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UN PUNTO DE VISTA
Reafirmando a la democracia y al estado de derecho | Por: Raúl Bravo Sender Hace poco más de dos años nuestro país, el Perú, conmemoró doscientos años como República independiente. La endeble y frágil democracia estuvo a merced de los agitadores y demagogos, quienes, aprovechándose de las demandas sociales y la frustración de millones de connacionales,…
Reafirmando a la democracia y al estado de derecho

| Por: Raúl Bravo Sender
Hace poco más de dos años nuestro país, el Perú, conmemoró doscientos años como República independiente. La endeble y frágil democracia estuvo a merced de los agitadores y demagogos, quienes, aprovechándose de las demandas sociales y la frustración de millones de connacionales, y sembrando un discurso de odio y confrontación entre peruanos, pretendieron crear las condiciones para la instalación de un régimen totalitario y autoritario.
Se argumentaba que los responsables de las brechas sociales entre ricos y pobres eran el neoliberalismo, el capitalismo, el libre mercado, la democracia liberal y el egoísmo individualista de los grandes empresarios, y que esta forma de democracia no era representativa de las grandes mayorías marginadas de los beneficios del desarrollo. En realidad, debieron señalar a las incapaces gestiones regionales.

Muchos incautos se dejaron seducir y persuadir por este discurso que apeló a los sentimientos de indignación y resentimiento. Lo cierto es que se trató del mismo estribillo anticuado de la dialéctica hegeliana de dividir para sacar ventaja de los escenarios de polarización, que son el caldo de cultivo para la aparición de extremistas que sólo ven en la confrontación entre peruanos el medio del cual sacan provecho.
La institucionalidad democrática y el estado de derecho estuvieron a merced de la violencia en calles, mercados, entidades públicas y privadas, así como en carreteras y aeropuertos. Muchos tibios y oportunistas justificaron el que hordas de incivilizados bloquearan caminos, tomaran comisarías y paralizaran el comercio, pues calificaron estos actos como una forma de manifestación democrática.
¿Dónde quedaron los derechos humanos de quienes querían transitar y viajar libremente por las carreteras y aeropuertos, comerciar en los mercados, acudir a las instituciones públicas y privadas a realizar trámites y, en suma, vivir en una ciudad segura? Puede que el pliego de reclamos de quienes se manifestaron haya sido legítimo, pero no justificó la forma violenta de las protestas, que colindó con lo criminal.
Lo que requiere el Perú para reafirmar su democracia y estado de derecho es consolidar una sociedad de propietarios, que son quienes defienden a la democracia. El aseguramiento de los derechos de propiedad privada y la posibilidad de celebrar contratos, con un sistema judicial predecible, permite aprovechar el talento de cada quien y poner en valor los escasos recursos para aprovecharlos racionalmente.
En otras palabras, urge apostar por el mercado como el escenario idóneo para fortalecer la institucionalidad democrática del estado de derecho. Por el contrario, insistir con que el Estado lo controle todo por medio de una legalidad que lo hace costoso todo, es seguir alimentando la causa de la corrupción y de los demás problemas que aquejan a nuestro país, como la inseguridad ciudadana y la criminalidad organizada.
No hay nada más democrático que el mercado, el cual es la interacción de todos por medio de los contratos, pero requiere del reconocimiento y aseguramiento legal de la propiedad privada para funcionar. Contrariamente, el populismo que venden los agitadores y demagogos se cimienta en una sociedad de mendigos, a quienes pretenden mantener en la pobreza, para así alimentar la fuente de poder de los dictadores.
