LA VOZ DE LOS BICENTENARIOS

| Mg. Juan Carlos Romaní Chacón Presidente del Comité Patriótico Bicentenario de la Independencia del Perú Provincia de Ica 202 años de la gesta emancipadora de la Sub División Libertadora desde Ica hasta Acarí: Las primeras acciones de armas. Homenaje al teniente coronel Manuel Patricio Rojas Argerich Nuestro héroe Juan Antonio Álvarez de Arenales, quien…

| Mg. Juan Carlos Romaní Chacón

Presidente del Comité Patriótico

Bicentenario de la Independencia del Perú

Provincia de Ica

202 años de la gesta emancipadora de la Sub División Libertadora

desde Ica hasta Acarí: Las primeras acciones de armas.

Homenaje al teniente coronel Manuel Patricio Rojas Argerich

Nuestro héroe Juan Antonio Álvarez de Arenales, quien fue prisionero de guerra en la fortaleza española del Real Felipe del Callao, se fugó de esta y en 1819 se incorporó al Ejército de los Andes, en Chile. El general José de San Martín lo designó al mando de una división para su Expedición Libertadora del Perú. Tras su llegada a destino, se hizo cargo de las dos importantes campañas a las sierras, para obtener el control sobre esa área antes que los realistas pudieran utilizarlas como base de operaciones.

Durante la primera campaña logró cinco victorias. En Palpa (7 de octubre de 1820), Changuillo – Nasca (15 de octubre), Acarí (16 de octubre), Cuesta de Tarma (20 de noviembre) y, la más importante, la batalla de Cerro de Pasco (6 de diciembre de 1820). Logró tomar varias provincias para los patriotas: Ica, Huamanga, Huánuco, Huancavelica y Pasco. Los realistas temieron perder contacto con el interior, de modo que evacuaron Lima y, aunque San Martín lo envió a una segunda campaña a la sierra, no pudo impedir la retirada del virrey José de la Serna y su ocupación de todo el interior del país. La última resistencia en esa zona fue la de algunas guerrillas dirigidas por el futuro caudillo mendocino José Félix Aldao, pero -finalmente- tuvo también que retirarse.

Documento Histórico

Boletín Nº 2 del Ejército Libertador

Cuartel general en Pisco, octubre 22 de 1820.

“Después de una marcha forzada y penosa, la división del coronel mayor Arenales, entró el 6 en Ica y fue recibida con el más sincero entusiasmo por el cuerpo municipal y vecindario de aquel pueblo. El coronel Quimper y el conde de Montemar se pusieron en fuga pocas horas antes que entrase nuestra división: la tropa que los seguía pasaban de 300 hombres; de ellos se nos unieron dos compañías con sus respectivos oficiales. Los fugitivos fueron perseguidos por un escuadrón de cazadores a caballo, al mando del teniente coronel Guido, hasta el pueblo de Palpa, 16 leguas al Sud de Ica: de allí regresó esta fuerza en cumplimiento de las órdenes que llevaba. Con el objeto de dejar en completa seguridad el vecindario de Ica y prevenir que la fuerza de Quimper volviese sobre este pueblo, luego que nuestra división siguiese a su destino, dispuso el coronel mayor Arenales que el teniente coronel Rojas, con 80 caballos e igual número de infantes, marchase hasta Nasca, donde según noticias contestes permanecía el enemigo con cuanto pudo salvar en su fuga”.

“Para que esta operación tuviese el éxito deseado, era necesario que se efectuase por sorpresa; de otro modo, no era factible que la tropa de Quimper se dejase ver de nuestros soldados. El 12 salió de Ica el teniente coronel Rojas y, dirigiendo su marcha por desiertos estraviados, llegó el 15 a Changuillo, tres leguas a retaguardia del enemigo. La confianza que tenía este en sus avanzadas, situadas en el camino de Palpa, hizo que nuestra pequeña división se aproximase al pueblo sin ser sentida. Entonces dispuso el comandante de ella, que los valientes capitanes Lavalle y Bermúdez, y el teniente Suárez, de cazadores de la escolta, entrasen con la caballería a gran galope, mientras avanzaba la infantería. La confusión y el desorden fue igual a la sorpresa: los enemigos abandonaron la plaza con la velocidad del miedo y fueron perseguidos y acuchillados hasta una legua del pueblo: el camino por donde emprendieron su fuga, quedó sembrado de cadáveres y heridos. Quimper abandonó a sus soldados y, según afirma uno de los oficiales prisioneros, la única orden que dio al verse atacado fue que lo siguiese la caballería. La fuerza del enemigo, por la relación de los mismos prisioneros, ascendía a más de 600 hombres: de ellos se han tomado 6 oficiales y 80 soldados de línea, fuera de un gran número de milicianos: los muertos y heridos pasan de 50. También han quedado en nuestro poder 30 fusiles, un crecido número de tercerolas, fornituras, sables y lanzas, con todos los equipajes de la división…”

“Por los mismos vecinos de Nasca fue informado el comandante Rojas que el enemigo había remitido al pueblo de Acarí sobre 100 cargas entre pertrechos de guerra y otros efectos que sacó de Ica al retirarse. En la noche del 15, dispuso que el teniente Suárez con una partida de cazadores saliese con prontitud a apoderarse de aquel cargamento. La actividad de este oficial venció las dificultades que le oponían la distancia… El 19 regresó a Ica el comandante Rojas (en plena festividad religiosa del Señor de Luren de Ica); y el 20 emprendió su marcha al interior (1) la división del coronel mayor Arenales, dejando ya en seguridad a los patriotas. Antes de su partida dispuso el general en jefe que el teniente coronel Bermúdez quedase en Ica, en clase de comandante general del sur, con una fuerza respetable, a más del armamento y municiones necesarias para aumentarla hasta el grado que se considere conveniente. Tales han sido los resultados del primer ensayo del ejército desde el 5 del que rige, en que salió de Pisco la división del coronel mayor Arenales. Los peruanos han visto ya la enorme diferencia que hay entre los que pelean por oprimir y los que buscan el combate para librar a sus hermanos: los enemigos por su parte han recibido una lección terrible, el sable de nuestro granaderos y cazadores ha sido y será siempre una señal de muerte para los soldados del rey: en breve probarán todos los cuerpos del ejército, que los vencedores de Chacabuco y Maypo aún viven y que sus almas se hallan en toda la juventud del ardor guerrero”.

(1) Nota aclaratoria: la partida de Arenales hacia la sierra se postergó para el día siguiente, 21 de octubre de 1820, después de la ceremonia de proclamación de la Independencia por el pueblo y sus autoridades, en la plaza de armas de Ica; situación que posteriormente se explica en cartas de Arenales a San Martín.