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El verdadero rostro de Jerónimo Luis de Cabrera
|Por: Federico G. Bordese Historiador, escritor y político de Córdoba, Argentina Cuando observamos el aspecto de la imagen que representa a don Jerónimo Luis de Cabrera, vemos a una persona de pelo y barba blanca cuya edad ronda los 80 años; de apariencia muy delgada y alta. Esta iconografía se originó -aproximadamente- en la década…

|Por: Federico G. Bordese
Historiador, escritor y político de Córdoba, Argentina
Cuando observamos el aspecto de la imagen que representa a don Jerónimo Luis de Cabrera, vemos a una persona de pelo y barba blanca cuya edad ronda los 80 años; de apariencia muy delgada y alta. Esta iconografía se originó -aproximadamente- en la década de 1950, aunque años posteriores algunas personas lo representaban adecuadamente cuando se lo interpretaba para una obra.

Existen dibujos sobre su rostro y cuerpo completo, pero la realidad es que no existen textos de época en donde narre sobre su aspecto con una definición completa del rostro; hay una reconstrucción de su figura por medio de la lógica; es decir, seguramente era una persona delgada, con pelo negro, ya que tenía cuarenta y cinco años cuando funda la ciudad de Córdoba. Posiblemente, con ojos de color negro, de tez blanca y de nariz algo pronunciada, como todo español de la época, además de una armadura plateada que cubría su pecho.
El aspecto delineado y seco, como si él hubiera caminando sobre un desierto sin cortarse el pelo y barba… nunca existió, forma parte del imaginario colectivo de los cordobeses; entonces ¿Cómo era realmente?
Don Jerónimo descendía de una familia noble, por ello debió tener una rica educación; también vestía bien y gozaba de modales propios de un caballero. Ingería alimentos ricos, no era de contextura delgada, pues debió tener un cuerpo atlético con una estatura promedia que rondaba el metro sesenta y cinco, pues en aquellas épocas las personas eran bajas; un ejemplo de ello son las ropas y armaduras que usaban y son exhibidas en museos.
Algunos textos guardados en el Archivo Histórico Provincial de Córdoba dan indicios sobre su modo de actuar y pensar; buen trato con otras culturas, educado, hablaba correctamente, era buen administrador y visionario. Prefería dialogar y llegar a acuerdos en lugar de usar las armas, aunque llegó emplearlas en combate; nunca fue genocida -como se comentó- y fue un respetuoso de las leyes.
De aspecto pulcro, pelo, barba corta y delineada… fundó dos ciudades: la primera se llamó Ica, fundada en 1563 en el actual Perú. Allí lo representan correctamente, aunque tampoco tienen documentos sobre el aspecto de su rostro, según he indagado; curiosamente, existe un cuadro al óleo y colgado en el Museo de Piedras Grabadas de Ica, perteneciente al descendiente Dr. Javier Cabrera Darquea, ya fallecido. Este retrato también es una recreación, una suposición; de igual modo, hay dibujos de su aspecto en Córdoba, fundada en 1573, que -por su nobleza e investidura- nunca dejó de asearse y comer bien en sus viajes.
Por el momento, De Cabrera tendrá un velo de misterio que cubre su rostro hasta hallar nuevas evidencias para reconstruir su fisonomía; aquello no le resta mérito sobre su actuar, que resultó ser un ejemplo en vida.

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