Tradicional lavado de ropa de difunto se cumplió en Santiago de Chocorvos

| Daniel Bravo Dextre En el folklore no se conocen los inicios ni los autores de las costumbres de nuestros ancestros, las mismas que se cimientan en creencias sobre hechos sobrenaturales, como es la muerte y el viaje del alma al más allá, la otra vida, como suele decirse. En la mayoría de pueblos de…

| Daniel Bravo Dextre

En el folklore no se conocen los inicios ni los autores de las costumbres de nuestros ancestros, las mismas que se cimientan en creencias sobre hechos sobrenaturales, como es la muerte y el viaje del alma al más allá, la otra vida, como suele decirse.

En la mayoría de pueblos de la costa, sierra y selva del Perú, siempre se pensó que “existe vida después de la muerte”; incluso, cuando llegaron los españoles esta creencia profana continuó manteniéndose porque los cristianos católicos también creen que el alma de los difuntos no muere y que pasa a otra dimensión existencial.  

Por este motivo, por cientos de años en la sierra peruana se mantiene la costumbre de lavar la ropa de los difuntos, dizque para que su alma no se quede atrapada en la casa y “marche siguiendo la luz del Señor que conduce a la eternidad”. Parte de esa creencia son los rezos, la capilla ardiente y que los deudos vistan ropa negra, lo cual se mantiene hasta ahora también en la costa.

Este ritual post funerario se repitió como de costumbre el sábado último en el caserío de Millayacu, del anexo de San Luis de Corerac, distrito de Santiago de Chocorvos, Huaytará – Huancavelica, donde participó el profesor Máximo Asto Torres, quien nos narra pasajes más resaltantes del famoso Lavado de Ropa o Lavatorio Ancestral.

El profesor, egresado de la UNICA, nos cuenta que este acto costumbrista se efectuó después del fallecimiento de doña Eulalia Gutiérrez Sairitupac, viuda de Santos Corilla Ventura (ya fallecido), donde participaron familiares y vecinos.

“El acto se inició con la selección de prendas de vestir; por un lado, las que no sirven para quemarlas y las que todavía sirven las lavaron en el estanque cercano a la vivienda de la finada, donde, a cada uno de los presentes se les lavó la cabeza, mientras que a las damas se les peinaba. Terminado el lavado, los familiares retornan al mediodía a la casa. Según la costumbre, para su alimento sacrifican sus animales, utilizan el agua del manantial y hierbas naturales que le dan a la comida un sabor agradable y aroma. En el desayuno no faltó la mazamorra de calabaza y el almuerzo estuvo acompañado de la rica papa Huatia, potaje nativo preparado con papas del lugar como huayro, canchán, yungay y negra”, sostiene Máximo Torres.

Agrega que para preparar la “Papa Huatia” hacen un hoyo, luego las papas las colocan en una olla de barro y en lata vacía de aceite; después cubren las papas con la hierba natural mancapaqui, con el que le dan un rico sabor al tubérculo oriundo. “Puestas al hoyo la olla y la lata con papas, se prende fuego al chamizo seco para el cocido, el cual dura -aproximadamente- una hora, luego se sirve acompañado del sabroso hapchi que es una mezcla de rocoto, culantro, queso, cebolla china, poco de agua y limón”, puntualiza el ilustre visitante.

Agradecimiento

También nos indica que el hijo de la finada, Eradio Corilla Gutiérrez, agradeció a los asistentes al lavado de ropa. Asimismo, resaltó la importancia de la nueva carretera-trocha que va desde el pueblo de Corerac al caserío de Millayacu, facilitando en forma más rápida y económica el traslado de la población y productos. “Eradio, como iniciador y promotor de la nueva vía, agradeció y felicitó a los que participaron y colaboraron, a las familias Corilla Gutiérrez, Sayritúpac Huarcaya, Corilla Huamaní, Huamaní Corilla y demás familiares y vecinos residentes en Ica y Lima. El financiamiento de dicha obra vial estuvo a cargo de la población de Millayacu.