Joven devoto fallece en plena misa del templo de Luren

| Daniel Bravo Dextre Por un presunto infarto fulminante dejó de existir ayer el joven Diego Toledo Yallico (26) en el interior del templo de Luren, en el momento cuando el párroco de la iglesia oficiaba la misa dominical de 8:00 a 9:00 de la mañana.   Cuando los feligreses vieron al joven desvanecerse en plena…

| Daniel Bravo Dextre

Por un presunto infarto fulminante dejó de existir ayer el joven Diego Toledo Yallico (26) en el interior del templo de Luren, en el momento cuando el párroco de la iglesia oficiaba la misa dominical de 8:00 a 9:00 de la mañana.  

Cuando los feligreses vieron al joven desvanecerse en plena misa, corrieron para auxiliarlo sin poder lograrlo, debido a que dejó de existir a los pocos segundos.

El sacerdote se vio obligado a suspender la liturgia, a fin de que los familiares lleguen a reconocer al difunto que quedó tendido en el suelo. En efecto, a los pocos minutos llegaron sus seres queridos desde el barrio de Manzanilla, quienes al verlo protagonizaron desgarradoras escenas del dolor.

Cumpliendo el protocolo del levantamiento del cadáver, también se apersonaron hasta la casa de oración del Santo Patrono de Ica efectivos de la Policía Nacional, quienes cercaron el área en espera de la llegada del médico legista y del representante del Ministerio Público, con la finalidad de que procedan de acuerdo a ley.

Que se recuerde, en más de 450 años de historia en la primera vez que un devoto fallece en plena misa del Señor de Luren. Ha habido desgracias, como el incendio de 1918 y el terreno del 2007, pero, lo ocurrido ayer quedará grabado en el subconsciente colectivo no sólo de los católicos sino de la población iqueña en general.

Hay muchas interpretaciones que se le pueden dar al hecho lamentable ocurrido; pero, es más que seguro que el joven Diego al encontrarse frente a la presencia del Cristo Moreno de Luren en esos pocos segundos de vida que tuvo antes de expirar, desde lo profundo de su corazón le pidió a Jesús Crucificado lo reciba en sus brazos. Ese es el gran consuelo que le queda aceptar a su familia, que el joven de Manzanilla es el único ser privilegiado de morir en la casa de oración del Santo Patrono y en plena liturgia de amor, paz y perdón.