LA VOZ DE LOS BICENTENARIOS

- Testimonio del Teniente General y ex virrey del Perú, Joaquín de la Pezuela, que imprimió en 1821 a su regreso del Perú.

Mg. Juan Carlos Romaní Chacón

Presidente del Comité Patriótico Bicentenario

de la Independencia del Perú – Provincia de Ica

Situación militar, política y económica del Perú al mes de febrero de 1821

(Ortografía original)

“El 8 de Septiembre del año pasado desembarco el enemigo en las playas de Pisco, a 45 leguas de la capital, con 4.500 hombres de todas armas, según las noticias transmitidas de su mismo Ejercito por mis espías y muchos de sus soldados que se nos pasaron. En el mes y medio que subsistió por aquella parte aumento sus fuerzas con el numero de 700. 800 negros, entresacados de la multitud de los de aquellas haciendas, que se presentó al cebo de la libertad proclamada, y se hizo de una porción de caballos, en su mayor parte de los mismos negros, de los cuales fueron muy pocos los que embarco a su bajada para la costa del Norte.

La traición del batallón de Numancia, según su boletín impreso núm. 6, le proporciono 650 hombres, en general bien disciplinados; pero de estos se les han desertado muchos, que, acostumbrados a un buen trato y a la percepción puntual de sus socorros, no han podido sobrellevar la dureza y miseria de su nuevo servicio. De 500 soldados del batallón de Vitoria y escuadrón de Carabaillo, batidos en el Cerro de Pasco, que por fuerza fueron incorporados en sus filas, no conservan 400, porque se han restituido muchos a nuestro campamento, y otra porción ha regresado a sus hogares. Es bien conocido lo poco que produce la recluta del país, y que solo a fuerza de frecuentes y violentas requisiciones, siempre renovando y siempre instruyendo, se conserva un número muy corto de aquellos que, sin arraigo ni medios de subsistir, se acostumbran a la disciplina y gustan de la licencia militar.

Por grande que sea el imperio de las ideas de patria y libertad, que el enemigo sabe hacer resonar muy lisonjeramente, no basta para que hombres rudos y oscuros abandonen su establecimiento, y ni aun por el temor de las penas más acerbas sobrellevan por mucho tiempo los horrores del hambre y desnudez y el rigorismo con que aquellos maneja. Sus altas, pues, efectivas no han subido probablemente durante su permanencia en Chancay y demás posiciones que actualmente ocupa de 1.000 hombres, entre negros y cholos; y sumadas todas estas agregaciones, a lo más que podría llegar su fuerza total seria a la de 7.000 plazas. La división de Arenales, cuando mucho, repuso sus pérdidas en el dilatado tránsito por climas ingratos, y a excepción de los indicados restos de Victoria y Carabaillo, acaso no logro entrar en el Cuartel general con el mismo número que saco de él.

Las epidemias y la rebelión del general José De la Serna y oficiales españoles contra el virrey Pezuela

Consta, por declaraciones contestes, que en Pisco se llevó más de 300 hombres una epidemia causada por el temperamento y por el exceso con que se entregaron al consumo del aguardiente, azucares y chancacas; y pasaron de igual número los fugitivos que en diversas direcciones abandonaron entonces sus banderas, cuya mayor parte se componía de los prisioneros en la desgraciada acción del Maipú, que habían sido obligados a servir entre sus tropas; de modo que el cálculo que diese al enemigo 7.000 hombres en el memorable día 29 de Enero más bien pecaría por exceso que por defecto. El Ejercito de Lima, de 6.082 plazas que tenía en el año de 19 para la defensa de la capital y puerto del Callao, se había aumentado hasta 7.815 cuando la expedición enemiga desembarcó en Pisco, sin incluir 400 que guarnecían este punto, 150 el de Cañete y 296 la costa de Chancay, según lo manifiestan los presupuestos marcados con los números 6 y 7 B. Las bajas del Numancia, Victoria y Carabayllo fueron compensadas con exceso por las dos divisiones que llegaron del Alto Perú, compuestas del segundo batallón del primer regimiento y lanceros de Santa Cruz y del batallón de Castro y escuadrón de la Guardia; los Cuerpos de Arequipa, el llamado del Numero y dragones de Lima recibieron un aumento considerable en la capital, de suerte que pasaba la fuerza en Enero de 8.000 plazas; y aunque es verdad que no se podía contar con el total de ella por los destacamentos que era necesario emplear en la seguridad de algunos puntos inmediatos y por las bajas ordinarias e indispensables, en filas estaba, no obstante, acampado y pronto a operar ofensivamente un Cuerpo con el que perdería mil veces mi cabeza si, salvo algún accidente extraordinario, empeñada una batalla, no batiese y escarmentase al enemigo.

Los jefes españoles que depusieron al virrey Pezuela

No lo creerán así los Jefes que se han atrevido a usurparme el mando, porque parece que la política de estos militares se ejercita en exagerar la importancia de las fuerzas contrarias y deprimir en razón inversa las nuestras. Pero yo, que tengo una muy larga experiencia del sistema y calidad de los Ejércitos enemigos, y estoy bien enterado de las alteraciones y mejoras ocurridas en su estado militar, y que sin dejarme seducir de novedades frívolas conozco mejor que ellos el tenor y forma de esta guerra, se también distinguir mejor la verdadera preponderancia y doy el debido lugar a la pausa y flema de un caudillo que habiendo ofrecido solemnemente, en oficio de 13 de Octubre último, trasladado a la Gaceta ministerial del Gobierno de Chile, tremolar dentro de tres meses en Lima el pabellón de la independencia, y concluyendo la despedida impresa que antes de aquella fecha dirigió a los habitantes de Pisco, Ica y Chincha con anunciarles que venía a finalizar de un golpe la guerra, aun no se ha determinado, al cabo de seis meses, a comprometer sus armas en una acción campal, a pesar de la grande extensión de sus recursos y decadencia rápida de nuestros medios de defensa. Lo respetable de estos y la fortaleza permanente aun de nuestro edificio político le han precisado a otros medios más lentos y menos nobles para minar sus cimientos. Por la opinión adversa en lo general de los habitantes, fomentada y sostenida por los emisarios del enemigo y algunas partidas de tropa, se han sublevado los pueblos de la Intendencia de Tarma y algunos otros más inmediatos a Lima. Más estos, sin otra aptitud guerrera que la de unos grupos ambulantes de indios, se reducen tan fácilmente como se rebelan, y sufren sin resistencia las requisiciones de víveres y ganado que hacen sobre ellos nuestros destacamentos.

El Brigadier Ricafort con el batallón de Castro y escuadrón de la Guardia citados deshizo en últimos de Diciembre a su tránsito por Jauja una nube de gente apoyada por alguna fuerza veterana, habiendo después regresado a Huamanga con el encargo de formar una división volante próxima a 2.000 hombres con los dos batallones de Extremadura y tres escuadrones, de cuyos Cuerpos unos estaban allí y otros próximos a llegar de Arequipa y el Alto Perú, para caer luego con ella desde aquel punto central sobre la indicada provincia de Tarma, ocupar el rico mineral de Pasco, facilitar los recursos y comunicaciones de aquel interesante territorio con la capital y auxiliar a esta en cualquiera caso. Al mismo tiempo que con esta medida se consulta la seguridad del país por esta parte y se destruyen los planes sediciosos del enemigo sin distraer al Ejercito de Lima del centro de sus operaciones, el Cuartel general del Alto Perú, situado con una fuerza respetable en Puno, observa al Cuzco y Arequipa, su vanguardia cubre con sobrado numero la línea de Tapiza, Mojo, Tarija y Talina sin riesgos de enemigos al frente, porque hasta ahora no han reparado la pérdida de su Ejército en la batalla de Viluma, y las provincias del Desaguadero para allá con sus correspondientes guarniciones permanecen tranquilas….

….Mi vida militar floreció en otro tiempo entre grandes peligros, prevaleciendo exclusivamente mis ideas; y mi espíritu no padecería ahora al ver que de los mismos consejos que han determinado de los negocios se ha sacado partido contra mi opinión. La declamación pomposa de mis adversarios prometía un rumbo diferente en la administración y grandes esfuerzos para sacar de la agonía al cuerpo político. Pero en más de dos meses la aflicción y disgusto general han sucedido a la mayor suma de sacrificios, y la causa nada ha adelantado. ¡Ojalá que no se confunda en la inconstancia de su dirección y en el desorden de las operaciones, y que mi patria no venga a pagar las miras ambiciosas de aquellos con la perdida de tan importantes posesiones en esta parte del globo!

Nada probara contra mí el éxito mirado a la luz imparcial de un sano juicio, porque no basta decir que el país estaba perdido en mis manos; su conservación actual esta consignada sobre la ventaja de mis combinaciones, y sobre el poder que yo he formado desde sus primeros elementos a costa de muchos afanes y sacrificios. El problema de la conservación de la América se ha de resolver en la Península; si arriban oportunamente los refuerzos que yo he pedido con toda la urgencia propia de este convencimiento, muy vana será la gloria de los nuevos gobernantes; la fortaleza de los recursos disimulará los vicios del régimen.

Fuente: 

REFUTACIÓN, Que hace el Mariscal de Campo Don Jerónimo Valdés del Manifiesto que el Teniente General Don Joaquín de la Pezuela Imprimió en 1821 a su regreso del Perú

La publica su hijo, el Conde de Torata – Coronel retirado de Artillería.

DOCUMENTOS PARA LA HISTORIA DE LA GUERRA SEPARATISTA DEL PERU

TOMO II – Madrid – Imprenta de la viuda de M. Minusea de los Ríos – 1895

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