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Febrero: mes de nacimiento del general José de San Martín
| Por: Miguel Arturo Seminario Ojeda Historiador, director del Museo Electoral y de la Democracia de la Dirección Nacional de Educación y Formación Cívica Ciudadana del Jurado Nacional de Elecciones Hay personajes cuya gloria es eterna y su memoria no es derribada por la envidia de sus contemporáneos, ni por los que, tras de ellos,…

| Por: Miguel Arturo Seminario Ojeda
Historiador, director del Museo Electoral y de la Democracia
de la Dirección Nacional de Educación y Formación Cívica
Ciudadana del Jurado Nacional de Elecciones
Hay personajes cuya gloria es eterna y su memoria no es derribada por la envidia de sus contemporáneos, ni por los que, tras de ellos, son ciegos al reconocimiento de las huellas imborrables de quienes, predestinados para ser el centro de comportamientos puestos al servicio de los demás, quedaron para todo el tiempo en la memoria colectiva.
El general José de San Martín no solo está presente en los días de la conmemoración que cada año inspira la reflexión de los peruanos y de las peruanas, que los lleva a entender la causa de que cada 28 y 29 de julio nuestros corazones y nuestras mentes apuntan hacia la memoria de los varones y de las mujeres que lucharon por el Perú libre e independiente.
Sabemos que los sentimientos de patria se inculcan desde la más tierna infancia. Las madres y las maestras jardineras, así como otros agentes de la socialización, contribuyen a la fortaleza de un sentimiento que se llama patriotismo en todas las sociedades que se identifican con su bandera, escudo, y que tienen un himno nacional.
Se ha escrito mucho sobre el patriotismo del general San Martín, y una de las personas que mejor entendió ese sentimiento fue la peruana Elvira García y García, una gran patriota, considerada entre las luchadoras por los derechos de la mujer al apostar por la educación para las niñas, en medio de un mundo que marginaba a los iletrados para el ejercicio de la ciudadanía.
Reflexionando a partir de su experiencia y de las enseñanzas del general San Martín, apunta Elvira García y García que “no es compasión lo que el niño debe sentir por el suelo que le vio nacer, sino admiración y respeto”. Es decir, hay que fortalecer en ellos esa conciencia de pertenencia que les impulse a reconocer lo que somos y en qué nos diferenciamos de los demás, y así, solo conociendo lo nuestro, van a amar lo que les pertenece y han heredado de sus pretéritos.
En este sentido, recordemos que don José de San Martín, nacido en Yapeyú, Virreinato del Río de la Plata, el 25 de febrero de 1778, desde muy tierna edad se alejó de su patria por decisión familiar y nada de eso fue un obstáculo para que el sentimiento asociado a la tierra que lo vio nacer le impidiera pensar en su libertad y la de todo el continente.
Pensamos en el general San Martín cuando la escritora anota que “La patria no es una ficción mitológica, ni es tampoco obra forjada por la fantasía humana. Es algo real, que debemos amar con todas las fuerzas de nuestro corazón y defender con toda la energía de nuestra alma”. Una sociedad tiene historia y ese protagonismo lo ha forjado en un espacio que ha hecho grande para que las nuevas generaciones lo sigan construyendo y fortaleciendo, sin perecer, pese a los cambios, porque la cultura no muere, sino que continuamente se recrea.

La familia San Martín, instalada en España, con toda seguridad nunca perdió contacto con otras que desde América habían marchado a la Península Ibérica, guardando sus hijos -nacidos en tierras del Nuevo Mundo- esa filiación que los ataba a una tierra que sintieron suya, aun obrando fuera de ella.
En medio de un mundo donde la crisis de valores es una constante, donde se imponen valores producto de las nuevas circunstancias sociales, que tienden a sacar de la escala de valores a otros que inspiraron la manera de obrar, para dejar de lado una conducta ética y preferir un comportamiento pragmático, bien cabe tener en cuenta la reflexión de la educadora cuando sostiene que “La patria es una personalidad moral, independiente del capricho o de la violencia de los políticos. Es amalgamada, diremos así, en una comunidad perfecta de pensar y de sentir, de cierta armonía de simpatía; de la concesión y de la procesión de muchos hombres asociados por el mismo ideal”.
San Martín en el Perú.
Nuestra patria no nace en 1820, es milenaria; afirmar lo contrario equivale a negar el aporte de los que nos precedieron con lo Nasca, Chavín, Caral, Paracas, Vicús, Inca y en todos los señoríos regionales, y de todas las civilizaciones pretéritas peruanas que abonaron con su sudor y sangre el espacio, la patria que hoy tenemos y defendemos.
Resultaba emotivo cantar y escuchar cantar a los niños y niñas de todo el Perú esos versos que comenzaban diciendo “Viva la patria, viva el Perú, viva la escuela y su juventud; este batallón que es de los valientes, y en la escuela son los más chiquitines…”. A esos niños y niñas que, de adultos, casi todos y todas son los patriotas que inculcan el amor por la patria a las nuevas generaciones.
El general San Martín desembarcó con el Ejército Libertador en Pisco, el 8 de septiembre de 1820. ¡Qué gloria para los iqueños! Hay monumentos y calles que lo recuerdan en todo el Perú. Desde ese lugar empezó su acción en nuestra patria, en la que se quedaría hasta septiembre de 1822 para no regresar jamás.
La patria, y el espíritu patriótico del general San Martín, se siente y se vive en todo el Perú; amamos toda su geografía, todo su pasado, lo sentimos todo tan nuestro que, más allá de dos días de reflexión -que si bien se centralizan el 28 y 29 de julio-, nos convocan cada día del año, cuando observamos el paisaje y nos sentimos atados a un pasado grandioso que se pierde más allá de los Incas y de Caral.
¡Viva la patria, viva el Perú! Fueron parte de la proclama sanmartiniana del 28 de julio de 1821, y en la fuerza que se imprimió a esa proclama se nos quiso recordar, quizá, que nuestra patria es milenaria, que sus raíces son tan profundas que nada puede socavar nuestro patriotismo, ni las guerras y desgastes internos, ni atropello alguno que venga desde fuera.
Admiramos a las mujeres y a los varones que estuvieron en la hora precisa abrazados a la querencia del espacio de ellos y de sus mayores, que le dijeron si ante el llamado de independencia, ante el grito de recomenzar como Estado independiente, porque el Perú así lo demandaba. A comienzos de 1822, el general San Martín distinguió a las Patricias del Perú, destacando el espíritu patriótico de muchas mujeres que apostaron por la patria.
La fecha del nacimiento del general José de San Martín nos lleva a reflexionar sobre el pasado y el presente. Y, como lo dijimos al comienzo, su vida es recordada y tomada como ejemplo en muchas sociedades de la tierra.
