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UN PUNTO DE VISTA ¿Qué necesita el Perú en estos momentos?
Por: Raúl Bravo Sender rantoniobravo@yahoo.com No se puede tapar el sol con un dedo Las últimas elecciones generales dejan una sensación de desconfianza en los organismos constitucionales autónomos que conforman al sistema electoral. Muchas omisiones, irregularidades -¿y hasta ilegalidades?- nos inclinan a suponer -salvo prueba en contrario- que todo fue orquestado adrede para beneficiar y/o…

Por: Raúl Bravo Sender rantoniobravo@yahoo.com
No se puede tapar el sol con un dedo
Las últimas elecciones generales dejan una sensación de desconfianza en los organismos constitucionales autónomos que conforman al sistema electoral. Muchas omisiones, irregularidades -¿y hasta ilegalidades?- nos inclinan a suponer -salvo prueba en contrario- que todo fue orquestado adrede para beneficiar y/o perjudicar a ciertos candidatos. A casi un mes de la segunda vuelta electoral, la incertidumbre prevalece, no se ha respetado la voluntad popular y hasta posiblemente se ha infringido la Constitución.
En las anteriores elecciones muchos incrédulos sostenían ante las advertencias que en campaña les dijimos sobre el candidato del sombrero, que las mismas no pasarían, pues a lo mucho nos acercaríamos al modelo boliviano. Hoy, Bolivia colapsa, y el 7 de diciembre del 2022 en nuestro país, desde el poder presidencial, hubo un intento de infringir la Constitución y menoscabar la gobernabilidad democrática y el estado de derecho. El tiempo nos terminó dando la razón.
Durante estos cinco años ¿qué hemos aprendido? Nada. Las contradicciones se han acelerado, el sistema de partidos se ha fragmentado, y cuatro presidentes han pasado por Palacio. La ciudadanía sigue dejándose manipular por grupos radicales y extremistas que no creen ni en la democracia ni en el estado de derecho, y sólo por dar la contra a alguien terminan entregando el país a quienes no muestran señales de una actitud y comportamiento democráticos y respetuosos de la ley y de los derechos de las personas.
Sin capacidad de racionalizar causas y efectos, ni de prever las consecuencias de un voto irresponsable, ni de reflexionar sobre lo que nos conviene como país y de lo que nos ha permitido realmente ir superando la pobreza, muchos sólo saben repetir frases clichés que las escucharon a alguien que hinchado gritó -y que por eso creyó tener la razón- “nunca más” (en alusión a ya sabemos quién), evidenciando un odio y resentimiento irracionales que no les permiten identificar a los verdaderos causantes de los problemas nacionales.
Por ello, es momento de desmontar aquella narrativa que ha prevalecido durante los últimos años consistente en una versión interesada, parcializada, distorsionada, sesgada, incluso con el agravante de falsear la verdad, sobre los hechos y protagonistas del Perú reciente. La historia se debe abrir paso sobre aquella narrativa para que las nuevas generaciones sepan realmente quién es quién y así no terminen victimizando a los victimarios ni romanticen el proceder subversivo de quienes sembraron terror.
Lo que realmente ha ocurrido en el Perú en los últimos años es una vil manipulación de los hechos y de la legalidad. Los subversivos han volteado el pastel y ahora se presentan como respetuosos del sistema del cual reniegan y al que en el fondo sólo quieren destruir desde dentro, utilizando los mecanismos de la democracia formal para cambiar el régimen y perpetuarse en el poder bajo la fachada de revolución, desconociendo que las verdaderas revoluciones se producen sin forzarlas y respetando derechos y libertades.
¿La suerte está echada? ¿El Perú es más grande que sus problemas? Se ha reformado a la Constitución restableciendo la bicameralidad en el Parlamento. Sea quien salga elegido Presidente, las instituciones democráticas del estado de derecho no pueden ceder ante ningún poder, y el Parlamento debe saber controlar al Leviatán ante el mínimo intento de pretender menoscabar la legalidad y las instituciones y/o vulnerar nuestros derechos inherentes por el hecho de ser seres humanos y que no se los debemos a nadie.

