Ica y las Elecciones Generales del 11 de octubre de 1931

| Por: Miguel Arturo Seminario Ojeda Historiador, director del Museo Electoral y de la Democracia de la Dirección Nacional de Educación y Formación Cívica Ciudadana del Jurado Nacional de Elecciones Queda registrada en la memoria colectiva generacional, e historia nacional la realización de los procesos electorales que les toca vivir. A mí me tocó verificar,…

| Por: Miguel Arturo Seminario Ojeda

Historiador, director del Museo Electoral y de la Democracia

de la Dirección Nacional de Educación y Formación Cívica

Ciudadana del Jurado Nacional de Elecciones

Queda registrada en la memoria colectiva generacional, e historia nacional la realización de los procesos electorales que les toca vivir. A mí me tocó verificar, entre las personas casi centenarias que -a fines del siglo pasado- recordaban hasta las elecciones del presidente Leguía, y los testimonios de algunas mujeres que -en 1965- me contaron sobre la Ley del voto femenino que se había promulgado 10 años antes.

En 1931, en Ica y en todo el Perú se estaba a la expectativa de las elecciones convocadas por el poder Ejecutivo, representado en ese momento por David Samanez Ocampo, presidente de la Junta de Gobierno de ese año, que el 26 de mayo había creado el Jurado Nacional de elecciones como organismo permanente para el desarrollo de los procesos electorales, entre sus funciones.

La novedad se vivía porque se anunciaban grandes cambios para el momento del sufragio, no solamente se votaría a los 21 años, poniéndose como condición el saber leer y escribir, sino que ya el voto no sería público, sino, secreto; se asomaba así la garantía de la voluntad popular, ejercida por el Jurado Nacional de Elecciones, que iniciaba un recorrido, paralelamente a la eliminación de viejas prácticas y vicios electorales.

No se estaba lejos de una realidad universal, porque sólo en Rusia se daba a partir de los 18 años, mientras que en España a los 23, en Dinamarca y Holanda a los 25, y en Alemania a los 20. La mujer, antes de la Primera Guerra Mundial, en pocos lugares del planeta participaba en el sufragio político; sin embargo, se les reconocía derecho en el voto municipal.

Gradualmente, Gran Bretaña fue otorgando participación a la mujer desde 1918, hasta que en 1928 la reconoció en iguales condiciones que los hombres; situaciones parecidas se experimentaron en Estados Unidos en 1920, Alemania 1919, Austria 1920, Checoslovaquia 1920, Yugoslavia 1921, Rusia 1918, Polonia 1921; sin embargo, en Noruega lo había logrado desde 1907; también en Dinamarca 1919, Holanda 1917. España lo incluyó en 1931. Villarán opinó abiertamente que no se debía privar a la mujer del derecho de intervenir como electores en los respectivos procesos. A Ica se envió 158 libros de inscripciones y 15,800 libretas electorales.

El acto electoral del 11 de octubre de 1931

En el estatuto de 1931 se excluyó a los analfabetos. Como lo señala Villarán, en Europa no había manifestación alguna al respecto, ya que solo en Italia desde 1912 votaban los iletrados mayores de 30 años, previa capacitación. En un país con tantos analfabetos como el Perú, urgía tomar una decisión parecida e insistir en la instrucción popular.

El proceso de 1931 fue el primer ensayo de sufragio secreto y obligatorio en el Perú. El voto obligatorio se había establecido en la Argentina, México, Hungría, Checoslovaquia, Dinamarca, Holanda, algunos cantones suizos y ciertos estados de Norte América. Las mesas funcionaron hasta las 5 de la tarde, algunas cerraron antes y otras interrumpieron el sufragio a la hora del almuerzo.

La cédula con el voto fue colocada en sobres garantizando el secreto del sufragio y aunque estuviese escrito en cualquier papel se hacía a mano, dando una validez indiscutible. Pese a todo el cuidado puesto no fueron pocos los errores, como firmar la cédula, causa de nulidad.

Finalizando el acto del sufragio empezaron a llegar quejas contra los Jurados Departamentales y pedidos de reconsideración de muchos lugares, denuncias del rechazo de los votos favorables a ciertos partidos por los Jurados Electorales y del rechazo de los votos a favor de Sánchez Cerro y de La Jara. El Jurado Nacional de Elecciones recomendó a los departamentales un pronunciamiento consciente sobre la validez o nulidad de las ánforas cuando se haya observado muestras de violación.

Los dos candidatos de mayor aceptación popular fueron Víctor Raúl Haya de la Torre y Luis Miguel Sánchez Cerro. Las elecciones fueron bastantes competitivas y disputadas, y, finalmente, después de varios alegatos, se declaró ganador a Luis Miguel Sánchez Cerro, quien sería asesinado en 1933.

Ganadores por Ica en el proceso electoral

Salieron elegidos por Ica, como lo mencionamos en el artículo anterior, por el partido Unión Revolucionaria, Enrique Escardó Salazar, nacido en Pisco en 1878 y fallecido en Lima en 1945. Gonzalo Carrillo Benavides fue el representante por la provincia de Chincha, también por Unión Revolucionaria; por la misma agrupación representó a Ica, José Matías Manzanilla Barrientos.

Por el Partido Descentralista representaron a Ica César Balocchi Silva y Enrique Villagarcía Humaga, de quienes también dimos cuenta en un artículo publicado previamente al tratar sobre el asesinato de Luis Miguel Sánchez Cerro, cuya muerte quedó en una nebulosa al irse más allá de las sospechas contra quien disparó, que fue muerto de inmediato. Los triunfadores de 1931, como constituyentes y como diputados, después de la elaboración de la Carta Magna de 1933, terminarían su período en 1936, continuando en el ejercicio de sus cargos porque el presidente Benavides desconoció el triunfo de Luis Antonio Eguiguren Escudero en el proceso electoral de 1936.