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Realidad injusta y olvidada: la ironía del mar iqueño

Por: Lic. Jesús Acevedo Herrera. Past Decano del Consejo Regional de Ica – Colegio de Periodistas del Perú. Algunas autoridades iqueñas, ufanas, se llenan de gloria señalando que Ica es la tercera región del país gracias a Pisco, Tambo de Mora y Marcona, ya que entre enero y agosto del 2025 registra una producción pesquera de…

Por: Lic. Jesús Acevedo Herrera. Past Decano del Consejo Regional de Ica – Colegio de Periodistas del Perú.

Algunas autoridades iqueñas, ufanas, se llenan de gloria señalando que Ica es la tercera región del país gracias a Pisco, Tambo de Mora y Marcona, ya que entre enero y agosto del 2025 registra una producción pesquera de 665 mil toneladas, siendo solo superado por Ancash y Lima.

Esto quiere decir que Ica se ha convertido en la tercera región del país gracias a la fuerza productiva de los puertos mencionados; sin embargo, detrás de esos números alentadores se esconde una realidad injusta y olvidada.

Más de 8 mil pescadores artesanales viven abandonados por las autoridades. El gobierno regional de Ica y, por qué no, el mismo Estado, no han sabido mirar el potencial de la pesca artesanal como motor de desarrollo. No hay políticas claras de formalización, capacitación, valor agregado ni acceso a tecnología. Todo lo que podría mejorar la economía de estos trabajadores del mar se pierde en la indiferencia.

Esto es una verdadera ironía de la vida: tanta producción de pescado, como extracción de jurel, bonito, pota y otros, son recursos destinados a la industria de la harina de pescado, y, sin embargo, el pescado, ese pescado tan necesario para la alimentación del pueblo, no llega a sus mesas. Las caletas ubicadas a orillas del mar languidecen, los pecadores envejecen sin oportunidades y los jóvenes migran en busca de lo que su propia tierra les niega.

Es una ironía cruel que una región que produce cientos de miles de toneladas de pescado (665 mil toneladas) ha crecido el 25% en el primer trimestre y 86% en el segundo -según el INEI- y, sin embargo, no se ha logrado que ese alimento llegue a las mesas de sus propios habitantes. El abandono institucional y la falta de visión de sus autoridades han convertido a la pesca artesanal en una actividad de supervivencia y no de progreso.

El desarrollo no se mide solo en toneladas, ni tampoco en porcentajes de crecimiento, sino en la propia dignidad de quienes sostienen esa riqueza. Entonces, urge que el Estado, el gobierno regional de Ica, los gobiernos locales y la propia sociedad, miren al mar no como un recurso que se agota, sino como una oportunidad para devolver justicia y esperanza a quienes lo trabajan.

Ica crece en cifras, pero no en justicia. Mientras Pisco, Tambo de Mora y Marcona la colocan como la tercera región más productiva del país, más de ocho mil pescadores artesanales siguen abandonados por el gobierno regional, sin apoyo, sin tecnología, ni tampoco valor agregado.

Ica crece gracias a su mar, pero sus pescadores siguen esperando justicia.

Que las nuevas autoridades a elegirse en el próximo proceso electoral deben comprender que el verdadero desarrollo no se mide en toneladas, sino en oportunidades. Que el progreso llegue también a las caletas, donde nace la fuerza y la esperanza de nuestra región, porque cuando el mar se respeta y al pescador se valora, renace la dignidad de un pueblo.