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Bernardo Monteagudo: 200 años de su muerte y magnicidio
Por: Miguel Arturo Seminario Ojeda Historiador, director del Museo Electoral y de la Democracia de la Dirección Nacional de Educación y Formación Cívica Ciudadana del Jurado Nacional de Elecciones Sin lugar a dudas, en todas las biografías de personajes notables, por el bien o por el mal proceder dentro de su tiempo, hay dos fechas…
Por: Miguel Arturo Seminario Ojeda
Historiador, director del Museo Electoral y de la Democracia
de la Dirección Nacional de Educación y Formación Cívica
Ciudadana del Jurado Nacional de Elecciones
Sin lugar a dudas, en todas las biografías de personajes notables, por el bien o por el mal proceder dentro de su tiempo, hay dos fechas que resultan ineludibles, la de su nacimiento y la de su muerte, al lado de los registros de hechos significativos, por los que jamás sus comunidades los olvidarán.
Entre el 2019 y el 2024 se ha rememorado una serie de sucesos asociados al Bicentenario de la Independencia Nacional, así como las figuras de varones y de mujeres que sintetizan esta época de tanto significado para los peruanos y para los hispanoamericanos, y cuya conmemoración continuará hasta el 2026, teniendo en cuenta que este 2025 hay cuatro bicentenarios de fallecimientos de personajes de la emancipación, y el tricentenario del nacimiento de uno de los peruanos más inteligentes que haya nacido en estas tierras, dejando una huella que lo hace perdurable, tras 300 años desde que vio la primera luz.
Bernardo Monteagudo
Bernardo José Monteagudo nació en San Miguel de Tucumán, en el Virreinato del Río de la Plata, el 20 de agosto de 1789, y su vida terminó en Lima el 28 de enero de 1825. Fue su padre el español Miguel Monteagudo y su madre la tucumana Catalina Cáceres Bramajo. Fue un abogado, político, periodista, militar y, además, se le considera un revolucionario con protagonismo en los procesos independentistas de su patria, Chile y Perú.
En 1808, al conocerse en América la invasión francesa sobre España, Monteagudo escribió la obra que se difundió clandestinamente: “Diálogo entre Atahualpa y Fernando VII”, en la que recreó una conversación imaginaria entre Atahualpa y Fernando VII, desplazado de la Corona española por los invasores. En esa obra. Monteagudo invocaba el principio de la reversibilidad del poder al pueblo, preguntándose si América debería resistir o seguir la suerte de España. Partía del principio que si el rey está impedido de reinar las Indias deben gobernarse a sí mismas, como se invocó el 25 de mayo de 1810 en Buenos Aires, y se había tomado en cuenta en las sublevaciones independentistas de Chuquisaca y La Paz.
Monteagudo cursó estudios de abogacía en Córdoba, en la universidad fundada por el sanmarquino fray Hernando de Trejo y Sanabria. Cuando contaba con 19 años, fue uno de los líderes de la Revolución de Chuquisaca del 25 de mayo de 1809, redactando la proclama del movimiento revolucionario. Vinculado a los integrantes de la Revolución de Mayo, en 1811, fue autor del primer proyecto de constitución del Cono Sur americano. En 1812, ingresó a la Logia Lautaro, teniendo amistad con Bernardo O’Higgins y con el fundador José de San Martín, recién llegado al Río de la Plata, junto a José María de Alvear. En 1812 fundó el periódico “Mártir o Libre”, impulsando la necesidad de la proclamación de la independencia.
Bernardo Monteagudo
Dibujo sobre lienzo
Pintor: Alexis Arcia Méndez
Acompañó al general José de San Martín como auditor del Ejército de los Andes para la liberación de Chile; y sería en Perú ministro de Guerra y Marina y, a continuación, ministro de Gobierno y Relaciones Exteriores del Protector de la Libertad del Perú, general José de San Martín, en el ya restaurado Estado independiente del Perú.
Tras el retiro de San Martín del Perú, colaboró con el libertador Simón Bolívar, desarrollando una visión americanista de la revolución hispanoamericana, con un ideario similar al del general Simón Bolívar, quien convocó el Congreso Anfictiónico de Panamá para establecer una confederación de los Estados de América.
Monteagudo en el Perú
En 1820 Monteagudo se embarcó con la Expedición Libertadora al mando de San Martín como auditor del ejército argentino en Perú. Participó en convencer al intendente de Trujillo, marqués de Torre Tagle, de sumarse a los patriotas, ya que el septentrión peruano sería decisivo en lograr la independencia.
El 28 de julio de 1821 el general San Martín, en acto público proclamó la independencia del Perú y asumió como Protector Supremo el 3 de agosto. Bernardo de Monteagudo se convirtió en el gran apoyo al gobierno, como ministro de Guerra y Marina, y, después ministro de Gobierno y Relaciones Exteriores; el Protector San Martín dio prioridad a la guerra que había querido evitar y Bernardo Monteagudo quedó a cargo del gobierno del Perú.
Monteagudo apoyó la posición de San Martín, favorable a la monarquía constitucional en el país, influyendo en la divulgación de esta propuesta a través de la Sociedad Patriótica de Lima, fundada en 1822. Ambos compartían la propuesta de que sólo una monarquía constitucional, y por lo tanto democrática, como reconciliación del pasado con el presente que se vivía, evitaría la anarquía y las guerras civiles que se protagonizarían después. Monteagudo, igual como lo pensara con respecto a su patria, señaló la prioridad de proclamar la independencia.
Por disposición de San Martín, Bernardo Monteagudo creó la Orden del Sol para distinguir a los varones y mujeres patriotas que habían contribuido al ideal y al logro de la independencia del Perú. Las ideas monárquicas de Monteagudo fueron muy impopulares y constituyeron el eje de la oposición que propiciaba la forma de gobierno republicano, cuyo líder principal fue José Faustino Sánchez Carrión, a quien se le recordará hasta ahora como El Tribuno de la República.
Monteagudo terminó sus días asesinado en Lima, el 28 de enero de 1825, alrededor de las 19:30 y las 20:00 horas, cuanto contaba con 35 años de edad. El crimen fue en la Plazoleta de la Micheo, ubicada en cercanías de la hoy Plaza San Martín, en el punto de convergencia del jirón Quilca, la avenida Nicolás de Piérola (Colmena) y el Jirón de la Unión.
El cuerpo permaneció casi una hora en el lugar del hecho violento; por temor a represalias, nadie se acercaba, finalmente los curas de un convento cercano lo levantaron y lo trasladaron hasta su local, permaneciendo el cadáver, en una de las celdas.
La Orden del Sol fue anulada en 1825 pero volvió a ser restablecida en 1921 por el presidente Augusto B. Leguía, con el nombre Orden El Sol del Perú, y con ella se sigue distinguiendo a las personalidades que le dan nombre al Perú, en el país y en el exterior.
El magnicidio
Así se suele calificar a este suceso de la muerte de Monteagudo, al asesinato del este personaje vinculado al general San Martín, a quien cuya muerte debe haber apenado mucho.
El general Bolívar fue personalmente al convento apenas supo del magnicidio, y se asegura que pronunció palabras referidas a que se vengaría esa muerte castigando a los culpables, determinando que se abra de inmediato una investigación; y contra lo que la lógica nos lleva a suponer, José Faustino Sánchez Carrión era uno de los sospechosos, suponiéndolo autor intelectual del crimen; ambos tenían pensamientos opuestos en cuanto a la forma de gobierno para el Perú independiente. Desde siempre, estando en el destierro, Monteagudo sabía que sería un riesgo para su seguridad si retornaba al Perú, como lo hizo al regresar con el Libertador Simón Bolívar. Sus restos descansan en la ciudad de su nacimiento.
