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UN PUNTO DE VISTA: Cayó Maduro ¿Y ahora qué?

Por: Raúl Bravo Sender. La madrugada del sábado 3 de enero de este año, tanto la comunidad internacional como la latinoamericana -y en especial ésta- observaron el despliegue militar norteamericano de una operación para capturar, extraer y poner a disposición de la justicia neoyorquina al hasta entonces presidente de la República Bolivariana de Venezuela, Nicolás…

Por: Raúl Bravo Sender.

La madrugada del sábado 3 de enero de este año, tanto la comunidad internacional como la latinoamericana -y en especial ésta- observaron el despliegue militar norteamericano de una operación para capturar, extraer y poner a disposición de la justicia neoyorquina al hasta entonces presidente de la República Bolivariana de Venezuela, Nicolás Maduro Moros, conjuntamente con su primera dama Cilia Flores, quienes serán sometidos a un juicio por cargos de narcotráfico al ser sindicado Maduro de liderar la organización criminal del Cartel de los Soles.

Recordemos que el Chavismo se instaló en el Palacio de Miraflores en 1999, siendo un régimen que se mantuvo en el poder por alrededor de 26 años y poco más, y que terminó socavando las bases de la democracia y el estado derecho de su sociedad, volviendo precaria la calidad de vida de los venezolanos, quienes perdieron sus libertades y por tales condiciones se vieron forzados a desplegar un éxodo masivo en búsqueda de oportunidades en países de la región, siendo el Perú uno de ellos.

Si bien Chávez y Maduro se sometieron a procesos electorales, sin embargo, gobernaron de manera autocrática y desconociendo los derechos humanos, la separación de poderes y el imperio de la ley. Las últimas elecciones del 2024 fueron totalmente cuestionadas de fraude frente a sus adversarios Edmundo González y la recientemente galardonada como Premio Nobel de la Paz, María Corina Machado.

Su Caballo de Troya lo fue la Asamblea Constituyente del ´99, con la que Chávez y sus huestes moldearon a la sociedad y a las estructuras de poder bajo el manto de una nueva Constitución hecha a la medida de sus verdaderas intenciones, para nada democráticas, de perpetrarse en el poder y no soltarlo, instalando un auténtico régimen de persecución a los adversarios políticos a los cuales trató de enemigos, expropiando además la propiedad privada y minando las bases de la sociedad al petardear al mercado.

El petróleo se convirtió en la principal fuente de ingresos y recursos del régimen, que ayudó a comprar conciencias en todas las instancias y así contar con subordinados serviles, en especial entre los militares. Este recurso permitió aparentar en los primeros años un escenario de bonanza y bienestar en la población, pero poco a poco ésta fue perdiendo su libertad a cambio de una ayuda o asistencia de algún programa social, creando de esta manera un clientelismo político que se transmitió a las nuevas generaciones. Muchos se acostumbraron a vivir del subsidio estatal.

Con la caída del petróleo, dicha bonanza se hizo humo, y el régimen se tornó insostenible, originando olas migratorias en búsqueda de mejores condiciones para vivir. Poco a poco la sociedad se fue apagando, mientras que el poder político y estatal crecía a costa de las libertades de los venezolanos, quienes por temor optaban por callar sus voces. Los opositores poco o nada podían hacer frente a la represión cada vez más fuerte, y ni el Grupo de Lima que se formó desde los foros internacionales para frenar la crisis venezolana. El Chavismo supo aliarse con otros regímenes de la región, afines al Foro de Sao Paulo.

¿El fin justifica los medios? Es evidente que las acciones militares desplegadas por el gobierno norteamericano de Donald Trump en territorio venezolano han violado la soberanía del Estado de Venezuela. Una gran mayoría aplaude esta acción, pero la misma no hace más que sentar un precedente convirtiendo al Tío Sam en el sheriff del vecindario, pues mañana podrá ser otro país de la región el que se vea afectado en su soberanía e integridad territorial bajo cualquier otro pretexto. La sociedad internacional se ve quebrada en el equilibrio de potencias instaurado tras la paz de Westfalia. Salvo que el Kremlin, la Casa Blanca y Pekín tengan bajo mesa algo ya acordado.

¿Y ahora qué? Trump ha declarado que reconoce a Delcy Rodríguez como la sucesora de Maduro en el poder, pero le ha advertido que si no hace lo correcto pagará un precio más alto. ¿Quién ostenta el poder en Miraflores, entonces? Y ha dicho también que Estados Unidos de América administrará Venezuela hasta una transición segura, adecuada y juiciosa. ¿Cuánto tiempo tomará eso? ¿Dónde quedan la autodeterminación de los pueblos, la democracia y el derecho de los propios venezolanos a elegir su destino?

Así como Al Capone cayó y fue procesado por la justicia de Chicago por evasión de impuestos y no por su historial criminal, Maduro no ha caído por violar derechos humanos sino por una orden judicial neoyorquina de detención en su contra por cargos de narcotráfico. ¿Ésta era la única manera de derrocarlo? Estoy seguro que a muchos nos hubiera gustado que fueran los mismos chamos los que lo hubieran logrado.