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Estrés y obesidad ¿Están relacionados?
¿Cómo inicia y termina tu día en Lima o en alguna otra ciudad del Perú o del globo? Inicia tu jornada saliendo a la calle para ir a tu centro de labores. Miras a todo lado por la inseguridad ciudadana: arrebatos, asaltos, otros. Luego pendientes del trabajo: lista de chequeos, presiones de indicadores y metas,…

¿Cómo inicia y termina tu día en Lima o en alguna otra ciudad del Perú o del globo? Inicia tu jornada saliendo a la calle para ir a tu centro de labores. Miras a todo lado por la inseguridad ciudadana: arrebatos, asaltos, otros. Luego pendientes del trabajo: lista de chequeos, presiones de indicadores y metas, cierre del año. En tu hogar: deudas, compromisos, demandas postergadas. Desayuno, almuerzo, cena. Durante el día, de un lado a otro. Regreso a tu hogar. Al final ya estas echado en tu cama y la pregunta es ¿Estuviste estresado durante tu día?
El estrés y la obesidad son dos problemas de salud muy importantes a los que se enfrenta la sociedad hoy en día. Existe el círculo vicioso de cómo el estrés conduce a la obesidad y viceversa. El estrés y la obesidad están interconectados entre sí a través de diferentes líneas de cognición, comportamiento y fisiología. El estrés puede interferir con procesos cognitivos como la autorregulación. El estrés también puede influir en el comportamiento al permitirse comer en exceso alimentos ricos en calorías, grasas y azúcar. El estrés también estimula la generación de hormonas y péptidos bioquímicos, por ejemplo, leptina, grelina y neuropéptido (1).
Estudios recientes describen que la angustia psicológica y la secreción elevada de cortisol promueven la grasa abdominal, una característica del síndrome metabólico. La intervención de atención plena para el estrés sugiere que el entrenamiento de atención plena mejora los patrones de alimentación y la disminución del cortisol, pueden reducir la grasa abdominal con el tiempo. La obesidad tiene una etiología multigénica (1). Comprendamos ambos términos con amplitud.
La obesidad supone más del 20% de grasa corporal adicional a la acumulación habitual en un individuo. Ocurre cuando uno mantiene un estilo de vida poco saludable y malos hábitos alimentarios. Si consumimos 3 comidas al día, la cantidad de energía, proteínas, grasas y azúcares deben ser digeridas y quemadas para el metabolismo del cuerpo, por alguna actividad física o ejercicios. Cuando el cuerpo consume demasiada comida y no la eliminamos, se produce obesidad (2)
La obesidad está aumentando en todo el mundo y tiene importantes consecuencias para el bienestar público. Más de 1,900 millones de adultos tienen sobrepeso y, de ellos, más de 650 millones son obesos. Se estima que más del 13% de la población adulta del mundo es obesa. La obesidad es un desafío sanitario mundial y genera un aumento de las enfermedades crónicas: diabetes, infartos al corazón, accidentes cerebrovasculares (derrames), entre otros. Representa una crisis sanitaria mundial (2).

Hay evidencia de que el estrés causa obesidad, en especial cuando hay un aumento en los niveles de la hormona llamada «Cortisol» que es un glucocorticoide. Esta hormona juega un papel crucial en el desarrollo de la obesidad. Este glucocorticoide redistribuye los tejidos adiposos, aumenta el hambre y el deseo de comer alimentos ricos en energía, como azúcar y grasas, llamados alimentos reconfortantes (3).
El estrés es nuestra experiencia psicológica que ayuda en el desarrollo y mantenimiento de la obesidad. En este contexto, el estrés se define utilizando la caracterización integral de Andrew Baum: «Una experiencia emocional negativa acompañada de cambios bioquímicos, fisiológicos, cognitivos y de comportamiento predecibles que están dirigidos a alterar el evento estresante o a adaptarse a sus efectos» (4). El estrés, tanto físico como mental, puede ser visto como una parte de la vida que cada individuo experimentará de alguna manera. El estrés se caracteriza como una «Condición de homeostasis socavada o percibida como comprometida» (5).
Las personas que tienen trabajos de oficina tienen una vida más agitada, lo que genera estrés, ya que la vida ya está muy ocupada para ellos. No tienen la energía para regresar a casa ya sea caminando, prefieren un medio de transporte como un autobús o un automóvil. Para distraer su mente del estrés, se sientan, se relajan y miran televisión mientras navegan por internet. En ninguna parte de sus mentes han pensado siquiera en hacer ejercicio en el gimnasio para quemar calorías. Este tipo de estilo de vida se vuelve monótono, lo que genera estrés y tensión debido a que las presiones de la competencia laboral y las condiciones de salud no se mantienen en paralelo. Todo esto conduce a una estructura corporal obesa.
Estudios e investigaciones realizados para examinar la relación de las dos variables: obesidad y estrés, clasificaron el estrés en agudo y crónico. En el estrés crónico existe un factor de riesgo significativo de aumento excesivo de peso o enfermedad cardíaca. Este tipo de estrés se observa cuando, en el cuerpo, el metabolismo no funciona de forma correcta durante la dieta. Se miden la presión arterial y la frecuencia cardíaca para examinar los niveles de estrés crónico. Existe una relación entre el estrés crónico, los antojos de comida y el índice de masa corporal (6).
Uno de los factores más importantes que debemos comprender es que la obesidad causa estrés y el estrés causa obesidad. El estrés afecta la conducta alimentaria, el ciclo del sueño y los cambios físicos y psicológicos que interfieren con la función ejecutiva, cognitiva y de autorregulación del cerebro humano. El estrés disminuye el funcionamiento cognitivo y ejecutivo de autorregulación. Un estudio en el que a 224 niños se les dio un plato mediano de dulces que podían comer ahora o más tarde, se observó que los niños con mayores niveles de estrés comían en el momento y también comían mayor cantidad de dulces. La falta de autorregulación deteriora el comportamiento humano y aumenta los trastornos alimentarios, la falta de sueño y la inactividad física (7).
Aquí resumimos algunas intervenciones que pueden ayudar a romper este círculo vicioso:
— Comer conscientemente: se sugieren porciones más pequeñas de ingesta de alimentos que comidas pesadas con un alto aporte calórico. Comer bien y a tiempo es uno de los mayores factores para combatir el estrés y la obesidad.
— Aplicar técnicas de mindfulness: Charlie Knoles, especialista en meditación, recomienda: frotar las manos en agua genera calma en la persona, respira lento, observa un objeto natural, escucha música y come un bocadillo lentamente.
— Asesoría de psicología: con especialistas en trastornos de la alimentación.
— Programas en habilidades de atención plena: prácticas de meditación guiada que ayudan a lograr la plenitud y satisfacción del estómago, los antojos de comida y los desencadenantes del entrenamiento de concientización sobre la alimentación.
— Aumento del gasto energético: con programa de ejercicios planificados de forma escalonada e individual.
Los sistemas de salud, deben ser más consientes en enfocarse en el estrés crónico como un problema de salud pública. Un entrenamiento mental constante puede ayudar a desarrollar hábitos alimentarios saludables. El estrés por comer y combatirlo a través de medidas como caminar, bañarse, meditar durante 10 minutos, entre otros; puede ayudar a reducirlo, y así combatir la obesidad. Un agradecimiento a mi residente rotante Andy Lozano, por conversar sobre este tema tan interesante.
Enlaces de interés
1. https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC9362746/
2. https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/32146733/
3. https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/19895413/
4. https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/11794216/
5. https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/15709959/
6. https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/26032789/
7. https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/20865251/
