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Ica amaneció con tensa calma luego de dramática noche
| Daniel Bravo Dextre El repentino aumento del caudal del río Ica mantuvo en vilo a gran parte de la población iqueña, especialmente de la Av. Acomayo, calle Mollendo, Av. Grau, Pasaje Tinguiña-Valle, Av. Maúrtua, calle Paita, Urb. Villa de Valverde, negocios de la plaza de armas, entre otros sectores que se imaginaban padecer otra…

| Daniel Bravo Dextre
El repentino aumento del caudal del río Ica mantuvo en vilo a gran parte de la población iqueña, especialmente de la Av. Acomayo, calle Mollendo, Av. Grau, Pasaje Tinguiña-Valle, Av. Maúrtua, calle Paita, Urb. Villa de Valverde, negocios de la plaza de armas, entre otros sectores que se imaginaban padecer otra inundación de las históricas que hemos tenido en este acogedor valle donde nació la Patria.
En efecto, no hubo una inundación propiamente dicha; pero, lo real es que el río se desbordó y generó pánico en unas 30 mil personas que habitan Acomayo, la Avenida Siete y los asentamientos humanos de esa populosa zona.

Conforme avanzaban los minutos, el caudal fue creciendo desde las 10:00 de la noche del miércoles 24, alcanzando su máximo pico a las 10:20 de la noche al registrarse una corriente de agua de 220 m3/seg. Muchos entendidos, que a esa hora observaban el cauce al tope, concluyen en una simple lógica que con 10 m3 más el desborde hubiese sido inevitable en los sectores mencionados.
Para los vecinos no se trataba de números. Su visión objetiva le decía que el río estaba al tope y que se podía salir. La verdad es que se salió y generó zozobra en los cuatro confines de la ciudad por el lapso de una hora, porque a las 11:20 de la noche el nivel comenzó a descender.

El desborde se produjo por tres viviendas de la primera cuadra de la Av. Acomayo que están pegadas al río y colindan con el puente Grau. En esas viviendas rústicas funcionan una veterinaria, un taller de soldadura y un depósito de alfalfa.
Es común que los vecinos que ocupan la ribera del río mantengan pequeñas ventanas para arrojar sus desperdicios o construyan orificios de cuatro a seis pulgas que son empleados como desagüe.
Los ocupantes de esos tres inmuebles rústicos cierran sus negocios a las 8:00 de la noche y no retornan hasta el otro día. Cuando el nivel del río crece, lo primero que hacen los vecinos es taponear esas ventanas y orificios del desagüe para que el agua no penetre sus viviendas.
Por desgracia, a esa hora nadie había en esas viviendas para que cierre ventanas y orificios, por lo que fue inevitable el desborde, cuyas aguas discurrieron seis cuadras, afectando a 11 inmuebles. Una mujer de unos 35 años resbaló al tratar de poner a buen recaudo sus cosas, sufriendo algunas lesiones.

Llamado a la calma
El primero en llegar a la zona de emergencia fue el coronel (r) Ricardo Guillén, gerente regional de Defensa y Seguridad Ciudadana, quien lo único a que atinó fue pedir calma a la población con el argumento de que los nuevos muros del río Ica están bien construidos y que resistirán cualquier presión del caudal.

Es evidente que Guillén, en su condición de humano (sin poderes sobrenaturales como para ordenar que las aguas se calmen) nada más podía hacer, pues sólo había dos opciones, esperar el milagro de que el río no cargue más o esperar el desenlace para que Defensa Civil actúe sobre hechos consumados, conforme ha ocurrido siempre al no existir un Plan de Control de Desbordes.
A esa hora estaban abiertas todas las compuertas, y al no haber llovido en Los Molinos y Cansas era muy difícil que el río se cargue más. Esa era, al parecer, la teoría técnica en que Guillén descansaba su confianza, y funcionó. El nivel descendió hasta 170 m3/seg. y la calma retornó a toda la ciudad. Muchas personas, desde luego, no creyeron que el peligro había pasado y mantuvieron vigilancia del cauce hasta después de las 3:00 de la madrugada.
Río y quebradas
Cada vez que se ha producido una inundación es porque el río Ica ha recibido de manera simultánea caudales de sus afluentes de Huancavelica y de las quebradas de Los Molinos y La Tinguiña. Cuando el agua nueva viene de los ríos Tambo y Santiago de Chocorvos, los niveles oscilan entre 180 y 230, y solo generan expectativa. Lo terrible viene cuando se activan las quebradas Totoritas, La Yesera y Cansas. Lo cual, por voluntad divina, no sucedió anteanoche.
El caudal aumentó por la caída de huaycos en San José de Challaca, donde se juntan los afluentes del río Ica. Eso explica la emergencia presentada. Como la naturaleza es imprevisible, nadie puede desvirtuar que no volverá a incrementarse el caudal y que las quebradas no se activarán. Mientras no se tenga esa certeza, el temor por un eventual desborde de las aguas continuará.

Mientras tanto, la población ha comenzado a colocar en sus viviendas y negocios costales con arena para protegerlos de una eventual inundación.
Lo real es que no estamos protegidos al 100%. Las obras de Control de Desastres e Inundaciones en lugar de ensanchar han angostado más el río. Por la experiencia del miércoles por la noche, ahora en algunos tramos el cauce sólo soporta un caudal de 230 m3/seg.
Culpables
La frase cruel sería: “Sálvese quien pueda” y la pregunta directa es: ¿Quién es el culpable? Lógicamente, que todos evaden responsabilidades y afirman que el Petacc es el responsable de las obras del río Ica.
En efecto, en el 2002 el proyecto inicial concluyó. Luego de sufrir una serie de modificaciones, el Ejecutivo lo aprobó en el 2001. Antes de ser sometido a licitación, el proyecto nuevamente fue modificado. Esos cambios hicieron que el río se angoste más y las consecuencias las estamos padeciendo ahora todos los iqueños.
