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Al inicio del año nuevo: la edad no cancela la palabra

Por: Lic. Jesús Acevedo Herrera, Past Decano del Consejo Regional de Ica del Colegio de Periodistas del Perú. Empiezo un nuevo año de vida. Me pongo a pensar en el mañana, pero lo hago con la serenidad que dan lo años y sin perder la convicción de que aún tengo algo que decir. No escribo…

Por: Lic. Jesús Acevedo Herrera, Past Decano del Consejo Regional de Ica del Colegio de Periodistas del Perú.

Empiezo un nuevo año de vida. Me pongo a pensar en el mañana, pero lo hago con la serenidad que dan lo años y sin perder la convicción de que aún tengo algo que decir. No escribo hoy como ayer, no escribo desde la necesidad ni desde la queja -hay que decirlo- con rabia, sino desde la experiencia de haber vivido, observado y reflexionado durante décadas.

Quiero decirles que la edad no me ha quitado la capacidad de pensar. Al contrario, me ha enseñado a hacerlo con más cuidado. He aprendido que todo no se resuelve con rapidez, que no todo lo nuevo es mejor y que el silencio, cuando es impuesto por la edad, también es una forma de injusticia que se comete en esta sociedad.

Vivimos tiempos en los que la velocidad ha reemplazado a la reflexión y, en esa instancia, la juventud muchas veces se confunde peligrosamente con esa verdad. Quien supera los setenta u ochenta años suele ser visto como una figura del pasado, alguien a quien se escucha por cortesía, pero no por convicción. Esa es una forma silenciosa de exclusión que no se dice, que se calla, pero mucho se practica.

La edad, sin embargo, no anula la conciencia. Al contrario, la afina. Los años no solo suman arrugas, acumulan memoria, criterio y capacidad de análisis. He vivido lo suficiente como docente o periodista para comprender que el pensamiento no se mide por la fuerza de la voz, sino por la coherencia de las ideas. Y esa coherencia solo la da el tiempo.

He aprendido, disculpen que sea ufano, que el verdadero razonamiento no nace la improvisación, sino de la observación prolongada de la realidad.

He visto errores, cambiar discursos y caer promesas. Por eso hablo, por eso escribo, no para imponer sino para advertir; no para figurar, sino para aportar. Callar a esta edad sería una forma de renuncia.

No soy un hombre anclado en el pasado. Soy un hombre con pasado, y eso marca una diferencia sustancial. Mi experiencia no es un peso muerto, es un bastón que me permite seguir caminando con firmeza en medio de la confusión actual. La experiencia no reemplaza a la juventud, pero la orienta cuando esta se pierde.

Escribo y hablo porque pensar sigue siendo mi manera de existir. Y porque el periodismo, aun en la madurez de la vida, no consiste en correr detrás de la noticia como años lo realice a nivel nacional, sino en ayudar a comprenderla. La edad no cancela la palabra, la vuelve más responsable.

Inicio este nuevo año sabiendo que he cometido errores, como todo ser humano, pero también con la tranquilidad de haber aprendido de ellos. Mi pasado no me ata ni me amarra las manos y silencia la conciencia, por el contrario, me sostiene. Me permite hablar y escribir con respeto, pero también con firmeza. Escribo y opino porque pensar es mi forma de seguir vivo. Porque aun creo que la palabra dicha con verdad puede ayudar a comprender mejor la realidad. Y porque la edad no cancela la voz ni lo escrito: la vuelve más consciente.

No soy un hombre del pasado. Soy un hombre con pasado. He vivido lo suficiente para saber que la vida no se entiende con prisa, sino con reflexión. Tengo años, sí, pero también tengo memoria, criterio y conciencia. No camino tan rápido como antes, pero sé hacia dónde voy.

Este nuevo año no lo empiezo desde el retiro interior, sino desde la reflexión activa. Mientras tenga lucidez, seguiré diciendo lo que pienso. No por protagonismo, sino por responsabilidad.

Inicio este nuevo año de vida con gratitud, con dignidad y con la certeza de que, mientras haya conciencia, uno sigue vivo.