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Las mujeres que sostienen la recolección de algas en Paracas
Cuando las mujeres empezaron a recolectar algas en la Reserva Nacional de Paracas, hace 15 años, les decían que estaban recogiendo basura. Hoy, esta actividad les permite complementar y sostener los ingresos familiares. En el distrito de Paracas existe una caleta de pescadores denominada Laguna Grande, ubicada dentro de los límites del área natural protegida;…

Cuando las mujeres empezaron a recolectar algas en la Reserva Nacional de Paracas, hace 15 años, les decían que estaban recogiendo basura. Hoy, esta actividad les permite complementar y sostener los ingresos familiares.
En el distrito de Paracas existe una caleta de pescadores denominada Laguna Grande, ubicada dentro de los límites del área natural protegida; aquí, en horas de la tarde, el viento comienza a soplar y el sol cae con fuerza. Verónica Canelo, de 47 años, entra al mar con botas de jebe para jalar los sargazos que la marea ha arrojado a la orilla. En los últimos meses ha sido picada siete veces por el pastelillo (Urotrygon chilensis), una especie de raya pequeña que habita la zona. Aun así, sigue trabajando.
Como ella, decenas de mujeres recolectan macroalgas, principalmente Macrocystis pyrifera, conocido como sargazo. La extracción solo está permitida cuando la marea expulsa las algas de manera natural y debe realizarse manualmente, tal como lo establece un decreto del Ministerio de la Producción del 2009. No hay maquinaria ni horarios fijos: el trabajo depende del viento, del oleaje y del comportamiento del mar.
De acuerdo con Manuel Ormeño, ingeniero de la Dirección Regional de la Producción de Ica, las recolectoras extraen entre 10 y 15 toneladas mensuales, dependiendo de la época del año. Actualmente, la tonelada de sargazo se cotiza en alrededor de 800 soles, aunque en años anteriores llegó a alcanzar los 2,500 soles. En promedio, una mujer puede generar entre 1,500 y 2,000 soles al mes.

Iniciativa en un contexto adverso
La recolección de algas comenzó a cobrar importancia en Paracas alrededor del año 2008, cuando Carmen Arenas advirtió el potencial económico de un recurso que hasta entonces era desechado. Su esposo había observado que en otras caletas del sur del país las algas se vendían, mientras que en Laguna Grande permanecían tiradas en la orilla.
Arenas inició la actividad junto a su hijo adolescente, acampando varios días en la playa y trabajando jornadas completas. En ese momento, la tonelada se pagaba a apenas 200 soles. Aun así, con esos ingresos logró mejorar su vivienda y adquirir bienes básicos. Hoy, es propietaria de un pequeño camión con el que transporta el producto y lidera una de las organizaciones de recolectores.
En la Reserva Nacional de Paracas existen 28 Organizaciones Sociales de Pescadores Artesanales (OSPAS) dedicadas a la recolección de algas. Varias de ellas están presididas por mujeres o integradas mayoritariamente por ellas. Algunas organizaciones, como Flamencos, Señor de Luren o Adonay, tienen una clara presencia femenina en sus dirigencias y en la toma de decisiones.
Trabajo, cuidado y doble jornada
Muchas de las recolectoras son madres de familia. La posibilidad de trabajar cuando el mar lo permite les otorga cierta autonomía, pero también deja en evidencia una carga desigual. “Sus responsabilidades de cuidado del hogar, que ocupan la mayor parte de su tiempo, muchas veces les impiden participar en talleres o capacitaciones”, señala Julia Maturrano, oficial de Océanos de WWF-Perú.
Según datos del Instituto del Mar del Perú (IMARPE), las mujeres representan el 9.3 % de la pesca no embarcada a nivel nacional -categoría que incluye la recolección de algas-, mientras que solo el 0.2 % participa en la pesca embarcada. Estas cifras muestran que la recolección se ha convertido en uno de los principales espacios de inserción femenina dentro del sector pesquero.
Además de recolectar algas, muchas de estas mujeres trabajan como estibadoras en los desembarcaderos, cargando cajas de pescado, una labor tradicionalmente asociada a los hombres. Por jornadas de dos a tres horas reciben entre 50 y 60 soles, un ingreso que, aunque bajo, les permite sumar a la economía familiar. Otras combinan estas actividades con la pesca con cordel o con pequeños emprendimientos de turismo vivencial dentro de la reserva.
Conservación y defensa del territorio
La recolección de algas en Paracas está ligada a la conservación del ecosistema. Las dirigentes de las OSPAS han manifestado su oposición al ingreso de la flota industrial a la reserva, una actividad prohibida por la legislación peruana desde 2001. Demandan proteger especies como la anchoveta, base alimenticia de aves guaneras cuyos excrementos fertilizan las praderas submarinas donde crecen las algas.
Las recolectoras también participan en acuerdos de conservación con la reserva y se comprometen a limpiar las playas una vez finalizada su labor. Algunas, como Verónica Canelo, cumplen funciones como guardaparques voluntarias y alertan a las autoridades sobre actividades ilegales, como la pesca con dinamita.
Los bosques de macroalgas cumplen un rol clave en la biodiversidad marina y en la mitigación del cambio climático. Según especialistas, absorben grandes cantidades de dióxido de carbono y sirven de refugio y zona de reproducción para peces, mariscos y moluscos. Sin embargo, a pesar de que entre 2010 y 2023 se exportaron alrededor de 367,000 toneladas secas de macroalgas, no existen evaluaciones oficiales de estas especies bajo los estándares de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza.
Cuentas pendientes
Aunque se registran avances, existen desafíos que enfrentar. No existe un registro oficial de mujeres que trabajan como estibadoras en los desembarcaderos, ni un reconocimiento pleno de la diversidad de roles que cumplen dentro de la cadena pesquera. Según WWF-Perú, es necesario impulsar políticas públicas que consideren las particularidades de la participación femenina en actividades como la recolección, el procesamiento y la comercialización.
Lo que comenzó como una actividad despreciada terminó convirtiéndose en una fuente clave de ingresos y organización para decenas de mujeres en Paracas. La recolección de algas no solo transformó un desecho en recurso, sino que demostró la capacidad de estas mujeres para sostener economías familiares, cuidar el mar y abrirse espacio en un sector que históricamente les fue ajeno.
(Felipe Olivares Mozo)
