LA VOZ DE LOS BICENTENARIOS

| Mg. Juan Carlos Romaní Chacón Presidente del Comité Patriótico Bicentenario de la Independencia del Perú – Provincia de Ica 7, 12, 15 y 16 de octubre de 1820 203 años de las acciones de armas de la expedición de la Sierra en Palpa, Changuillo, Nasca y Acarí Espionaje acertado y persistente a que, de…

| Mg. Juan Carlos Romaní Chacón

Presidente del Comité Patriótico Bicentenario de la Independencia del Perú – Provincia de Ica

7, 12, 15 y 16 de octubre de 1820

203 años de las acciones de armas de la expedición de la Sierra en Palpa, Changuillo, Nasca y Acarí

Espionaje acertado y persistente a que, de buen grado, prestábanse los pobladores de las cercanías, sin excluir a los hacendados, que con sus chasquis y peones procuraban facilitar la labor de los independientes, informaba a estos últimos de que los adversarios habían, en efecto, pasado vertiginosamente por Palpa y dirigídose a Nasca, probablemente con el propósito de continuar hasta Acarí, para ponerse en salvo en Ocaña, Camaná y aun Arequipa; ciudad ésta última en que hallábase el ejército del brigadier Ramírez Orosco, y de la que procedían los refuerzos de Ricafort, esperados en Lima por el virrey y lanzados, para mayor seguridad, por el interior del país.

Pero las noticias a tal respecto, eran contradictorias.

Quién decía que Químper y Montemar pretendían retroceder y habían efectivamente retrocedido, por las alturas a la capital; quién aseveraba que esos jefes estaban detenidos en Nasca a la espera de refuerzos de Ramírez; quién anunciaba una diversión de Ricafort hacia la costa para reunirse con Químper en el referido pueblo de Nasca; quien advertía que tal reunión no debería efectuarse sino en Huamanga, a donde en consecuencia dirigíanse los retirados de Pisco e Ica por Huaitará, punto a la vez, designado por el virrey para la entrega de un cargamento de municiones y artillería, destinados al propio Químper. Para no errar, Arenales tomó providencias en todos esos sentidos: preparó, de un lado, una partida de caballería ligera, a fin de cortar posibles contrarretiradas por las serranías, alistó de otro, partidas especiales con qué sorprender y capturar cualesquiera cañones y pertrechos que pudiesen ser enviados de Lima al sur; y, en fin, comprendiendo cuán expuesto sería dejar, a retaguardia suya, una fuerza no despreciable, como la existente en Nasca capaz de desbaratar, prolongar o entorpecer las operaciones que se le habían encomendado (en combinación con las que enviaran o trajeran Ramírez y Ricafort, o con algún cuerpo volante desprendido por Pezuela hacia Junín resolvió no iniciar incontinenti su campaña de penetración; sino antes bien, permanecer unos días más en Ica, para acometer, ante todo, la persecución tenaz, y la destrucción, probable y necesaria, de Químper y Montemar (20); jefes que, por otra parte, de no ser radicalmente destruidos, podrían volver a Ica, al alejarse los patriotas y ejercer represalias terribles contra los entusiastas y decididos hijos de aquella benemérita ciudad.    

Organizó, pues, el coronel mayor (Juan Antonio Álvarez de Arenales) una pequeña división, compuesta de los cincuenta granaderos de a caballo de Necochea, a órdenes del brillante capitán francés don Federico Brandsen, de la tercera compañía del batallón argentino núm. 11, con su capitán don José Videla del Castillo; de otra compañía del número 2 de Chile, y del piquete de treinta Cazadores de a caballo del teniente don Vicente Suárez, esos que debían acompañar al coronel mayor en toda la campaña. Jefe de tales tropas, ascendentes, en un todo a doscientos cincuenta hombres, fue designado el segundo de Arenales, teniente coronel don Manuel Rojas, jefe, como ya sabemos, del E.M.G. divisionario.

El 12 de octubre, a la caída del sol, Rojas y su gente, atravesaban el río de Ica, escaso de caudal, y se perdían con rumbo sur en el despoblado de Huayurí. ¿Qué era entre tanto de Químper?

El alebronado coronel había, en su fuga, tocado sucesivamente en Palpa y Changuillo, y al fin detenídose en Nasca, a descansar del presuroso viaje, para luego, atravesando las inclementes y arenosas pampas de Tunga, entrar en Acarí y tomar la senda de Arequipa.

Picada su retaguardia, del 6 al 7, por la caballería de Guido y no obstante de tener a sus órdenes muy cerca de ochocientas plazas, todas bien montadas (inclusas las milicias del conde de Montemar), no pensó siquiera en volver caras y batir a los ciento veinte hombres máximun, que consigo llevaba el comandante argentino. Apuró, al contrario, el paso, aunque favorecido ya por el regreso de sus perseguidores a Ica.

Iba aquel incorregible corredor, que así alejábase cada vez más de su centro y base de operaciones_ cual era la fuerza del brigadier O´Reilly, estacionada en Cañete_ arreando multitud de cargas de armas, municiones y pertrechos; y, con ellas, las riquezas y los equipajes de las familias españolas asimismo emigradas el 6, ansiosas de refugiarse y no parar sino en la ciudad del Misti. Estorbado por aquella turba de gente desarmada y temerosa, y por la enorme balumba de tanto militar y privada impedimenta; y, por otra parte, seguro de que, vuelto Guido a la población de procedencia, ya no le molestarían los patriotas, a través de arenales tan inmensos como fatigosos; ocupóse, primero, en despachar hacia Acarí a las familias que le acompañaban, juntamente con cien cargas de las que les pertenecían, con su tropa y caballada, en la citada población de Nasca, ubicada allende las enunciadas pampas de Huayurí. Era ya el 15 de octubre, y habían, en consecuencia, transcurrido nueve días largos de la evacuación de Ica por sus fuerzas y todavía estaba Químper en el pueblo referido.

Rojas, entretanto, puestos sus infantes a la grupa de la caballería, para librarlos de la apretada red de los pesados médanos aproximábase por instantes al punto que, sin precaución ni desvelo previsores refocilábase en confianza plena el adversario. No deteniéndose, por su parte, sino el tiempo estrictamente preciso para abrevar, pastar y dar desfogue a su caballada, púsose en menos de tres días, del lado allá de Changuillo; y, en la fecha ya apuntada (15 de octubre), presentóse de súbito en las cercanías de Nasca. Era la misma fecha en que las familias emigradas caminaban de este pueblo al de Acarí, y en que Químper preparábase para marchar, con destino igual, el día siguiente, 16.    

El 19 toda la pequeña división de Rojas, dos veces vencedora, se reconstituye en Ica. Los Cazadores de a caballo que, con ella y en ella, vuelven a esa población (excepto los treinta del teniente Suárez, destinados ab origine a la división principal y que con ésta deben continuar hasta el término de la campaña de penetración), salen esa misma tarde de Ica al cuartel general de Pisco, conforme a las órdenes e instrucciones del general San Martín. Arenales, entre tanto, había apresurado la celebración del cabildo abierto en que el vecindario, ya reforzado y casi completo con la vuelta de quienes, al principio temieron crueldades y extorsiones el ejército patriota, declaró su voluntad de ser independiente de España, así como de cualquiera otra nación extranjera…

Fuente:

HISTORIA DE LA EMANCIPACIÓN DEL PERÚ:

EL PROTECTORADO

TOMO III

Germán Leguía y Martínez

Prólogo de Alberto Tauro

COMISIÓN NACIONAL DEL SESQUICENTENARIO

DE LA INDEPENDENCIA DEL PERÚ

Lima, 1972