¡Tu carrito está actualmente vacío!
José de La Mar: un héroe americano
| Por: Miguel Arturo Seminario Ojeda Historiador, director del Museo Electoral y de la Democracia de la Dirección Nacional de Educación y Formación Cívica Ciudadana del Jurado Nacional de Elecciones La independencia de América Hispana es la consecuencia de un proceso en el que se comprometieron varias naciones que, si bien proclamaron su independencia antes…

| Por: Miguel Arturo Seminario Ojeda
Historiador, director del Museo Electoral y de la Democracia
de la Dirección Nacional de Educación y Formación Cívica
Ciudadana del Jurado Nacional de Elecciones
La independencia de América Hispana es la consecuencia de un proceso en el que se comprometieron varias naciones que, si bien proclamaron su independencia antes que se hiciera en el Perú, sin la consolidación de este estado en el territorio que fue de los incas, su propia independencia corría peligro.
En este trance se perfilan las figuras de varis americanos y europeos, hombres que movidos por el ideal del romanticismo se identificaron con la patria americana y, en una situación de empatía, apostaron por la libertad del continente. Uno de ellos fue José de La Mar y Cortázar.
El nacimiento del héroe
José Domingo de La Mar y Cortázar fue un militar y político con lealtad al Perú republicano, Estado del que llegó ser su presidente en dos ocasiones: como Jefe de una Junta Gubernativa y como Presidente Constitucional, elegido por el Congreso de la República.
José de La Mar, el realista que se pasó a filas patriotas tras un trabajo persuasivo del general San Martín; así se inscribe la historia independentista de este patriota que nació en Cuenca, Ecuador, el 12 de mayo de 1776.
José de la Mar fue hijo de Marcos de La Mar Migura, administrador de las Cajas Reales de Guayaquil y Cuenca, y de la guayaquileña Josefa Paula Cortázar y Lavayen, pasando sus primeros años en Guayaquil, espacio que desde 1803 había vuelto al Virreinato del Perú, manteniéndose en él una filiación siempre peruana y no grancolombiana.
Estudió en el Colegio de Nobles de Madrid. Fue en España donde transcurrió gran parte de su infancia y juventud, y donde hizo su carrera militar, peleando en las campañas contra la Francia revolucionaria y cuando Bonaparte invadió la Península Ibérica. Tras retomar el poder Fernando VII, en 1816 lo envió a Lima como Subinspector General del Virreinato del Perú, incluyendo a la fortaleza del Real Felipe.
Antes de regresar a América, participó en la Guerra de la independencia española, conociéndose por estos avatares con el general San Martín, siendo esta experiencia decisiva para su paso a filas patriotas, cuando el Protector de la Libertad del Perú ocupó Lima. Y ya en la época bolivariana se destacaría en la batalla de Ayacucho.
Al llegar al Perú, las guerras por la independencia eran muy fuertes en las colonias españolas, algunas ya habían proclamado su independencia pese a la obstinación del virrey Abascal, que poco después sería sustituido por Joaquín de la Pezuela; este vio con buenos ojos a La Mar. Derrocado Pezuela, pese a que por su rango le tocaba reemplazarlo, se nombró en su lugar a José de la Serna, y cuando este virrey dejó Lima, el general San Martín logró persuadirlo para su incorporación al ejército patriota como general de división, el 26 de octubre de 1821.

La Mar gobernante y político
Durante su gobierno de 1828-29 lidió con la oposición política de sus antiguos camaradas de lucha por la independencia. Al parecer, para ellos era una apetencia natural el hecho de capturar el poder, que se había convertido en una ambición para muchos. A partir de entonces, su protagonismo se hizo mayor, cuando se convirtió en el eje que representó al Perú en la guerra de 1828-1829.
Fue elegido diputado por la provincia de Huaylas al Congreso Constituyente de 1822, y el 21 de septiembre de ese año, al día siguiente de su instalación, fue elevado a la Presidencia de la Suprema Junta Gubernativa del Perú, sucesora del gobierno protectoral del general José de San Martín.
Durante su gobierno, se organizó la Primera Expedición a Puertos Intermedios contra los realistas, pero fracasó y se le responsabilizó de ello; acto seguido fue reemplazado por José de la Riva Agüero. Poco después fue a Guayaquil, donde contrajo matrimonio con Josefa Rocafuerte, quien falleció en 1826.
Cuando Simón Bolívar llegó al Perú, en septiembre de 1823, lo llamó y en 1824 lo nombró General en Jefe de la División Peruana del Ejército Unido Libertador del Perú. No participó en la batalla de Junín, pero si en la de Ayacucho, con una destacada actuación, por eso su nombre es uno de los mencionados en el bicentenario de esta gloriosa batalla, que significó la consolidación de la independencia de América Hispana continental.
Cuando terminó el gobierno de Bolívar, el Congreso lo nombró Presidente Constitucional del Perú en junio de 1827, a propuesta de Francisco Javier de Luna Pizarro, generándose un descontento en el general Andrés de Santa Cruz, que aspiraba al cargo, y a quien apoyaban Agustín Gamarra, y Antonio Gutiérrez de la Fuente.
Durante su gobierno se promulgó la Constitución liberal de 1828, de la que en el Jurado Nacional de Elecciones se guarda una medalla conmemorativa; y se hizo frente a la Guerra contra la Gran Colombia presidida por Simón Bolívar. El Libertador Simón Bolívar declaró la guerra al Perú. Los avatares de la guerra llevaron a La Mar a Piura, trasladándose la imprenta del ejército a Tambogrande, donde se imprimieron los ejemplares del periódico “El Botafuego”, que se conservan en la Biblioteca Nacional del Perú.
El final
El ejército peruano sufrió un revés en la batalla de Portete de Tarqui, pero no una derrota total; La Mar firmó el Convenio de Girón con el retiro de las tropas peruanas de los territorios ocupados, mientras la Gran Colombia reconocía la peruanidad de Tumbes, Jaén y Maynas.
Tras esto, un grupo de oficiales peruanos lo apresó en Piura, el 7 de junio de 1829, por negarse a renunciar al cargo de Presidente, y desde Paita lo embarcaron con rumbo a Costa Rica, donde murió el 11 de octubre de 1830 en la ciudad de Cartago. Tenía 54 años de edad.
En 1834, el presidente Luis de Orbegoso inició los trámites de repatriación de los restos, que recién en 1843 fueron entregados al marino alemán Eduardo Wallerstein, este los puso en manos de la piurana Francisca Otoya, quien los conservó durante tres años en su domicilio en Piura, hasta que los entregó al gobierno peruano, que los depositó en un mausoleo en el cementerio Presbítero Maestro.
En la novela “Cuando los mariscales combatían”, de Francisco Vegas Seminario, José de La Mar es uno de los personajes centrales, se describe su estadía en Piura y sus amores con Francisca Otoya, la mujer que conservó sus huesos por varios años, venerándolos con amor, en su propio domicilio. El busto de La Mar es uno de los que engalanan el Panteón Nacional de los Próceres; y un óleo del personaje se encuentra en la Pinacoteca del Centro de Estudios Histórico Militares del Perú.
