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El general José de San Martin, una gloria de tres siglos
| Por: Miguel Arturo Seminario Ojeda Historiador, director del Museo Electoral y de la Democracia de la Dirección Nacional de Educación y Formación Cívica Ciudadana del Jurado Nacional de Elecciones El fin de semana pasado se conmemoró el aniversario del nacimiento del general José de San Martín, uno de los íconos universales en la lucha…

| Por: Miguel Arturo Seminario Ojeda
Historiador, director del Museo Electoral y de la Democracia
de la Dirección Nacional de Educación y Formación Cívica
Ciudadana del Jurado Nacional de Elecciones
El fin de semana pasado se conmemoró el aniversario del nacimiento del general José de San Martín, uno de los íconos universales en la lucha por la independencia del continente en el que nació: América. Su gloria está más allá de sus lares nativos; repercutió en otras latitudes, gozando de una aceptación y valoración en diversas sociedades. Es un caso singular por la trascendencia de su obra.
El futuro general José de San Martín nació en Yapeyú, provincia de Corrientes, en el virreinato del Río de la Plata, actual Argentina. Vio la primera luz el 25 de febrero de 1778, siendo hijo del español Juan de San Martin y de Gregoria Matorras del Ser, también española. Posteriormente, casó con Remedios de Escalada, con quien tuvo una hija: Mercedes.

Dibujo de Raúl Vizcarra (Fondo Museográfico del Jurado Nacional de Elecciones)
Trasladada la familia a España, se educó en ese país, alistándose en la carrera de las armas y, siendo parte del ejército español, participó en las guerras contra Inglaterra entre 1797 y 1798; y contra Portugal en 1801. Regresó a América en 1812, siendo reconocido en la Argentina en el grado de teniente coronel.
En agosto de 1816 se hizo cargo del Ejercito de los Andes, como general en jefe, y en 1817 inició su campaña para liberar a Chile, San Martín es el arquetipo de la libertad e independencia de América, la historia registra su nombre como ejemplo de nobleza y desinterés. Se le compara con Aníbal y Napoleón, por el paso de los Andes, tras lo cual venció a los ejércitos realistas en Chacabuco -el 12 de enero de 1817- y en Maipú, el 5 de abril de 1818, protagonizándose en el intermedio la derrota en Cancha Rayada, el 19 de marzo de 1818.
Continuando con su plan de liberación de las colonias españolas, se embarcó para Lima el 20 de agosto de 1820, llegando a Pisco (Ica) el 7 de setiembre por la noche, puerto en el que desembarcó en la madrugada del 8 de setiembre; como procuraba evitar un derramamiento de sangre entre los americanos que estaban en ambos ejércitos, se llevaron a cabo las conferencias de Miraflores y Punchauca, sin ponerse de acuerdo con los realistas, que apostaban por la recuperación de los territorios libres para reincorporarlos a la Corona de Castilla.

San Martín instaló su cuartel general en Huaura, y desde ese lugar continuaba con su tarea persuasiva de motivar a los peruanos a tomar partido por la independencia. Ingresó a Lima y el 28 de julio de 1821 proclamó la independencia nacional y, respetuoso de la voluntad general de los pueblos que se habían decidido por la independencia, en una frase memorable pronunciada ese día, dejó constancia que no imponía la independencia, sino que eran los pueblos peruanos los que así lo habían decidido al proclamar su independencia en 1820 y 1821 en las principales ciudades del Perú, precedidas de Supe, que lo hizo el 5 de abril de 1819.
El 3 de agosto de 1821 asumió el mando en el país independiente como Protector de la Libertad del Perú, así como lo hizo Artigas en Uruguay, Sus dictados tuvieron un carácter provisional, hasta que la nación determinara lo que considerara qué era lo suyo, a través de un Congreso Constituyente, haciendo la primera convocatoria a la ciudadanía en el Perú independiente.
Propuso el sistema de gobierno monárquico analizando la realidad social del Reino del Perú, ya que la población estaba acostumbrada a una forma de gobierno autocrático desde el incanato y con rasgos de despotismo virreinal, y que seguro cambiaría paulatinamente; hizo esta propuesta teniendo en cuenta esta realidad y la de las luchas desatadas en los países libertos, donde más de una aspiraba al control total.
Convocó al primer Congreso Constituyente el 27 de diciembre de 1821, primera gran expresión de la voluntad nacional popular a través de sus representantes para establecer la forma de gobierno y dar una Constitución. No existía, en gran parte de la población, la convicción de una práctica democrática, pese a la experiencia de las elecciones municipales de 1812, no había una voluntad mayoritaria, quizá, para admitir el goce de derechos y de la libertad para los no considerados como ciudadanos.
La independencia no abrió un cambio inmediato al camino de la democracia que, indudablemente, también está asociada al bienestar de la población y a su consideración de existir como ciudadanos libres. San Martín proclamó la independencia, creó la Bandera peruana y el Escudo nacional, y convocó al concurso por el Himno nacional.
El Protector prohibió el comercio de esclavos, libró a los hijos de esclavos nacidos desde 28 de julio de 1821, declaró válidos los títulos otorgados por la Corona de Castilla, que en 1823 fueron abolidos por el congreso, y abolió el tributo indígena, que fue reestablecido en 1826. Creó la Biblioteca Nacional y la Orden del Sol
El 26 de julio de 1822 se entrevistó con Bolívar en Guayaquil, sin ponerse de acuerdo para el término de la guerra de la independencia. Finalmente, renunció a los poderes con que se le había investido y se alejó del Perú el 20 de setiembre de 1822.
Haciendo un juicio sobre el general San Martin, el historiador Basadre escribió: “…en relación con la historia del Perú, lo positivo, lo verdaderamente sanmartiniano es el respeto al principio de la voluntad popular: la convocatoria al Congreso constituyente, la elección libre de los diputados de este congreso y las garantías que gozaron ellos al reunirse”. Es decir, hay un reconocimiento y un entendimiento del respeto que el general San Martín manifestó con respecto a las decisiones de los peruanos.
Igual que los nombres de Miguel Grau, Francisco Bolognesi y Alfonso Ugarte, en todos los pueblos y calles del Perú está el nombre de San Martín. Hay avenidas, plazas, instituciones educativas, núcleos urbanos, jurisdicciones territoriales con su nombre, teniendo el Perú una gran vocación Sanmartiniana.
Lima le honra con una gran plaza que resume la admiración y el reconocimiento de todos los peruanos y peruanas, por el apoyo que prestó a nuestros compatriotas que requerían del apoyo de sus compatriotas americanos, para alzarse al mundo de igualdad que proclamaban las naciones libres.
San Martín vive en el corazón de los peruanos, y si bien nació a fines del siglo XVIII, su gloria se mantiene y crece en los siglos siguientes: XIX, XX, y XXI. Nos aproximamos a los 250 años de su nacimiento, conmemoración que sin lugar a dudas convocará a los estudiosos de Hispanoamérica, que darán mayores luces a lo ya conocido sobre el general San Martín.
