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Democracia, Cristianismo y Navidad
Por: Miguel Arturo Seminario Ojeda; Historiador, responsable del Museo Electora y de la Democracia de la Dirección Nacional de Educación del Jurado Nacional de Elecciones. Desde hoy está abierta al público la exposición temporal “Democracia y Navidad”, en el Museo Electoral y de la Democracia del local del Jurado Nacional de Elecciones, en Nicolás de…

Por: Miguel Arturo Seminario Ojeda; Historiador, responsable del Museo Electora y de la Democracia de la Dirección Nacional de Educación del Jurado Nacional de Elecciones.
Desde hoy está abierta al público la exposición temporal “Democracia y Navidad”, en el Museo Electoral y de la Democracia del local del Jurado Nacional de Elecciones, en Nicolás de Piérola 1070, exposición en la que se podrán apreciar bienes culturales de la celebración de la Navidad, asociando esta festividad universal con la práctica de la democracia en el Perú.
Se aproxima el 25 de diciembre, ocasión en la que el mundo se detiene un instante para consagrar su voluntad, vinculándola con un hecho histórico de conocimiento internacional, fecha singular y universal de celebración del nacimiento de Jesús en Belén, suceso que multiplica la felicidad de todos los hombres y mujeres de buena voluntad. La Navidad es un claro signo de hermandad en todo el mundo cristiano, aún de conocimiento entre los que no siguen el mensaje de Cristo.
Se ignora el día exacto de su nacimiento, lo cierto es que Jesús nació y su existencia es un hecho real, registrado en el libro sagrado, que seguirá inspirando la manera de vivir de interminables generaciones. Jesús vino al mundo, nació en Belén, vivió circunstancialmente en Egipto, naciendo signado para redimir al mundo, como lo anunciaron los profetas que por siglos orientaron la forma de vivir del Pueblo de Dios.
Las múltiples celebraciones de la Navidad
La Navidad entre algarrobales en el norte peruano, y bajo huarangos en el sur, o sobre el ichu de nuestras alturas, es tanto como vivirla al lado de los ceibales, guayacanes, zapotes y parquinsonias en la tierra de Miguel Grau, lo que la convierte en una vivencia inolvidable; y lo es, maravillosa, cuando frente al desierto se aprecia desde muy temprano del 25 de diciembre, sentirse bajo los rayos del sol de Ica, Moquegua, Tacna y de Piura, y las arenas comienzan a calentarse, en medio del alegre despertar de las rastreras que ahí se mantienen.
La tradición navideña del Perú varía en su manera de vivirla, algunos la celebran consumiendo chancho, otros pavo, pollo o cuy, o las carnes de su preferencia, acompañadas de los dulces que durante el virreinato trajeron las moriscas en el siglo XVI, y se mantienen hasta hoy en la dulcería nacional. Cusco tiene sus particularidades, destacándose la artesanía navideña que ha dado la vuelta al mundo
El 24 de diciembre se realiza la feria del Santurantikuy, o de la “venta de santos”, con presencia de artesanos de todo el Cusco y regiones aledañas, donde se vende artesanías en general, sobre todo imágenes del Niño Manuelito que se ven en la ciudad durante todo diciembre.
La Navidad y la Democracia
Quizá se consideró entre los políticos entregar regalos a los niños y niñas como mecanismo para asegurar los votos de sus padres, en un tiempo en el que más peso tuvo regalar “pisco y butifarras”. Los políticos en escena, asegurando votantes, ponían en práctica mecanismos de clientelaje político que se multiplicaba al aproximarse las elecciones, y es probable que cuando los procesos electorales eran en los meses próximos a la celebración de Navidad, también se haya entregado regalos.
Una postal navideña, en el Museo del JNE, del presidente Billinghurst y su gabinete, que circuló a fines de 1912, refleja que la Navidad no quedaba al margen de los hombres de la política; es una celebración que convoca a todos los cristianos, especialmente a los católicos, y que no pasa desapercibida para los no cristianos. Un documento singular lo constituye la carta que, el día de Nochebuena, el tradicionista Ricardo Palma escribió -en 1886- a don Guillermo Billinghurst, futuro Presidente Constitucional de la República, describiendo la situación política del Perú con cuestionamientos al comportamiento político, después de la Guerra de Chile contra Perú y Bolivia, situación que describe como catastrófica.
También existen tarjetas de saludos navideños; se conservan de varios presidentes y de políticos destacados, lo que nos permite asegurar que todo diciembre era y es Navidad, sin distingo de ocupación, de color de la piel, ideología, y de cualquier otro indicador que real y cuantitativamente oponga a los grupos sociales. También se conserva una tarjeta de saludo de Ricardo Valdiviezo, diputado por Moquegua, en 1954, y de representantes políticos de otras regiones.
A fines del siglo XX pudimos ver la identificación de algunos políticos con respecto a los menos favorecidos económicamente, indudablemente que ese desprendimiento también debió tener una pizca de interés, para asegurar próximas candidaturas cuando estaba permitida la reelección inmediata. Y no faltan caricaturas de políticos de diversas agrupaciones, que reflejan la verdadera realidad de ellos, aún en las fiestas de fin de año.

El mensaje navideño estatal a través de postales y estampillas
La filatelia y la numismática son fuentes documentales que complementan información registrada en impresos y manuscritos; y, de igual manera, las caricaturas, fuentes artísticas que siguen apareciendo cada día. Hoy se puede destacar en la exposición temporal del Museo Electoral y de la Democracia, un conjunto de estampillas que, al lado de tarjetas seleccionadas para la ocasión, presentan una visión del espíritu navideño, asociado a las variables Democracia y Navidad, y a los valores de igualdad y respeto.
Cuando no existían las redes sociales y no se vivía en función a las tecnologías de la información que dominan la cotidianidad afectiva, laboral, recreativa y asociativa, cuando llegar a los demás a través de un saludo navideño implicaba enviar una tarjeta a través del correo que funcionaba con estampillas, el mundo era otro, porque una época se diferencia de otra no por lo que hace, sino por cómo lo hace.
Las estampillas -impresas y emitidas por instituciones estatales- llevaban y llevan el mensaje del plan de gobierno, de los propósitos de quienes ejercen el poder político, cuyas acciones obedecen a ideologías y doctrinas que se expresan en actos concretos, ya que -si vemos un sello postal- la impresión primera nos orienta a la valoración de la estampilla desde lo iconográfico; en este caso, su relación con las fiestas del Nacimiento de Jesús, y, a continuación, a lo iconológico, materia del análisis del mensaje.
Las estampillas y tarjetas llevaban el mensaje del gobierno constitucional o del de facto, y el mensaje del remitente de la correspondencia que tenía la voluntad de elegir entre las varias que se ofrecían, como cuando se peruanizaba a los peruanos al descubrirse debilidades frente a la identidad nacional, y se emitió una estampilla con la imagen de un chaski, dibujado por Huamán Poma de Ayala, imagen aparentemente desconectada con la Navidad; sin embargo, la imagen del chaski -o mensajero- significaba el envío del mensaje estatal de Feliz Navidad, a todos los peruanos y extranjeros que recibían o veían el sobre con la estampilla mencionada; al mismo tiempo se incluía y difundía una imagen que sensibilizaba a los peruanos y peruanas en la valoración de su patrimonio cultural.
En igual sentido, la impresión de postales con un fondo de yacimientos arqueológicos y con saludos navideños, expresan la voluntad de peruanizar de los gobiernos de turno y difundir, a nivel nacional e internacional, el patrimonio cultural del Perú, en una época en la que la televisión no existía. Eran tiempos en que las oficinas postales de todo el país se abarrotaban de remitentes en todo el territorio nacional.
Por otro lado, como lo hemos señalado, también se pudo apreciar que el asistencialismo estuvo ligado a la Navidad durante muchos años, con más intensidad de lo que puede observarse actualmente. A fin de año empezaban campañas pidiendo por los menos favorecidos, expresión de una mentalidad que ya no se admite, ahora se pone como meta prioritaria el formar personas como agentes de su propio desarrollo, y no llegar a la mendicidad frente al Estado ni ante las instituciones benéficas, procurando ser cada día menos dependientes del clientelaje político.

