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Delito sin castigo
Ya resulta escalofriante vivir en el Perú, porque aparte de la delincuencia callejera que tanto daño hace a los ciudadanos, tenemos la más peligrosa: la delincuencia institucional, aquella que no necesita salir a las calles para asaltarte, ni las madrugadas para fracturar la puerta de tu vivienda y llevarse tus pertenencias, sino aquella que te…

Ya resulta escalofriante vivir en el Perú, porque aparte de la delincuencia callejera que tanto daño hace a los ciudadanos, tenemos la más peligrosa: la delincuencia institucional, aquella que no necesita salir a las calles para asaltarte, ni las madrugadas para fracturar la puerta de tu vivienda y llevarse tus pertenencias, sino aquella que te espera en sus oficinas con saco, con corbata, con moderna computadora, con secretaria y con todos los elementos que lo hagan ver como un personaje importante y que está dispuesto a servirte.

Ahí está tranquilo, esperando que caiga algún incauto a solicitar su servicio… ese servicio que, por la naturaleza de su función, está obligado a prestártelo, ya que para eso le paga el Estado. Sin embargo, te recibe, te escucha, te conversa y te hace ver tu trámite como si fuese el más difícil del mundo y por el que hay que hacer todos los sacrificios para cumplirlo.
Nosotros, muy propensos al chantaje y a la coima… como mansos corderitos caemos en su trampa y, queriendo o sin querer, le ofrecemos “algo” a cambio de que nos sirva. Ahí empieza el tortuoso camino de la corrupción y ahí están los dos elementos del delito que esta vez no son: la víctima, que es el usuario, y el victimario, que es el que “resuelve” el caso. Esta acción de “dar” y “recibir” ha involucrado a ambos en el delito del “soborno” y han convertido a nuestro Perú en la víctima, ¡Si compatriotas! en la víctima de la inseguridad, del desprestigio y el deshonor.
Ya existe la Ley que sanciona -“en el caso del soborno”- al sobornador y al sobornado; pero, hasta la fecha, pese a que todos los días se coimea y se soborna, no se ven sancionados por la comisión de este delito y… ¿saben por qué?… porque las autoridades y funcionarios que tienen que castigar este delito, también lo practican.
Algo tenemos que hacer para revertir esta gravísima situación, y la única manera de lograrlo es armándonos de valor y denunciando a cuanto coimero se cruce en nuestro camino, porque el no hacerlo significa que lo estamos apoyando o que no nos interesa en absoluto el Perú, este Perú que le estamos dejando a nuestros hijos, quienes van a tener que coimear hasta para que los dejen respirar.
