LA VOZ DE LOS BICENTENARIOS

Mg. Juan Carlos Romaní Chacón Presidente del Comité Patriótico Bicentenario de la Independencia del Perú – Provincia de Ica 7 de abril de 1822 – 2024 202 años de la Batalla de Macacona: el bicentenario olvidado Entre la noche del 6 y la madrugada del 7 de abril de 1822, se produjo la batalla de…

Mg. Juan Carlos Romaní Chacón

Presidente del Comité Patriótico Bicentenario

de la Independencia del Perú – Provincia de Ica

7 de abril de 1822 – 2024

202 años de la Batalla de Macacona: el bicentenario olvidado

Entre la noche del 6 y la madrugada del 7 de abril de 1822, se produjo la batalla de Ica, conocida también como el desastre de Macacona. El Libertador, general don José de San Martín; envió desde Lima a la ciudad de Ica, en enero de dicho año, al inexperto general Domingo Tristán, perteneciente a la nobleza peruana, al frente de 2,244 hombres, bien armados y con seis cañones, para enfrentar al poderoso Ejército Real del Perú, al mando del veterano general español José de Canterac, con 2,000 hombres (1,400 de infantería, 600 de caballería y 3 cañones de montaña), que se habían desplazado rápidamente, desde Jauja, con marcha forzadas, y llegaron al valle de Ica, bajando por la ruta de los actuales distritos de San José de Los Molinos, La Tinguiña, San Juan Bautista y la hacienda de Macacona (actual distrito de Subtanjalla). El segundo al mando de las fuerzas patriotas del Ejército Unido Libertador era el experimentado coronel Agustín Gamarra, mestizo peruano, quien preparó a los reclutas, los convirtió en bravos soldados y presentó valiosos planes de guerra. Pero, fue ninguneado por su origen social y por no pertenecer la nobleza peruana y, al final, sus méritos no fueron considerados y se produjo la masacre de más mil peruanos y mil prisioneros, en aquella emboscada del 7 de abril de 1822.

Sin embargo, algunos historiadores nacionales y extranjeros, durante los últimos 200 años, se han empeñado en ningunear la participación de los pobladores de las actuales regiones de Ica, Huancavelica, Ayacucho, Apurímac, Junín y Pasco en la independencia del Perú. En el caso de la batalla de Macacona, a pesar de la brutal derrota, los patriotas peruanos, argentinos y chilenos, del Ejército Unido Libertador, murieron peleando con valor y coraje; una gesta heroica que debe ser revalorada en tiempos de pandemia y en el año del Bicentenario.

Felizmente, el historiador, magistrado y político peruano, Dr. Germán Leguía y Martínez, dejó para la posteridad su portentosa obra “HISTORIA DE LA EMANCIPACIÓN DEL PERÚ: EL PROTECTORADO”. Valiosa obra que debe ser difundida con actividades y proyectos presenciales y virtuales, con pandemia o sin pandemia; en cuyas páginas se rescata del olvido y se revalora la acción patriótica de los peruanos provincianos, haciendo justicia a los pueblos más humildes de nuestra Patria.

El alma del Regimiento de Granaderos a Caballo de los Andes

El legado de los Granaderos del Perú

José Félix Aldao, con sus bravos Granaderos del Perú, conforma el Ejército Unido Libertador al mando del nefasto general peruano Domingo Tristán. Las tropas están acantonadas en la ciudad de Ica y al joven capitán argentino le ordenan permanezca en la retaguardia, generando el disgusto de los granaderos peruanos, acostumbrados a ubicarse en la vanguardia del ejército y ser los primeros en atacar al enemigo. Los celos y los intereses políticos, económicos y militares del general Domingo Tristán, perteneciente a la aristocracia peruana, se imponen sobre los méritos de Aldao y de sus 125 veteranos jinetes -entre negros, cholos, indios y criollos- que después de dos años de combatir en la sierra, regresaban al lugar del origen del Escuadrón de Caballería “Auxiliares de Ica”. Domingo Tristán cometió el peor error de estrategia militar, uno más de centenares de errores, y por lo que fue juzgado por un consejo de guerra después de la batalla de Macacona. El mejor escuadrón de caballería del Perú independiente fue relegado a un segundo plano. Pero, como tenía gran poder económico y poder político, Tristán recibió un pequeño castigo, una gracia especial de San Martín, quien se arrepintió por designar a ese inexperto militar, por querer congraciarse con la aristocracia peruana y criolla, que anhelaba reemplazar al Imperio español en el poder, con la ayuda de San Martín. Cualquier parecido con la realidad, en los actuales tiempos de pandemia, del dengue y de la actual situación política nacional, que gira en torno a un reloj Rolex (abril de 2024) … es pura coincidencia.   

El historiador peruano Germán Leguía y Martínez y el legado de coraje y resistencia de los Granaderos del Perú en la Batalla de Macacona

Escribe el Dr. Germán Leguía y Martínez:

“El callejón de la Macacona y sus precedentes ofrécense repletos de heridos y de cadáveres. Han caído en poder de los españoles más de mil prisioneros, cincuenta jefes y oficiales patriotas, dos banderas, cuatro piezas de artillería, todas las cajas de guerra; y dos mil fusiles, que con los que después se tomarán en Pisco, serán tres mil y tantos; botín, este último el más codiciado y celebrado por los realistas, porque es el que mayormente urge, para armar a sus numerosos y ya organizados reclutas. De la brillante división del sur no escapan más que unos doscientos y tantos hombres, entre jefes, oficiales y soldados. Por felicidad, gracias a la circunstancia de haber medio escuadrón de Granaderos del Perú, con su primer jefe, comandante José Aldao, sido enviado a cubrir la retaguardia, durante algunas horas, hacia la senda del Carmen Alto, puede el referido cuerpo escapar íntegramente, y así disminuir el inmenso daño causado por la derrota de Macacona. Tornaba Aldao con dirección a dicha hacienda, para, conforme a sus instrucciones, tomar camino, a retaguardia de la división, hacia la costa, cuando, al aproximarse, oyó las descargas de fusilería de realista y patriotas. Sospechando o comprendiendo lo que pasaba, y no siéndole posible incorporarse a los suyos, por interposición de los realistas en los callejones que sirvieran de teatro a la acción, flanqueó la retaguardia española, más allá de la casa del fundo, para ganar la vía de Lima y seguir a Pisco en expectativa de lo que ocurriera; o detenerse en la ruta indicada, para proceder según nuevas instrucciones. Notada su presencia por el adversario, fue, en aquel movimiento, cargado por una columna de caballería, compuesta de ochenta o cien jinetes; pero Aldao, en perfecto orden, como que venía descansado, y audaz como siempre, contuvo esa carga con toda energía; se impuso al enemigo, que no reincidió en embestirlo; y, a vista y paciencia de éste, perdióse al galope, primero entre los callejones subsiguientes, y luego en la llanura vecina; hizo la debida conversión hacia el flanco derecho realista; y salvó con toda felicidad, sin pérdida alguna para su tropa. Eran, las de ese escuadrón, ciento veinticinco plazas, así economizadas y gloriosamente para la causa del Perú. Cuando Tristán, en la noche de aquél día, llegó a Pisco, encontró ya al comandante Aldao y su medio cuerpo acampados a la orilla del río, del lado de Caucato; y, con ellos, en la tarde del lunes 8, al saber que Pisco acababa de ser ocupado por Lóriga, trasladóse a Cañete, desde donde, en su parte oficial del 10, hizo presente al Ministerio del ramo, cuán dignos de la mayor consideración, por su firmeza, eran los jefes y oficiales del Granaderos del Perú, salvados todos, y venidos sirviendo en el tránsito de protección a los dispersos, que encontraban ese núcleo amigo, al replegarse, por “inaccesibles arenales, todos con sus armas a Pisco o Cañete”.

Fuente: HISTORIA DE LA EMANCIPACIÓN DEL PERÚ: EL PROTECTORADO – TOMO VI

Germán Leguía y Martínez Págs. 350 – 351 COMISIÓN NACIONAL DEL SESQUICENTENARIO DE LA INDEPENDENCIA DEL PERÚ – Lima – 1972 – Prólogo de Alberto Tauro.