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El peruanismo de la familia García-Calderón
Por: Miguel Arturo Seminario Ojeda Historiador, director del Museo Electoral y de la Democracia de la Dirección Nacional de Educación y Formación Cívica Ciudadana del Jurado Nacional de Elecciones Sin lugar a dudas, son miles las familias cuyos miembros -en su mayoría- se han identificado con su patria. Indudablemente, no siempre fue así; el antagonismo…

Por: Miguel Arturo Seminario Ojeda
Historiador, director del Museo Electoral y de la Democracia
de la Dirección Nacional de Educación y Formación Cívica
Ciudadana del Jurado Nacional de Elecciones
Sin lugar a dudas, son miles las familias cuyos miembros -en su mayoría- se han identificado con su patria. Indudablemente, no siempre fue así; el antagonismo que se vivió muchas veces en la independencia opuso a las familias entre ellas mismas, porque algunos optaron por ser realistas y otros patriotas.
En la república, es destacable el caso de la familia García-Calderón, donde padres e hijos parecían estar llenos de ese espíritu que les inyectaba el alma de la patria, al saberse protagonistas, y responsables de las huellas que se dejaban en un momento histórico para el país.
Francisco García-Calderón Landa
Francisco García-Calderón Landa, el padre, nació en Arequipa el 2 de abril de 1834 y falleció en la capital peruana el 21 de septiembre de 1905. Se había destacado como jurista, político, diplomático y militar, y, a nivel general se le recuerda como presidente del Perú en 1881, entre marzo y noviembre de ese año, gobierno que sería recordado como el Gobierno de La Magdalena.
Fue autor de un Diccionario de la Legislación Peruana, obra de referencia en su momento y de gran consulta para estudios de historia o constitucionalismo comparado. El autor se destacó en su campo del ejercicio del Derecho y en la docencia universitaria. Asimismo, fue presidente del Congreso Constituyente de 1867, ministro de Hacienda, al año siguiente, y decano del Colegio de Abogados de Lima de 1874 a 1876.
Postuló y ganó para senador en Arequipa, ejerciendo el cargo entre 1876 y 1879. Residiendo en Lima, se produjo la ocupación chilena de la ciudad, período en el que una «Junta de Notables» -formada en esos momentos difíciles- lo reconoció como Presidente Provisorio del Perú y, por las circunstancias, la sede del gobierno se estableció en Magdalena Vieja, hoy Pueblo Libre.
Todo acontecía tras las derrotas de San Juan, Miraflores y Chorrillos, iniciándose a continuación las gestiones de paz con Chile, persistiendo en una propuesta sin desmembración territorial, mientras los chilenos buscaban lo contrario, por lo que lo apresaron y desterraron a Chile, sin conseguir que firme la paz como ellos pretendían.
Tras el Tratado de Ancón de 1883, no regresó de inmediato al Perú, yendo a Buenos Aires y a Europa. Al regresar, en 1886 asumió el rectorado de la Universidad de San Marcos y se incorporó al Congreso como senador por Arequipa, presidiendo el Senado entre 1886 y 1887.

Francisco García-Calderón Rey
Hijo del personaje anterior, nació en Valparaíso, Chile, el 8 de abril de 1883 y falleció en Lima el 1 de julio de 1953. Se destacaría como escritor y en el campo de la filosofía y diplomacia
Se le considera dentro de la Generación del 900, junto con su hermano Ventura García Calderón, Víctor Andrés Belaunde y José de la Riva-Agüero y Osma. Sin ser partidario de un gobierno monárquico, se presume que simpatizó con ideas de este tipo, frente al cuadro de anarquía que limitaba la práctica de la democracia en América.
En 1918, durante el gobierno de José Pardo y Barreda, fue nombrado ministro plenipotenciario del Perú en Francia y en 1919 obtuvo el mismo cargo para Bélgica. Empezó tempranamente la publicación de artículos sobre el Perú, en diversos medios de reputación mundial.
Al finalizar la primera guerra mundial, fue designado representante peruano en la Conferencia de Paz de París y, al año siguiente, en la Liga de Naciones en Ginebra. No pasaría mucho tiempo de iniciado el gobierno de Augusto B. Leguía cuando renunció a su puesto de ministro plenipotenciario; y solo a la caída de este gobernante asumió ese cargo en Francia. Cargos similares se sucederían continuamente.
En 1907, de manera circunstancial, publicó en Francia la -quizá- más grande de sus obras y por la que sería recordado: El Perú contemporáneo. Es oportuna la reflexión de Augusto Ruiz Zevallos en El Dominical, suplemento de El Comercio, Lima, el 22 de julio de 2007, analizando -un siglo después- la edición de Le Perou contemporaine, considerado uno de los libros peruanos más importantes del siglo pasado.
Al respecto, Ruiz Zevallos anota: “Sin embargo, ningún autor había ofrecido una obra que vislumbrase el futuro de nuestro país sobre la base de un análisis profundo de su geografía, historia y actividad económica en el contexto internacional. Un libro orgánico, como diríamos hoy. Eso fue El Perú contemporáneo (EPC). Una obra que presentaba un programa a un país que cargaba con el peso de la derrota sufrida en la Guerra del Pacífico, trágico acontecimiento que marcó a la generación 900 y la cultura política posterior”. Después de muchos años, el libro fue traducido al idioma español.
