La verdad nunca muere

Por: Humberto Fajardo Acabamos de celebrar el día del periodista y hay una diversidad de opiniones sobre la difícil profesión que ejercemos, de revelar toda la corrupción e inmoralidades que cometen las autoridades de turno en la administración pública. Amparados en las libertades de prensa y expresión, el periodista, luego de una proficua investigación, tiene…

Por: Humberto Fajardo

Acabamos de celebrar el día del periodista y hay una diversidad de opiniones sobre la difícil profesión que ejercemos, de revelar toda la corrupción e inmoralidades que cometen las autoridades de turno en la administración pública.

Amparados en las libertades de prensa y expresión, el periodista, luego de una proficua investigación, tiene que cumplir el deber de publicarla a la sociedad que tiene el derecho a ser informada.

Un periodista serio y digno jamás debe encubrir, porque eso es ocultar una verdad. Sería un hecho repudiable. Silenciar una verdad descubierta con pruebas no es recomendable, porque pasaríamos a convertirnos en apañadores, alcahuetes y cómplices. Hay que entender bien este concepto. La verdad nunca muere.

Según la UNESCO, cada año un periodista en el mundo recibe el premio más honroso, denominado PULITZER, pero hay una contraseña muy lamentable en ese periodo de doce meses: cien periodistas reciben un disparo, todo por publicar sus denuncias con la más absoluta verdad.

En nuestro país, según el informe de la ANP, en lo que va del año se han producido 84 ataques contra periodistas y medios de comunicación. Esto significa que la relación de la prensa con entidades del poder se ha vuelto más tensa.

No es solo el Ejecutivo -que culpa de todo lo denunciado a la prensa- o el legislativo y sus iniciativas mordaza. El gobierno regional ni hablar, y también la justicia que sin un criterio irrebatible les hace el juego a los enemigos de la libertad de prensa.

La profesión periodística se orienta al servicio público difundiendo interminables denuncias. Por eso, repito, toda investigación debe lograr la exactitud, que es la fuente magistral del periodismo.