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¿Una muerte premeditada? El asesinato de Luis Miguel Sánchez Cerro
|Por: Miguel Arturo Seminario Ojeda Historiador, director del Museo Electoral y de la Democracia de la Dirección Nacional de Educación y Formación Cívica Ciudadana del Jurado Nacional de Elecciones El 26 de mayo de 1931 se creó el Jurado Nacional de Elecciones, y su primera gran tarea fue liderar el proceso electoral de ese año,…

|Por: Miguel Arturo Seminario Ojeda
Historiador, director del Museo Electoral y de la Democracia
de la Dirección Nacional de Educación y Formación Cívica
Ciudadana del Jurado Nacional de Elecciones
El 26 de mayo de 1931 se creó el Jurado Nacional de Elecciones, y su primera gran tarea fue liderar el proceso electoral de ese año, que, en un disputado desarrollo, confirmó como ganador al comandante Luis Miguel Sánchez Cerro, quien debería gobernar el país de 1931 a 1936, conforme lo establecía la Constitución vigente.
Paralelamente se eligió a los constituyentes, que darían al país una nueva Carta Magna, proceso en el que resultaron ganadores por Ica, César Balocchi Silva, Enrique Villagarcía Humaga, Gonzalo Carrillo Benavides, Enrique Escardó Salazar y José Matías Manzanilla, quien dejaría una huella imborrable en el papel que le tocó representar.

Presidente Luis Miguel Sánchez Cerro
(Óleo del Fondo Museográfico del Jurado Nacional de Elecciones)
Luis Miguel Sánchez Cerro es uno de los pocos gobernantes de los siglos XIX y XX, cuyo recuerdo está en la memoria colectiva de los peruanos. El 30 de abril de 1933, poco después de promulgarse la Constitución Política de ese año, fue asesinado siendo ya general, señalándose culpable al aprista Abelardo Mendoza Leyva, pese a que se sospechó que la muerte obedeció a otros propósitos; incluso una hija francesa del difunto presidente, siempre supuso que una alta autoridad estuvo comprometida en eso.
El comandante Sánchez Cerro estaba aureolado de un prestigio que ganó cuando se puso fin al “Oncenio” del gobierno del presidente constitucional Augusto B. Leguía, en agosto de 1930, tras su levantamiento en Arequipa, considerando las sucesivas reelecciones como una burla a la democracia y a los ciudadanos que estaban disconformes con esa situación.
El asesinato ocurrió en el Hipódromo de Santa Beatriz, hoy Campo Marte, en el distrito de Jesús María, tras pasar lista a las tropas que iban a combatir a la selva por el conflicto con Colombia. Al retirarse en su vehículo descapotado Abelardo Mendoza Leyva le disparó varios tiros por la espalda, falleciendo dos horas después en el Hospital Italiano.
La muerte del asesino, que cayó abatido a tiros por la tropa presente, dejó el suceso expuesto a muchas conjeturas, al no obtenerse confesión alguna por parte de quien quitó la vida al presidente constitucional nacido en Piura, que llegara a la más alta magistratura por votación popular y que fuera el primer reconocido por el Jurado Nacional de Elecciones, que había empezado a funcionar dos años antes.
Si alguien contrató a Mendoza Leyva para el asesinato, solo lo sabrían quienes tramaron la muerte, cuya culpa recayó en este aprista nacido en Cerro de Pasco, sabiéndose que era un trabajador eventual sin lugar laboral fijo. Por entonces, el Partido Aprista Peruano había sido proscripto y se relacionó esta situación con el comportamiento del homicida. Los representantes apristas estaban desaforados del Congreso y los militantes no podían olvidar las masacres de 1932 en Trujillo, Chocope, y otros pueblos del norte peruano, por eso se asoció el comportamiento de Mendoza Leyva con esta realidad.
El Partido Aprista Peruano negó la autoría del crimen, señalando que si Mendoza Leyva era el asesino había actuado directamente, sin haberse complotado con otros apristas, pese a determinarse que en realidad fueron 4 personas las que dispararon contra el presidente. ¿Quiénes fueron los demás?, sigue siendo un misterio, porque los otros sospechosos detenidos quedaron en libertad.
El Congreso, yendo por encima de la legislación vigente, eligió a Oscar R. Benavides para terminar el gobierno de Sánchez Cerro. Benavides había atentado contra la democracia en 1914, dando un golpe de Estado al presidente constitucional Guillermo Billinghurst, y en 1936 atentaría nuevamente contra la democracia, desconociendo la voluntad popular en las elecciones de ese año, cuando ganó Luis Antonio Eguiguren Escudero, dándose a Benavides tres años más para gobernar. La banda presidencial de Sánchez Cerro se conserva en el Museo del Jurado Nacional de Elecciones.
