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Ica y la infraestructura para el desarrollo

Por: David Tuesta, Presidente del Consejo Privado de Competitividad El desarrollo económico sostenible descansa sobre múltiples factores, pero pocos son tan determinantes como la infraestructura. La teoría económica ha mostrado de manera consistente que las inversiones en transporte, agua, saneamiento, energía y conectividad elevan la productividad, reducen los costos de transacción, facilitan la integración de…

Por: David Tuesta, Presidente del Consejo Privado de Competitividad

El desarrollo económico sostenible descansa sobre múltiples factores, pero pocos son tan determinantes como la infraestructura. La teoría económica ha mostrado de manera consistente que las inversiones en transporte, agua, saneamiento, energía y conectividad elevan la productividad, reducen los costos de transacción, facilitan la integración de mercados y fortalecen la competitividad de los territorios. En consecuencia, la infraestructura no constituye únicamente un componente del gasto público, sino un activo estratégico que amplía la capacidad de crecimiento de largo plazo y mejora el bienestar de la población.

Ica constituye un caso particularmente ilustrativo. Durante las últimas décadas, la región se ha consolidado como uno de los principales motores productivos del país gracias al dinamismo de la agroexportación, la minería y el turismo. Sin embargo, precisamente porque su crecimiento ha sido exitoso, enfrenta el desafío de continuar ampliando y modernizando la infraestructura que sustenta esa expansión. Mantener el liderazgo económico regional exigirá no solo seguir invirtiendo, sino hacerlo con una visión estratégica que acompañe las nuevas demandas de competitividad y desarrollo.

Los datos muestran que ese esfuerzo se ha intensificado. En el último quinquenio presidencial (2021-2026), la inversión pública ejecutada en Ica alcanzó los S/ 7.947 millones, frente a los S/ 2.560 millones del quinquenio anterior. Esto representa un incremento de 210%, el mayor crecimiento registrado entre todos los departamentos del Perú. Gracias a ello, Ica pasó del puesto 20 al puesto 12 en el ranking nacional de inversión pública.

Se trata de una noticia positiva. No porque gastar más sea un objetivo en sí mismo, sino porque refleja una mayor capacidad para cerrar brechas que durante años limitaron el potencial de la región. Además, el crecimiento ha sido compartido entre los distintos niveles de gobierno. La inversión del Gobierno Regional aumentó 333%, la de los gobiernos locales 224% y la del Gobierno Nacional 139%. Esta evolución muestra que existe un esfuerzo descentralizado para responder a las necesidades de infraestructura de la región.

Pero la pregunta realmente importante no es cuánto se invirtió, sino en qué. La principal prioridad siguió siendo el transporte, cuya inversión prácticamente se triplicó hasta superar los S/ 2.000 millones. No sorprende. Una región cuya competitividad depende de sacar rápidamente su producción hacia los mercados necesita carreteras y vías logísticas eficientes. También destaca el importante incremento en seguridad ciudadana, que alcanzó S/ 1.812 millones, y el fuerte impulso a la infraestructura agropecuaria, indispensable para sostener el liderazgo agrícola de Ica.

Sin embargo, sería un error pensar que el desafío termina con ejecutar más presupuesto. El verdadero reto es construir infraestructura que transforme la productividad durante las próximas décadas. La literatura económica es clara al respecto. La infraestructura de calidad reduce costos logísticos, facilita la inversión privada, mejora la integración de mercados y eleva la productividad. Pero estos beneficios aparecen únicamente cuando las obras responden a una adecuada planificación territorial, cuentan con mantenimiento y forman parte de una visión integral de desarrollo.

En otras palabras, una carretera aislada vale mucho menos que una red logística; una obra de irrigación aislada produce menos impacto que una estrategia integral de gestión del agua; un hospital nuevo sirve poco si no cuenta con personal y equipamiento suficiente. Ica tiene hoy una oportunidad excepcional. El enorme incremento de recursos destinados a infraestructura debe convertirse en una plataforma para dar el siguiente salto de desarrollo. La región necesita consolidar corredores logísticos modernos, fortalecer su infraestructura hídrica frente al cambio climático, mejorar la conectividad entre provincias y asegurar que las ciudades acompañen el crecimiento económico con mejores servicios públicos.

El desafío de los próximos años ya no será únicamente invertir más. Será invertir mejor. Porque la infraestructura no debe medirse por los millones ejecutados, sino por la productividad que genera, la inversión privada que atrae y la calidad de vida que mejora. Si Ica logra ese objetivo, habrá demostrado que la infraestructura no solo construye obras: construye oportunidades para toda una generación.