esta necesidad.
Hace muchos años, en 1911, un médico de origen malayo salvó a una población de la peste neumónica. En 1910, una epidemia desconocida arrasó el noroeste de China. Los muertos se contaban por centenares cada día y el gobierno decidió dejar todo en manos del médico Wu Lien-teh. Esta enfermedad era la peste neumónica, muy contagiosa y se propagaba además por transmisión respiratoria. En solo cuatro meses, le puso fin con un grupo de medidas no farmacológicas, similares a las utilizadas hoy para evitar la transmisión del coronavirus: cuarentena, restricciones en los desplazamientos y la fabricación de una mascarilla especial con algodón, gasa y varias capas de tela que obligó a utilizar en esa población. Así el nacimiento de la mascarilla quirúrgica, muy popular en el mundo ahora (2). Veamos algunos detalles de esos momentos históricos.
A fines de 1910, antes del colapso de la dinastía Qing, una plaga asoló el norte de Manchuria. Esta epidemia generó más de 60,000 muertes. La tasa de mortalidad fue del 100%. Apareció por primera vez en Manzhouli, una ciudad china, y a lo largo de las vías del tren y las carreteras, la enfermedad se propagó hacia el sur. La enfermedad se diagnosticó por primera vez en la ciudad rusa de Harbin. La capacidad de Qing para contener la peste fue cuestionada y enmarcaron a la epidemia de la peste como un tema político de importancia internacional. La peste de Manchuria obligó al gobierno Qing a recurrir a nuevas estrategias (1). El viceministro de asuntos exteriores de China recomendó al Dr. Wu Lien-teh, formado en Cambridge, como jefe de un equipo para ayudar a combatir las epidemias. Tres días después el Dr. Wu diseccionó el primer cadáver de una víctima de la peste y analizó cultivos bacterianos en algunas muestras de los órganos (3).
Para el Dr. Wu quedó claro que el organismo observado en su microscopio parecía ser idéntico al Bacillus pestis, descubierto en 1894. Pero el Dr. Wu observó un hecho novedoso. Estos bacilos se encontraron de forma exclusiva en los pulmones de la víctima, lo que podría sugerir que la peste tenía un comportamiento muy diferente a la de 17 años antes. Wu, luego, propuso una «teoría audaz» de que la peste en Manchuria había tomado una forma neumónica (pulmonar) en lugar de bubónica (ganglios) (3).
Wu creía que la peste en Manchuria no se transmitía por pulgas de rata infectadas, sino que se propagaba de forma directa de persona a persona a través del aire. Para bloquear su propagación, diseñó una máscara de gasa de algodón y recomendó que la usaran los médicos y el personal paramédico que participaba en la contención de la plaga (4). Esta fue la primera vez que se usaron máscaras de gasa en el contexto del control de epidemias (5). Ahora, ¿cómo podría convencer un médico joven como Wu, cuya teoría audaz era algo contraria al conocimiento médico de muchos epidemiólogos extranjeros de alto nivel, a que los funcionarios chinos adoptaran a las mascarillas de gasa en el control de epidemias?
Confiados en el conocimiento actualizado sobre la peste bubónica, muchos expertos extranjeros ridiculizaron la tesis aerotransportada del Dr. Wu. Ellos se negaron a usar máscaras, incluso cuando estaban en contacto cercano con pacientes de peste. El Dr. Gérald Mesny, colega principal del equipo chino y profesor de la Facultad de Medicina de Beiyang, fue uno de ellos (6). Unos días después, llegó la noticia de que el Dr. Mesny se había infectado con la peste cuando visitó un hospital ruso sin usar una máscara, y falleció días después. La muerte de Mesny, provocó pronto una ola de pánico en Manchuria y constituyó el punto de inflexión de la campaña antiplaga por el gobierno local (7).
Esta recopilación histórica del bacilo de la peste ayudó a convencer de la eficacia de las mascarillas y, por tanto, a transformarlas en dispositivos de protección. En este sentido, no se puede ver a la mascarilla como un objeto aislado sino como un «actor híbrido», es decir que el poder de las mascarillas como equipo de protección personal no surge de la máscara en sí, sino de su unión con otros elementos, como la comprensión biomédica de la transmisión de los microrganismos y los cuerpos humanos (8).
La economía de las mascarillas ha llegado a desempeñar un papel dominante. La proliferación de mascarillas quirúrgicas desechables y económicas allanó el camino para la repentina aparición de una estrategia universal de enmascaramiento durante la epidemia del coronavirus. Ahora sabemos que podemos usarlas como parte de las estrategias no farmacológicas en salud pública. Esperemos que esta acción se perpetúe en nuestras sociedades cuando estemos resfriados, por ejemplo.

Enlaces de interés

  1. J Gen Intern Med. 2020 Oct;35(10):3063-3066. doi: https://10.1007/s11606-020-06067-8
  2. https://elpais.com/sociedad/2021-03-10/dr-wu-lienn-teh-el-primer-heroe-que-utilizo-mascarillas-contra-una-pandemia.html
  3. Lei, Sean Hsiang-lin. 2014. Neither Donkey nor Horse: Medicine in the Struggle over China’s modernity.
  4. Wu, Lien-Teh. 1926. A treatise on pneumonic Plague. Geneva, Switzerland: League of Nations.
  5. Lynteris, Christos. 2018. Plague masks: The visual emergence of anti-epidemic personal protection Equipment. Medical Anthropology 37 (6): 442–457.
  6. Lei, Sean Hsiang-lin. 2010. Sovereignty and the microscope: Constituting Notifiable infectious disease and containing the Manchurian Plague (1910–11)
  7. Nathan, Carl F. 1967. Plague prevention and politics in Manchuria 1910–1931. Cambridge: Harvard University Press.
  8. Lupton, Deborah, Clare Southerton, Marianne Clark, and Ash Watson. 2021. The Face Mask in COVID Times: A sociomaterial analysis. Berlin, Boston: De Gruyter.