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Nuestra Ica de los «60» y el Himno oficial de la Vendimia (I)
Nuestra Ica de 1960 era lugareña y tranquila. Frondosos ficus en doble hilera brindaban necesaria sombra a una Plaza de Armas que con sus jardines y pileta central acogían a los numerosos lugareños que la escogían para sus sabrosas tertulias. El Centro Social tan solo tenía dos pisos y la cartelera diaria de los cines…
Nuestra Ica de 1960 era lugareña y tranquila. Frondosos ficus en doble hilera brindaban necesaria sombra a una Plaza de Armas que con sus jardines y pileta central acogían a los numerosos lugareños que la escogían para sus sabrosas tertulias. El Centro Social tan solo tenía dos pisos y la cartelera diaria de los cines se exhibían en un panel luminoso ubicado en la esquina de Municipalidad y Bolívar. El servicio de taxis, con su teléfono instalado en el tronco de un ficus, así como el estacionamiento vehicular, brindaban curioso entorno a nuestro parque principal.
La ciudad era pequeña. La entonces calle San Martin concluía en la esquina con Camaná y el remate era el antiguo Colegio Industrial, y los restos de lo que fue el recreo de El Edén, de la familia Malatesta Bada. Lo que es ahora la urbanización San Francisco, es decir, tercera cuadra de calle Huánuco y Libertad, era la huerta conventual de los franciscanos y el céntrico barrio de las Tres Acequias. El fin de la calle Huánuco era un amplio pasaje afirmado y elevado entre la vivienda que ocupó por muchos años la familia del ingeniero Victoriano Fuentes Nacarino, y en la otra la pulpería del chino Antonio, gran criador de palomas cuyos pichoncitos eran el plato «levantamuertos» de muchos niños convalecientes. Todavía estaba el amplio jardín de la residencia de la familia Badaracco Malatesta, lo cual impedía que la calle Libertad tuviese tercera cuadra.
El ingreso a Ica, viniendo por San Joaquín, era por la Av. Matías Manzanilla, con sus vistosas acacias. Estaba en la calle Lambayeque lo que fue la antigua estación del tren Ica-Pisco y, algo más allá, la ruidosa Compañía de Servicios Eléctricos. Salir de Ica era dirigirse al Cementerio, pasando por el barrio de Saraja y la Cruz del Chino, así como la edificación de la familia Díaz que, por curiosidad u olvido involuntario, no tenía escaleras interiores.
San Juan de Dios y el Socorro, así como el Obrero eran los hospitales de la ciudad; los dos primeros a cargo de la Beneficencia Pública y que tenían a su cargo las Madres Franciscanas, y el último, que brindaba atención a los trabajadores afiliados. Otra calle que era límite para Ica era Castrovirreyna, que desde el Socorro llegaba hasta Grau.
El puente de la principal avenida Grau fue el primero de material noble que tuvimos. Primigeniamente y en el mismo lugar, en el S. XIX estuvo el de madera que hizo poner el cura Zambrano, antiguo dueño de la Hacienda «Vista Alegre». En los años «60» el comercio ambulatorio y el tráfico era muy fluido en las primeras cuadras de la Av. Maurtua y la calle Paita. La Plaza Barranca era la Plaza de Anam y en la Plaza Bolognesi había un pequeño obelisco que lograba resaltar el busto de nuestro héroe de Arica. En la calle frente a Luren (actual calle Nasca) había una frondosa hilera de ficus y estaban los antiguos portales que embellecían el entorno de nuestro emblemático templo. La urbanización Luren contaba con bellos pinos que le generaban un especial ambiente y se encontraba toda cercada. Al final de la misma, estaban las instalaciones de la embotelladora de Coca Cola y la factoría de la firma J. Panizo y Cía. S.A.
Esta es, a grandes rasgos, la Ica donde apareció la idea de organizar un Festival de la Vendimia.

Luego de esa primigenia celebración de los años 30, donde fue reina la señora Rosa Gotuzzo Fernandini, es el Country Club -cuya sede estaba en una residencia de la urbanización Luren- que desea revivir esta festividad y su entusiasta presidente, Luis Gereda Piccone, ayudado por su esposa Estela Moyano Blondet, dan ese primer paso designando en 1958 como reina a Matilde del Solar Kreitz. Fue algo meramente institucional, que contó con la asistencia de Miss Universo Gladys Zender.
La Cámara Junior decide tomar la responsabilidad y es así que al año siguiente la reina es Margot Bernales Uribe y su coronación fue en el Cine Teatro Gran Dux, de la calle Municipalidad, aquel que en su interior nos permitía recordar iqueños anocheceres con un cielo azul despejado, su luna en cuarto creciente, su Cruz del Sur en el estrellado cielo y el entorno de la duna de Saraja a un lado, y las palmeras de Huacachina al otro. En esta oportunidad vino el Canciller de la Republica e historiador, doctor Raúl Porras Barrenechea, a coronar a Margot I. Pero la Vendimia no tenía canción característica. Ya estaba Julita Besada de Barboza, una entusiasta limeña pero que quería mucho a Ica, colaborando en la organización de estas celebraciones. Creó el lema «VENDIMIA ES UNION, EL VINO ES AMOR», organizó las comparsas y al Himno de las Américas le dio letra vendimial, local, y siendo designada su hija Rosario la siguiente reina (1960) deciden ubicar a una iqueña, también de la calle Bolívar, como Julita, pero residente en Lima y que todos los años acostumbraba hacer temporada de verano con su familia en Huacachina, a Carmen María Moyano Moyano de Vélez. Ella ya había compuesto el vals «Ica» y la marinera «Cholito faite», que con su propio peculio hizo grabar en un 78 rpm del sello Virrey, cantadas por Edith Barr y acompañada al piano por Filomeno Ormeño. Una joya para la música criolla de nuestro terruño.
Carmen María aceptó de sumo agrado tan gentil solicitud y es así que aparece el entonces «Canción de la Vendimia», que en realidad es el «Himno de la Vendimia» ya que el primer presidente de la Casa de la Cultura de Ica (actual sede descentralizada del Ministerio de Cultura) doctor Javier Cabrera Darquea, la oficializó en 1967 con las facultades que le concedía la Ley 15624.
