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Remembranzas de Semana Santa…
Perú, al igual que México, son extremadamente católicos. Y me permito así referirme, ya que muchas veces participamos de determinados ritos sin conocer y menos comprender la esencia de los mismos, más aún cuando aparece el sincretismo, es decir, se dan mezclas culturales. Hasta solemos decir: «Soy católico, pero no practico», es decir «no soy»…
Perú, al igual que México, son extremadamente católicos. Y me permito así referirme, ya que muchas veces participamos de determinados ritos sin conocer y menos comprender la esencia de los mismos, más aún cuando aparece el sincretismo, es decir, se dan mezclas culturales. Hasta solemos decir: «Soy católico, pero no practico», es decir «no soy» o -en el fondo- «lo soy por compromiso». Lo correcto es que lo que se siente se vive y al hacerlo se da ejemplo de ello.
En fin, estamos con la Semana Santa, la mayor fiesta de la cristiandad ad portas donde se revive la muerte y resurrección de Jesús, hijo de Dios y Dios a la vez, cuyo mensaje fue de AMOR y nos permitió, a través de él, conocer al Padre y al Espíritu Santo que son Él MISMO. En principio, es de multitudinaria trascendencia como lo son en octubre las procesiones de nuestro Señor de Luren o la del Cristo de Pachacamilla, Señor de los Milagros, así como las romerías al Tepeyac en diciembre, venerando a la Virgen de Guadalupe, pero «A Dios rogando y con el mazo dando»…
La Semana Santa, actualmente y dejando de lado su sentido espiritual, genera gran turismo por sus días feriados que son aprovechados también para el turismo. Por otra parte, la religiosidad -en general- guarda grandes tesoros artísticos que constituyen Patrimonio de la Humanidad, como lo son los templos budistas o los hindúes, y hasta el Vaticano, que por su magnificencia son aprovechados desde sus exteriores por creyentes y no creyentes. Estas majestuosas edificaciones se convierten así en museos que preservan el Patrimonio Cultural, el pensamiento del hombre.
Recordar es conocer, es querer. Si desconocemos o ignoramos, no queremos; por eso es muy necesario adentrarnos en nuestra realidad que, al fin y al cabo, es nuestra verdad.
La Semana Santa iqueña actual, mal que bien la conocemos, pero sus prácticas tienen un por qué, un origen, y como fuentes tomaremos los relatos de Francisco y Pedro Caso Uria en «Tres Hermanos», así como de Abraham Valdelomar Pinto en «Yerba Santa» y de Julio Cesar Nieri Cardona, quienes vivieron estos momentos a comienzos del siglo pasado.
Domingo de Ramos. – Es el inicio, cuando Jesús ingresa triunfalmente a Jerusalén montado en un pollino. Se trata del Señor del Triunfo (popularmente «del burrito»). En nuestra Ica se dan dos procesiones: una del santuario de Luren y la otra en la campiña, en San Juan Bautista. La imagen de Luren es movible y proviene del antiguo templo de San Agustín, que estuvo ubicado en las actuales y céntricas esquinas de Grau y Lima. Las imágenes movibles, articuladas, así como las pinturas cumplieron una función didáctica cuando la lectura no era masiva.
Nos refiere Pancho Caso que «El Señor cabalgaba un borriquillo a la criolla, con estribos de plata cantoneados, montura de cajón, baticola, alitrancas y terno chapeado». Es decir, era casi un caballo de paso y el recorrido era corto, solo alrededor de nuestra Plaza de Armas.
Lunes, Martes y Miércoles Santo. – Un lunes fue el día en que Abraham Valdelomar, iqueño, viene con su madre a sus dieciséis años de Pisco a Ica, traído por tren, conforme la narrativa de «Yerba Santa».
En estos tres días había celebraciones en Santa Ana (Bolognesi), Anam (Barranca) y La Merced, respectivamente, «con mayor número de pasos (representaciones) y de fieles y con San Juan a la cabeza señalando con el dedo el cielo», nos refiere Francisco Caso; lo que nos recuerda el iqueño dicho de que se hará «cuando San Juan baje el dedo…», es decir, nunca.
El Miércoles Santo y a las tres de la tarde, en Luren, era la «Bajada del Señor» (repetida anualmente cuando la procesión salía al día siguiente, jueves). A la imagen se le «medía» con cintas multicolores porque se aseguraba que cada año «crecía». Luego de enjoyarlo venían las potencias de oro y se le agregaba (como ahora) una peluca rizada en canutillos.

De La Merced (Catedral) y ahora de Jesús María «sale» Jesús Nazareno o Señor de la Caída. Otra imagen movible que, acompañado a corta distancia por María, su dolorosa madre, bendicen con su recorrido nuestra Ica el Miércoles Santo.
Jueves Santo. – Este día y a las seis de la tarde, desde Luren salía el antiguo señor crucificado, para retornar a las siete u ocho de la mañana siguiente.
En pequeñas andas -y a más o menos cincuenta metros- los apóstoles acompañaban el paso penitencial, añade Pedro Caso («Pampa de Huayuri»).
Ese Jueves Santo de recogimiento también lo era de fiesta. «Era el día del Señor de Luren», recalca el Conde de Lemos. Venía gente desde Cañete que montados en briosos caballos de paso desfilaban por las polvorientas calles. La feligresía -toda enlutada- se encaminaba a Luren con sus sahumadores, sus cirios y sus ramos de albahaca. Las campanas doblaban a muerto y en las ceremonias litúrgicas las matracas alertaban los momentos sublimes del servicio.
En la calle el pan de dulce y los «bañados con azúcar» (camisones) se encontraban por doquier.
«La iglesia de Luren era pequeña, como albergue de pobre, pero blanca, tranquila y soleada». Estaba y está en Hurin Ica (Ica Baja).
De allí, según el «Zambo Caucato» (Valdelomar), salía la procesión a las nueve de la noche y era verdaderamente emocionante el paso del Señor con el amarillento iluminar de las velas, la luna llena y las dolidas melodías que acompañaban el santo recorrido.
«La procesión avanza, con lentitud pasmosa/los cirios, crepitantes, alumbran al Señor/arpegian el espacio, en rítmica piadosa/cantares de agonía y estrofas de dolor»… declamaba Julio Cesar Nieri, cual testigo del antiguo paso procesional que al llegarle al crucificado las luces de la alborada, de sus heridas «brotan efluvios de perdón».
Viernes Santo. – De San Francisco salía la procesión del Cristo Yacente (del Muertecito) que era transportado en una litera y ahora lo es en una bella urna donde descansa la réplica del sagrado cuerpo. Actualmente, el recorrido es muy corto ya que se reduce al perímetro parroquial, primero, y luego se une por corto lapso a nuestro Señor de Luren a su paso procesional en la madrugada del sábado.
Sábado de Gloria. – Todo era recogimiento esperando la fiesta de la resurrección que se inicia con la Vigilia Pascual, su lucernario y su pregón que anuncia la resurrección de Jesús el Cristo; y del caos, todo vuelve a la normalidad.
Domingo de Resurrección. – A las cuatro de la mañana «salía de San Agustín» la imagen del Jesús triunfante, resucitado. Es la misma que luego estuvo en La Catedral y ahora en Jesús María. Por ruta diferente aparece, dolida, María, su madre, que luego de un feliz encuentro en la Plaza de Armas y previa marinera retornan ambos a su templo hasta el próximo año.
Nos recuerda Francisco Caso (Cyrano) que el Señor de la Resurrección portaba en su mano derecha un tradicional pan de dulce. Lo que sí, hasta ahora es mal llamada procesión «del borrachito» por la gran cantidad de feligresía madrugadora que se encuentra algo subida de alcohol por las celebraciones…
¡Hasta el año siguiente, con la bendición Divina!
