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Celebramos cien años de lucha, de entrega, de persecuciones y de sacrificio por un país mejor
| Por: Lic. Jesús Acevedo Herrera Past Decano del Consejo Regional de Ica Colegio de Periodistas del Perú Reg. FPP. 5385 Reg. CPP. 030 Como nos enseñan a vivir los refranes que tenemos en la vida, siempre están presentes a través de sus mensajes que alguien nos recuerda. Uno que nos enseña mucho es: “La…


| Por: Lic. Jesús Acevedo Herrera
Past Decano del Consejo Regional de Ica
Colegio de Periodistas del Perú
Reg. FPP. 5385
Reg. CPP. 030
Como nos enseñan a vivir los refranes que tenemos en la vida, siempre están presentes a través de sus mensajes que alguien nos recuerda. Uno que nos enseña mucho es: “La vida hay que vivirla, hay que verla, solo así después podemos contarla”.
Viene a mi memoria un 28 de marzo de 1964, cuando jóvenes estudiantes de mi tierra natal, Pisco, en el local institucional del APRA, ubicado en la avenida del mismo nombre, ante la enardecida y participativa juventud pisqueña, renovamos la dirigencia de la Juventud Aprista Peruana -JAP- recordando fraternalmente a los compañeros Augusto Aquije, Edilberto Yataco, Jorge Espino, Rolando Donayre, Genaro Rosas y otros más.
Esa fecha, como jóvenes apristas teníamos una gran responsabilidad de seguir las huellas del c. Víctor Raúl Haya de la Torre, de Fernando León de Vivero, Miguel López Cano, Urbino Julve, Augusto Lafora, Vicente Tello, entre otros.
A pesar de nuestra edad en marzo de 1964, en esa fecha teníamos el compromiso doctrinario que era lo más importante para nosotros, manteniendo la lealtad a los principios de Haya de la Torre. En ese tiempo, éramos orgullosos de lo que pensábamos “ayer” y qué teníamos que hacer “mañana”.

Ahora, en esta fecha, 7 de mayo de 2024, los sentimientos de una generación con más de 70 años, algunos ya no están, pero nos volveremos a encontrar. Somos felices porque hemos vuelto con más calor y emoción. La Alianza Popular Revolucionaria Americana -APRA-, gestada en México el 7 de mayo de 1924 por uno de los peruanos más ilustres del siglo XX, Víctor Raúl Haya de la Torre ha cumplido cien años de existencia. Estamos orgullosos de nuestro partido, ahora todo vuelve a aparecer, a resucitar todo lo que sentimos “ayer” y nuestros corazones tienen más calor y fraternidad.
El APRA ha cumplido cien años de existencia, cien años que Víctor Raúl Haya de la Torre entregó la bandera de la unión indoamericana a la Federación de estudiantes de México como el símbolo del nacimiento de una nueva corriente de lucha.
Es indiscutible que Víctor Raúl iniciara este símbolo de lucha con la juventud para que después fuera un grito permanente. El aprismo nació como una ideología política proyectada a escala continental y su fin era el de formar un pensamiento auténticamente latinoamericano.
Emociona pensar cómo el Partido Aprista ha cumplido cien caños, a pesar de que en nuestro país estamos rodeados de movimientos coyunturales, sin ideologías, y organizaciones que solo piensan en intereses personales, sin inspirar una acción política coherente que permita que la democracia y el estado de derecho puedan funcionar y desarrollarse.
Esperamos que, ahora sí, las bases apristas y quienes lideren nuestro gran partido -y sobre todo la juventud- tienen que tener un espacio nuevo; los dirigentes deben ser elegidos democráticamente por sus bases. Deben ser dignos de llevar el legado de Víctor Raúl Haya de la Torre, único maestro y guía que nos enseñó: UN APRISTA SOLO SE DEBE AL PUEBLO Y NO SE SIRVE DE ÉL.
El centenario del APRA es una inmensa satisfacción, un gran reto y un acto de justicia, porque la razón histórica del APRA es el mismo desarrollo integral con justicia social, pan con libertad, honestidad y fraternidad.
Existe una crisis interna, conocida por muchos, pero también existe una gran mayoría que abre una inmensa oportunidad de volver a ser gravitante en la política nacional. El APRA, para volver al parlamento e incluso a la presidencia, tiene que volver a insertarse en el debate intelectual en las universidades, institutos e incluso colegios, debe presentar propuestas concretas de cambio, construir la agenda social que represente a los sectores populares.
También se requiere, sin duda, sangre nueva, nuevos voceros a nivel nacional. Una nueva vanguardia que defienda con nueva semántica nuestro viejo sueño: Justicia Social de Pan con Libertad.
