LA VOZ DE LOS BICENTENARIOS

7, 12, 15 y 16 de octubre – 1820 – 2024 Conmemoración: 204 años de las acciones de armas de la División Libertadora del Perú en Ica, Palpa, Changuillo, Nasca y Acarí | Mg. Juan Carlos Romaní Chacón Presidente del Comité Patriótico Bicentenario de la Independencia del Perú – Provincia de Ica El último domingo…

7, 12, 15 y 16 de octubre – 1820 – 2024

Conmemoración:

204 años de las acciones de armas de la División Libertadora del Perú en Ica, Palpa, Changuillo, Nasca y Acarí

| Mg. Juan Carlos Romaní Chacón

Presidente del Comité Patriótico Bicentenario

de la Independencia del Perú – Provincia de Ica

El último domingo 6 de octubre, en la plaza de armas de Ica se realizó una emotiva ceremonia con el izamiento del Pabellón nacional y desfile cívico institucional por el 204º aniversario de la llegada de la División Libertadora del Perú a la ciudad de Ica. El señor regidor Vicente Paul Astohuamán Junes, en representación del señor alcalde provincial de Ica, Ing. Carlos Reyes Roque (quien se encontraba en la festividad religiosa de la Virgen del Rosario de Yauca), presidió la ceremonia oficial con nutrida asistencia de instituciones educativas y autoridades provinciales.

En dicha ceremonia se dio lectura a la Ordenanza Municipal No. 028–2024–MPI, de fecha 24 de setiembre de 2024, histórico documento mediante el cual el Concejo Municipal Provincial de Ica otorgó en donación un terreno de 35 hectáreas al Ejército del Perú, para la construcción de una Base Militar que convertirá a la provincia de Ica en un polo de desarrollo integral, con la formación de una nueva generación de jóvenes iqueños, ávidos de forjarse un futuro mejor, de la mano del Ejército del Perú. ¡Qué mejor homenaje… a la memoria del Coronel Mayor Juan Antonio Álvarez de Arenales!, que al mando de 1,200 hombres tomó la ciudad de Ica, el 6 de octubre de 1820, cumpliendo la orden del Libertador San Martín de erradicar a las fuerzas realistas y sus oficiales españoles de todo el territorio del actual departamento de Ica, antes denominado “el partido de Ica”. Repasemos enseguida la obra del historiador peruano Dr. Germán Leguía y Martínez (EL PROTECTORADO, Lima 1972, CDIP – Colección Documental de la Independencia del Perú (1971-1976)), que nos permitirá revalorar el legado de la División Libertadora del Perú o la Expedición de la Sierra, que hace 204 años convirtió a la ciudad de Ica en la gran base militar y cuna del Ejército del Perú Independiente; y revaloremos juntos que 204 años después nuestro Glorioso Ejército del Perú vuelve a sus raíces iqueñas.

El aporte del partido de Ica en la guerra de la independencia del Perú

Espionaje acertado y persistente a que, de buen grado, prestábanse los pobladores de las cercanías, sin excluir a los hacendados, que con sus chasquis y peones procuraban facilitar la labor de los independientes, informaba a estos últimos de que los adversarios habían, en efecto, pasado vertiginosamente por Palpa y dirigídose a Nasca, probablemente con el propósito de continuar hasta Acarí, para ponerse en salvo en Ocaña, Camaná y aun Arequipa; … Para no errar, Arenales tomó providencias en todos esos sentidos: preparó, de un lado, una partida de caballería ligera a fin de cortar posibles contrarretiradas por las serranías, alistó de otro partidas especiales con qué sorprender y capturar cualesquiera cañones y pertrechos que pudiesen ser enviados de Lima al sur; y, en fin, comprendiendo cuán expuesto sería dejar a retaguardia suya una fuerza no despreciable, como la existente en Nasca capaz de desbaratar, prolongar o entorpecer las operaciones que se le habían encomendado (en combinación con las que enviaran o trajeran Ramírez y Ricafort, o con algún cuerpo volante desprendido por Pezuela hacia Junín, resolvió no iniciar incontinenti su campaña de penetración, sino, antes bien, permanecer unos días más en Ica para acometer, ante todo, la persecución tenaz y la destrucción, probable y necesaria, de Químper y Montemar; jefes que, por otra parte, de no ser radicalmente destruidos podrían volver a Ica al alejarse los patriotas y ejercer represalias terribles contra los entusiastas y decididos hijos de aquella benemérita ciudad. Organizó, pues, el coronel mayor (Juan Antonio Álvarez de Arenales) una pequeña división, compuesta de los cincuenta granaderos de a caballo de Necochea, a órdenes del brillante capitán francés don Federico Brandsen; de la tercera compañía del batallón argentino núm. 11, con su capitán don José Videla del Castillo; de otra compañía del número 2 de Chile, y del piquete de treinta Cazadores de a caballo del teniente don Vicente Suárez, esos que debían acompañar al coronel mayor en toda la campaña. Jefe de tales tropas, ascendentes en un todo a doscientos cincuenta hombres, fue designado el segundo de Arenales, teniente coronel don Manuel Rojas, jefe, como ya sabemos, del E.M.G. divisionario.

El 12 de octubre, a la caída del sol, Rojas y su gente atravesaban el río de Ica, escaso de caudal, y se perdían con rumbo sur en el despoblado de Huayurí. ¿Qué era entre tanto de Químper? El alebronado coronel había, en su fuga, tocado sucesivamente en Palpa y Changuillo, y al fin detenídose en Nasca, a descansar del presuroso viaje, para luego, atravesando las inclementes y arenosas pampas de Tunga, entrar en Acarí y tomar la senda de Arequipa.

7 de octubre de 1820: Palpa y el triunfo patriota del Tnte. Coronel Rufino Guido

Picada su retaguardia, del 6 al 7, por la caballería de Guido y no obstante de tener a sus órdenes muy cerca de ochocientas plazas, todas bien montadas (inclusas las milicias del conde de Montemar), no pensó siquiera en volver caras y batir a los ciento veinte hombres máximun que consigo llevaba el comandante argentino. Apuró, al contrario, el paso, aunque favorecido ya por el regreso de sus perseguidores a Ica. Iba aquel incorregible corredor, que así alejábase cada vez más de su centro y base de operaciones -cual era la fuerza del brigadier O´Reilly, estacionada en Cañete- arreando multitud de cargas de armas, municiones y pertrechos; y, con ellas, las riquezas y los equipajes de las familias españolas asimismo emigradas el 6, ansiosas de refugiarse y no parar sino en la ciudad del Misti. Estorbado por aquella turba de gente desarmada y temerosa, y por la enorme balumba de tanto militar y privada impedimenta; y, por otra parte, seguro de que, vuelto Guido a la población de procedencia, ya no le molestarían los patriotas, a través de arenales tan inmensos como fatigosos; ocupóse, primero, en despachar hacia Acarí a las familias que le acompañaban, juntamente con cien cargas de las que les pertenecían, con su tropa y caballada, en la citada población de Nasca, ubicada allende las enunciadas pampas de Huayurí. Era ya el 15 de octubre y había, en consecuencia, transcurrido nueve días largos de la evacuación de Ica por sus fuerzas y todavía estaba Químper en el pueblo referido. Rojas, entretanto, puestos sus infantes a la grupa de la caballería, para librarlos de la apretada red de los pesados médanos aproximábase por instantes al punto que, sin precaución ni desvelo previsores refocilábase en confianza plena el adversario. No deteniéndose, por su parte, sino el tiempo estrictamente preciso para abrevar, pastar y dar desfogue a su caballada, púsose en menos de tres días, del lado allá de Changuillo; y, en la fecha ya apuntada (15 de octubre) presentóse de súbito en las cercanías de Nasca. Era la misma fecha en que las familias emigradas caminaban de este pueblo al de Acarí, y en que Químper preparábase para marchar, con destino igual, el día siguiente, 16 de octubre de 1820. El 19 toda la pequeña división de Rojas, dos veces vencedora, se reconstituye en Ica. Los Cazadores de a caballo que, con ella y en ella, vuelven a esa población (excepto los treinta del teniente Suárez, destinados ab origine a la división principal y que con ésta deben continuar hasta el término de la campaña de penetración), salen esa misma tarde de Ica al cuartel general de Pisco, conforme a las órdenes e instrucciones del general San Martín. Arenales, entre tanto, había apresurado la celebración del cabildo abierto en que el vecindario, ya reforzado y casi completo con la vuelta de quienes al principio temieron crueldades y extorsiones el ejército patriota, declaró su voluntad de ser independiente de España, así como de cualquiera otra nación extranjera…