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De la risa a la reflexión: la caricatura política en tiempos electorales
Por: Miguel Arturo Seminario Ojeda: Historiador, responsable del Museo Electoral y de la Democracia de la Dirección Nacional de Educación del Jurado Nacional de Elecciones. El 18 de febrero de 1855 salió a la luz en Lima el periódico satírico eventual “El Murciélago”, redactado por Manuel Atanasio Fuentes, en cuyo contenido se incluyó caricaturas relacionadas…

Por: Miguel Arturo Seminario Ojeda: Historiador, responsable del Museo Electoral y de la Democracia de la Dirección Nacional de Educación del Jurado Nacional de Elecciones.
El 18 de febrero de 1855 salió a la luz en Lima el periódico satírico eventual “El Murciélago”, redactado por Manuel Atanasio Fuentes, en cuyo contenido se incluyó caricaturas relacionadas con el poder político y el ejercicio del gobierno. Su último número salió en Guayaquil en 1884. Desde entonces, pese a que hay caricaturas de tiempos anteriores, hasta hoy no cesa de caricaturizarse a los hombres y mujeres que intentan capturar el poder político, o le ejercen, como puede verse en lo que va del siglo XXI.
El hombre siempre ha dejado un testimonio gráfico sobre diferentes facetas de su pluri cotidianidad, tanto en caracteres como en imágenes; por eso se puede reconstruir las maneras de obrar de las sociedades ágrafas. La piedra fue el primer soporte que permitió registrar la información, las sociedades líticas utilizaban este material para grabar y para pintar escenas rupestres. Luego, el papiro, el pergamino y el papel.
Posteriormente el soporte magnético (discos y cintas) y, finalmente, el soporte electrónico hace posible que las generaciones venideras recreen su pasado a partir de las fuentes que hoy se consolidan como perdurables, pese a la fragilidad de los soportes actuales que son atacados por virus que les hacen sensibles a perder la información.
Cuánto puede influir la imagen en la toma de decisiones; cuál es el peso que posee en un tiempo donde no existía televisión y radio, y los diarios serios no admitían la mofa contra los otros. Cuándo hicieron variar los resultados electorales estas caricaturas, en su momento, es un asunto de recientes investigaciones, que ven a la caricatura más allá de su percepción artística y de las técnicas utilizadas en su elaboración. Lo cierto es que los editores de caricaturas mantuvieron un público cautivo que esperaba, impaciente, la salida de los órganos de difusión que les daban vida.
La democracia: una mirada desde la caricatura política
Cuántas veces las caricaturas nos arrancan muchas sonrisas al momento de observarlas, sobre todo si se relacionan con sucesos vividos en los tiempos recientes, porque descubrimos que sus autores tratan de sintetizar la realidad, muchas veces exagerándola, pero que, al fin, dicen algo sobre lo sucedido.
En todos los tiempos se ha dejado testimonios de su vida social y, con la creatividad y el ingenio propio, los artistas se habrán esforzado en cada época para que los demás conozcan sus huellas a través de trazos, dibujos, retratos, grabados, caricaturas y fotografías.
La vida social en general ha sido caricaturizada, siendo lo afectivo, lo laboral, junto a lo recreativo y asociativo, una fuente de inspiración para quienes, con creatividad y humor, presentaran un testimonio que ha hecho reír a cientos de personas que, en su momento, quizá no advirtieron que era una manera de documentar la realidad, juntándose -posteriormente- un conjunto de documentos iconográficos, convertidos en fuentes para el entendimiento del pasado.
La caricatura y la historia política
El historiador piurano Miguel Maticorena Estrada señaló que la ocurrencia de haber considerado a la caricatura, desde esta perspectiva documental, permitiría recrear el pasado, con esta fuente iconográfica que se suma a los manuscritos e impresos de la época política que se estudia. Consideramos que no se equivocó, porque una publicación de este tipo ya va saliendo en dos ediciones y dos reimpresiones.
La historia política del país está llena de enfrentamientos entre las diversas facciones que, utilizando las más variadas estrategias, trataban de capturar el poder; y, si bien la fotografía ya se había introducido en el Perú, los testimonios en relación al clientelaje político y sus mecanismos nos llegaron tempranamente gracias a los grabados sobre este particular, sobre todo los de Manuel Atanasio Fuentes, un hombre comprometido con el quehacer cultural de su tiempo, que interpretó los sentimientos populares a través de la caricatura.
Las caricaturas de Manuel Atanasio Fuentes
Las caricaturas de Manuel Atanasio Fuentes sobre el proceso electoral de 1855 son un referente clásico para determinar, por ejemplo, cómo percibía la ciudadanía popular a sus gobernantes, como una caricatura que muestra a un individuo en triple proyección: en una completamente delgado y desaliñado, en otra, en evidente mejora, y en la tercera como un gran señor y en crecida obesidad. Cómo se interpreta el mensaje que contiene este cuadro es un asunto que, solo al contemplarlo, hace perder a muchos la seriedad.

Y es que, en este cuadro, por un lado, se puede interpretar que los representantes del pueblo, diputados y senadores, considerando el tiempo en que se pintó la caricatura, solo buscaban su interés particular y no el popular, y el pueblo desairado y burlado era consciente que endosar poder a sus gobernantes traía consigo la posibilidad de robustecerlos en poder, en ganancias, y que se olvidaran de los de abajo, de aquellos que les habían endosado poder para que los representen.
Existe una caricatura donde el acto electoral aparece como una subasta, en relación al poder político, que desde entonces ya circulaba como una mercancía; lo compraba el que mejor y más invertía, no solo el pisco y la butifarra, sino con dinero, en un tiempo en que la conciencia cívica y ciudadana era débil y, al parecer, las redes del clientelaje político se diversificaban de modos diferentes y efectivos, en la capital de la República y en todo el país. Esas caricaturas reflejaban lo que sucedía a nivel nacional
La caricatura política: fuente documental
La visión de una caricatura donde los mecanismos de obtención del voto están asociados a la violencia y al soborno, tampoco escapó a Manuel Atanasio Fuentes, aparentemente graciosa, muestra la compra del voto con violencia, simbólicamente con un garrote, o con dinero, como aparece el comprador de conciencias, bolsita de monedas en la mano.
Una caricatura que no deja de sorprender es la de los conflictos internos entre los candidatos de una misma agrupación política, que se enfrentan para lograr una posición especial y figuración en su partido; singular mensaje es la caricatura de los ayayeros de los políticos, en la que se les hace alusión, con la caricatura de un lustrabotas limpiando los zapatos a un político, con la leyenda de “Lustremos, frotemos, que algo sacaremos”, alusión a los sobones de turno que buscan favores políticos.
¿Ha cambiado esta situación?
Hoy vivimos en el siglo XXI, con una nueva manera de hacer las cosas; las prácticas de la democracia han variado, se han fortalecido las consideraciones con respecto a los que antes estaban postergados. Hoy los ciudadanos y ciudadanas, y futuros ciudadanos y futuras ciudadanas, se han fortalecido en educación cívica ciudadana, el voto es responsable en un gran número de votantes que no esperan la última hora para tomar una decisión con respecto al voto por un candidato o una agrupación política. Y en estos tiempos, hay muchas caricaturas sobre el comportamiento político y la práctica de la democracia.
Sobre el proceso electoral de este año no cesan las caricaturas, algunas elevan la popularidad de los aspirantes al ejercicio del poder político; y ahora se transmiten no solo por la prensa escrita, las redes sociales son un mecanismo de acercar a millones de personas, el propósito que está más allá de lo iconográfico de la caricatura, puesto que lleva un mensaje que se puede entender desde la iconología. Las caricaturas hacen reír, generan mofas muchas veces, pero también informan, reflejan un tiempo y un contexto social que, con la nueva dinámica social, resultarán finalmente irrepetibles en cuanto a personajes y sucesos. Con toda seguridad, todo el 2026 será escenario para la difusión de la caricatura política, a la que en el futuro se analizará como fuente documental, comparando los procesos electorales desde diferentes miradas.

