,

Aprendamos de elecciones pasadas

Por: Raúl Bravo Sender. En menos de un mes se celebrarán las elecciones generales en el Perú. Los electores peruanos elegiremos al nuevo presidente de la República y sus dos vicepresidentes, además a los senadores y diputados que integrarán al Congreso de la República. Han logrado la inscripción treinta y seis candidaturas presidenciales, lo que…

Por: Raúl Bravo Sender.

En menos de un mes se celebrarán las elecciones generales en el Perú. Los electores peruanos elegiremos al nuevo presidente de la República y sus dos vicepresidentes, además a los senadores y diputados que integrarán al Congreso de la República. Han logrado la inscripción treinta y seis candidaturas presidenciales, lo que evidencia que la atomización del sistema partidario es reflejo de la fragmentación social y de la falta de confianza en los partidos políticos, que dará lugar a la dispersión del voto en la primera vuelta electoral y forzará al balotaje.

En mérito a elecciones pasadas ¿qué hemos aprendido los electores y la ciudadanía en el Perú? Nuestro país vuelve a la democracia en las elecciones del año 1980, y el electorado desagravia al arquitecto Fernando Belaunde volviendo a elegirlo presidente luego que los militares le dieran el golpe de Estado del año ´68. Los años 80 fueron una década perdida, pues los electores apostaron por candidaturas de corte populista que llevaron al país al colapso económico, político y social, consolidándose hacia finales de dicha década el terrorismo. El joven Alan García en su primer gobierno incluso intentó estatizar la banca privada.

De una u otra manera las elecciones del año 1990 constituyen un punto de quiebre, pues aparece en escena el candidato reformador personificado en Mario Vargas Llosa, quien propone un modelo de libre mercado y democracia liberal, con el respeto a la propiedad privada como su fundamento. En dichas elecciones el elector peruano prefirió una mentira antes que afrontar la realidad, pues terminó eligiendo en una segunda vuelta electoral al ingeniero Alberto Fujimori, quien en su gobierno implementó medidas orientadas a desregular el mercado y el fomento de la inversión privada.

Con el tiempo, y con el propósito de mantenerse en el poder, Fujimori se vuelve populista y se vio forzado a renunciar en medio de escándalos que comprometieron su gobierno. A pesar de ello, combatió al terrorismo y con la Constitución del año 1993 sentó las bases institucionales para que el Perú se encaminara en la ruta del crecimiento económico y el desarrollo. En medio de denuncias de fraude, las elecciones del año 2000 empoderaron a la oposición, y los líderes políticos cerraron filas por el candidato Alejandro Toledo, quien en las elecciones presidenciales del siguiente año le ganó al recién llegado del ostracismo Alan García.

Desde las elecciones de aquel año ha venido ganando quien se colocaba en el centro del espectro político, desplazando a sus contendores a los extremos de derecha e izquierda. Lo hizo Toledo con Flores y García en el 2001, García con Flores y Humala en el 2006. En las elecciones del 2011 Ollanta Humala modera su discurso y encasilla a Keiko Fujimori como la candidata de la derecha. En las elecciones del 2016, a pesar que los candidatos que pasaron a la segunda vuelta, esto es, Pedro Pablo Kuczynski y Keiko Fujimori, representaban en cierta medida posturas políticas e ideológicas un tanto similares, sin embargo, por el fuerte rechazo hacia la candidata del fujimorismo generado como corriente de opinión por ciertas organizaciones sociales y políticas, varios candidatos de la izquierda terminaron plegándole su voto al candidato de Peruanos por el Kambio.

Mucho se alega que la actual crisis de polarización se remonta al año 2016, en el que el fujimorismo obtuvo mayoría parlamentaria, ejerciendo un rol más que fiscalizador del Gobierno, obstruccionista. Existe una fuerte polarización entre los poderes del Estado, Ejecutivo y Legislativo, siendo que quienes han encabezado dichos poderes han ejercido irresponsablemente los mecanismos de control político, como cuando en el 2019 el entonces presidente Martín Vizcarra disolvió el Congreso bajo la inconstitucional figura de la denegatoria fáctica de la cuestión de confianza.

Es la cuarta ocasión consecutiva en que el fujimorismo postula a Keiko a la Presidencia de la República. Se ha sostenido sarcásticamente que incluso un panetón le ganaría las elecciones. A pesar de ello, era la opción que teníamos los peruanos en la segunda vuelta de las pasadas elecciones frente al riesgo de caer en la órbita del comunismo internacional. Sin embargo, la insensatez y el odio irracional exacerbados por la pandemia generó las condiciones de frustración que predispusieron a los electores a apostar por un candidato radical de izquierda que, apelando a hacerse el pobrecito provinciano venido del magisterio y del campo, terminó socavando las instituciones democráticas del estado de derecho mediante un discurso incendiario y de mayor división entre peruanos, siendo vacado en diciembre del 2022 por quebrar el orden constitucional.

¿Qué hemos aprendido los peruanos de todas estas elecciones? Queda claro que apostar por candidatos que ofrecen cambios radicales como una Asamblea Constituyente para dar una nueva Constitución, en el fondo significan un salto al vacío. Lo que debe importarnos más allá de lo que siempre todos los candidatos ofrecen y nunca cumplen, esto es, cambio y renovación, son las ideas, programas y planes de gobierno que ofrecen, y los equipos técnicos que los acompañan. Y las ideas de la libertad, con democracia y mercado en el marco del estado de derecho, constituyen la única fórmula para que el Perú siga en la senda del crecimiento económico y el desarrollo. Que esta vez prevalezca la sensatez antes que la irracionalidad.