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Más allá de la pobreza en Ica: el reto de no volver a caer

Por: Naomi Rodríguez, Economista del Consejo Privado de Competitividad. Ica cerró 2025 con la menor incidencia de pobreza monetaria del país: solo el 4,5% de su población se encontraba en condición de pobreza, una cifra muy inferior al promedio nacional de 25,7%. Este desempeño no constituye un hecho aislado. Desde 2014, Ica se ha mantenido…

Por: Naomi Rodríguez, Economista del Consejo Privado de Competitividad.

Ica cerró 2025 con la menor incidencia de pobreza monetaria del país: solo el 4,5% de su población se encontraba en condición de pobreza, una cifra muy inferior al promedio nacional de 25,7%. Este desempeño no constituye un hecho aislado. Desde 2014, Ica se ha mantenido como el departamento con menor pobreza del Perú, lo que refleja una trayectoria sostenidamente favorable en comparación con el resto del país. En perspectiva, la reducción ha sido significativa en los últimos 25 años: la pobreza monetaria pasó de 12,4% en 2010 a 4,5% en 2025. Aunque el shock de 2020 elevó temporalmente este indicador hasta 8,5%, en los años posteriores la región retomó una senda descendente y volvió a ubicarse entre los niveles más bajos del país.

Este avance responde, en buena medida, al dinamismo económico que la región ha consolidado durante las últimas décadas, especialmente alrededor de la agroexportación. En 2025, la actividad económica regional creció 4%, impulsada principalmente por el agro, que avanzó 8,8%, junto con la construcción, manufactura y transporte, que registraron crecimientos de 12,3%, 7,1% y 4,3%, respectivamente. Según el Instituto Nacional de Estadística e Informática (INEI), productos como el arándano y la uva contribuyeron a sostener las exportaciones y la generación de empleo en distintas provincias del departamento. Asimismo, la construcción se vio favorecida por los avances en inversión pública en infraestructura vial y saneamiento en localidades como Chincha, Nasca y Marcona.

Los ingresos también reflejan este dinamismo. En 2025, el ingreso promedio mensual por persona en Ica alcanzó S/ 1.266, uno de los niveles más altos del país. No obstante, el gasto real promedio mensual por persona todavía se mantiene 5,7% por debajo de niveles prepandemia. Esto sugiere que, pese al aumento de ingresos monetarios, muchas familias aún enfrentan limitaciones para consolidar mejoras sostenibles en su capacidad de consumo y bienestar.

Ica tiene mucho que mostrar como caso de avance regional: baja pobreza, agroexportación dinámica, ingresos relativos elevados y una economía que ha mostrado capacidad de expansión y recuperación incluso después de shocks severos. Sin embargo, esos mismos avances hacen necesario mirar un aspecto que no debería quedar fuera del diagnóstico: la incidencia de vulnerabilidad monetaria. Aunque la región ha logrado crecer y reducir significativamente la pobreza, aproximadamente entre 30% y 35% de la población iqueña no es pobre, pero permanece expuesta al riesgo de caer en pobreza ante una crisis económica, laboral, climática o de salud, como evidenció la pandemia. Esta diferencia es clave: mientras la pobreza monetaria mide una situación actual de insuficiencia de gasto, la vulnerabilidad monetaria identifica a quienes, pese a haber superado esa línea, aún no cuentan con suficiente estabilidad económica para enfrentar un shock sin retroceder.

Frente a este tipo de vulnerabilidad, la literatura sugiere una agenda orientada a fortalecer la resiliencia productiva de los hogares y sectores económico. El Banco Mundial, en su estudio “Tomando impulso en la agricultura peruana”, sostiene que el desarrollo agrícola de la costa no debe limitarse a expandir la producción primaria, sino integrarse a una estrategia más amplia de cadenas de valor. Ello implica fortalecer no solo lo que ocurre en la unidad agropecuaria, sino también las etapas posteriores: procesamiento, logística, comercialización, acceso a mercados y coordinación de inversiones. Además, el informe resalta la importancia de complementar los apoyos productivos con crédito, inversiones en riego, titulación de tierras e infraestructura vial. Esta mirada resulta relevante para Ica, porque permite ordenar el debate: no se trata de cuestionar su dinamismo regional, sino de fortalecer las condiciones que hacen posible que ese crecimiento se traduzca en ingresos más estables, mayor productividad y menor exposición frente a shocks.

Por ello, el desafío de Ica ya no pasa solo por mantener el crecimiento, sino por hacerlo cada vez más resistente. Reducir la vulnerabilidad exige acompañar el dinamismo regional con mayor productividad, mejor infraestructura, empleos de mayor calidad y mecanismos de mitigación de riesgos ante pérdidas de ingresos. En otras palabras, el verdadero desarrollo no depende únicamente de cuántas personas logran salir de la pobreza, sino de cuántas logran no volver a caer en ella.