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UN PUNTO DE VISTA
Una nueva constitución no es la solución Por: Raúl Bravo Sender Las protestas que vienen dándose desde fines del año pasado, con bloqueos de carreteras y tomas de aeropuertos, así como con atentados a la propiedad pública y privada, y la integridad de las personas, tienen como móvil: romper con todo lo que hemos construido,…
Una nueva constitución no es la solución

Por: Raúl Bravo Sender
Las protestas que vienen dándose desde fines del año pasado, con bloqueos de carreteras y tomas de aeropuertos, así como con atentados a la propiedad pública y privada, y la integridad de las personas, tienen como móvil: romper con todo lo que hemos construido, instaurando una Asamblea Constituyente para que dé una nueva Constitución. ¿Realmente es la solución a los problemas del país?

Durante los últimos treinta años sentamos las bases del crecimiento económico y el desarrollo gracias a las políticas de apertura internacional y de desregulación del mercado interno. Si eso no se quiere reconocer, atribuyéndoselo a lo que llaman neoliberalismo, entonces existe un grave problema de prejuicio o miopía, o simplemente se está haciendo la mirada hacia un costado.
A pesar de los graves problemas de inestabilidad política y social que estamos atravesando, nuestra economía los está soportando heroicamente gracias a dos pilares en que se sustenta: en primer lugar, en la independencia y autonomía respecto del poder político de los que goza el Banco Central de Reserva y, en segundo lugar, en el hecho de que los peruanos discurrimos mayormente en el carril de los mercados informales.
Se pretende desprestigiar al mercado acusándolo de ser el causante de que millones de connacionales sean pobres. Nada más cierto, pues precisamente gracias a su dinámica y garantizando la propiedad privada y las libertades económicas, millones de compatriotas han salido de la pobreza, configurando una clase media emergente que ha mejorado su calidad de vida gracias al acceso a servicios de los que no gozaban.
En efecto, los bloqueos y tomas de carreteras tienen como propósito asfixiar al mercado para desacreditarlo como el escenario idóneo del reparto de la riqueza. Los grupos radicales de izquierda buscan descalificar a la democracia y al mercado (capitalismo democrático) como los pilares del desarrollo del Perú de los últimos años, para tener el pretexto perfecto de proponer el cambio de Constitución como la única solución.
Los agitadores y azuzadores -que desconocen los cauces democráticos- necesitan que haya más pobres para que su discurso de división entre peruanos cale entre los más necesitados, haciéndoles ver en el rico al malo de la película. La estrategia consiste en acelerar las contradicciones para sacar provecho. Sin embargo, lo único que están consiguiendo es volver más pobres a los pobres que viven del día a día.
Y la estrategia de victimización narrada en el frente internacional de que este gobierno es ilegítimo y no respeta los derechos humanos, obvia olímpicamente el hecho de que quienes realmente están vulnerando los derechos humanos de todos los peruanos son aquellos que secuestran ciudades, atentan contra la propiedad y la integridad de las personas, e intimidan a quienes sí quieren trabajar.
El respeto y la defensa de los derechos humanos no significa la renuncia del gobierno a su obligación -por mandado constitucional- de mantener el orden y la seguridad interna. Serán los órganos competentes los que deban sancionar a quienes los hayan vulnerado. Pero no por ello, reitero, se va a permitir la anarquía y el desgobierno. La legítima protesta no significa avalar el atentado al orden democrático y al estado de derecho.
Si los peruanos nos encontrábamos en el camino correcto hacia el desarrollo antes que se desatara este complot contra nuestras instituciones democráticas, entonces el cambio de Constitución mediante una Asamblea Constituyente no tiene correlato con la realidad. Basta con darles una mirada a los países de la región que apostaron por una Constituyente y corroborar si verdaderamente solucionaron sus problemas, o, más bien, los han agravado.
Forzar los cambios es contraproducente. Hagámosle sí mejoras a la vigente Constitución, pero dentro de un marco de diálogo y consenso en el mismo Congreso, con puertas abiertas a la sociedad civil, más no de imposición bajo una pseudo Asamblea Constituyente, que de democrática no tendría nada debido a su corporativista composición que sugieren. Los peruanos no somos incautos para que vengan a contarnos cuentos.
