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Si votamos sin pensar, mejor renunciamos a ser ciudadanos
Por: Lic. Jesús Acevedo Herrera, Past Decano del Consejo Regional de Ica, Colegio de Periodistas del Perú, Reg. FPP. 5385, Reg. CPP. 030. Si nos ponemos a pensar: ¿Cuál es nuestra responsabilidad al cumplir nuestro deber de votar en el próximo proceso electoral? ¿Seremos nosotros los verdaderos culpables de tener malas autoridades en nuestra provincia,…

Por: Lic. Jesús Acevedo Herrera, Past Decano del Consejo Regional de Ica, Colegio de Periodistas del Perú, Reg. FPP. 5385, Reg. CPP. 030.
Si nos ponemos a pensar: ¿Cuál es nuestra responsabilidad al cumplir nuestro deber de votar en el próximo proceso electoral? ¿Seremos nosotros los verdaderos culpables de tener malas autoridades en nuestra provincia, región o en el país? o, quizás simplemente agachamos la cabeza.
Sin temor a equivocarme diremos que hay algo más peligroso que un mal candidato: el hecho de convertirnos en un elector, en un ciudadano que -lamentablemente- no sabe por quién va a votar.
En cada proceso electoral, miles -quizás millones- de ciudadanos se enfrentan a la misma escena: una cédula en la mano y una decisión que no entienden del todo. No porque no puedan comprenderla, sino porque nunca se detuvieron a pensar qué significa realmente votar…Y ahí comienza el problema.
Aclaremos, el voto no es trámite. No es una obligación incómoda. No es un acto automático que se resuelve en segundos. El voto es, en esencia, un acto de poder. Pero también de responsabilidad. Y, más aún: es una declaración de quién eres como ciudadano.
Sin embargo, ¿cuántos votan con convicción? ¿cuántos votan con información? ¿cuántos votan con criterio? la respuesta incomoda, pero hay que decirlo: muy pocos.
Se vota por simpatía, por costumbre, por presión, por conveniencia inmediata…o, peor aún, por ignorancia asumida. Se elige sin evaluar, sin cuestionar, sin exigir. Y luego se reclama como si el resultado hubiera sido ajeno. Pero no lo es.
Cada voto mal pensado es una puerta abierta a la mediocridad; cada voto irresponsable es una renuncia voluntaria al derecho de exigir un buen gobierno. Y cada voto comprado, aunque sea por algo aparentemente insignificante, es una traición directa al propio futuro.
Aquí es donde la confrontación se vuelve necesaria: Si no entiendes por quién votas estás permitiendo que otros decidan por ti. Si no te importa elegir bien, entonces no tienes autoridad moral para quejarte después. Si reduces tu voto a un beneficio inmediato, estás hipotecando tu dignidad como ciudadano.
Duro, sí, pero es necesario. Porque el problema no está solo en los candidatos que decepcionan, sino en los ciudadanos que no cuestionan. En aquellos que no investigan, que no comparan, que no se preguntan qué hay detrás de cada promesa.
Votar con el uso de la razón implica algo simple, pero exigente: detenerse a pensar.
Analizar trayectorias, evaluar propuestas, desconfiar de lo fácil y rechazar lo superficial significa entender que el voto no cambia solo autoridades, cambia realidades.

Y eso no se hace a la ligera. Hoy, más que nunca, el elector indeciso no necesita más propaganda, necesita más conciencia. No necesita que le digan por quién votar, necesita entender por qué debe hacerlo bien. Porque al final la verdadera pregunta no es quién gana una elección. La verdadera pregunta es: ¿Qué tipo de ciudadano decide ese resultado? Y esa respuesta, guste o no, está en cada uno.
Finalmente, no es solo votar…es entender por qué lo haces. Hay ciudadanos que votan…y hay ciudadanos que deciden. La diferencia no está en la cédula, está en la conciencia. Hoy el problema no es solo a quién eliges, sino cómo decides elegir. Porque votar sin pensar no es inocente: es renunciar a tu responsabilidad.
Para reflexionar
No se trata de candidatos perfectos. Se trata de ciudadanos conscientes. No se trata de simpatía. Se trata de criterio. No se trata de promesas. Se trata de responsabilidad.
Antes de votar, pregúntate: ¿Estoy eligiendo…o solo estoy marcando? Porque al final, no gana el mejor candidato…gana el resultado del nivel de conciencia de su pueblo.

