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María Jesús Alvarado y el escenario social frente a la ciudadanía de la mujer

Por: Miguel Arturo Seminario Ojeda, Historiador, responsable del Museo Electoral y de la Democracia de la Dirección Nacional de Educación del Jurado Nacional de Elecciones Las primeras elecciones que protagonizaron los peruanos en 1809 y en 1810, no fueron en condición de ciudadanos, sino de súbditos; no se había aceptado mayoritariamente el concepto de ciudadanía que…

Por: Miguel Arturo Seminario Ojeda, Historiador, responsable del Museo Electoral y de la Democracia de la Dirección Nacional de Educación del Jurado Nacional de Elecciones

Las primeras elecciones que protagonizaron los peruanos en 1809 y en 1810, no fueron en condición de ciudadanos, sino de súbditos; no se había aceptado mayoritariamente el concepto de ciudadanía que hoy, como una categoría social, nos permite entender al mundo -cuando de desigualdades se trata- en las oportunidades para la toma de decisiones.

La ciudadanía, como una realidad manifiesta, se asoma para los hispanoamericanos en 1812, condición consagrada en la Constitución de Cadiz, al considerarse aptos para votar a los indios, negros libertos, blancos, aunque fuesen iletrados. Es decir, si juzgamos esa experiencia con la óptica de hoy, diremos que fueron elecciones con inclusión social, aunque las mujeres no votaban, obedeciendo a un criterio mental universal.

La ciudadanía para los varones comenzó en 1812, y con asomos de inclusión social -por lo ya referido-; pero, además, he aquí un hecho que he mencionado en varios artículos: la Constitución de 1812 fue leída en quechua en las localidades donde la mayoría era quechua-hablante. Indudablemente que también se leyó en castellano, y previamente se celebraba la Misa de Espíritu Santo, rogando que inspire en los ciudadanos el discernimiento necesario para elegir a autoridades competentes.

La mujer y la ciudadanía

La ciudadanía femenina fue uno de los logros más notables alcanzado por las propias mujeres en el siglo XX en el Perú, de modo que debe quedar atrás ese apresuramiento de creer que fue el presidente Manuel Arturo Odría quien le hizo concesión a la mujer, como si eso hubiese sido una ocurrencia suya, o de alguien de su entorno. No fue así.

La mujer siempre estuvo en la lucha por sus derechos y, pese a que se le relegó del escenario político, nada de eso detuvo el ímpetu con el que se movieron y organizaron aquellas a quienes se considera precursoras de esa lucha, que en 1955 coronó el esfuerzo de las que confiaron en ese cambio que el mundo necesitaba, de incorporar a la mujer al ejercicio de la ciudadanía, tal como la vivían los hombres desde hacía más de 100 años.

Si bien el concepto de ciudadanía se estampa en la Constitución de Cádiz de1812, que tuvo aplicación en toda Hispanoamérica, y con la que se eligió a los primeros alcaldes en Ica, Lima, y en todo el Virreinato del Perú, las mujeres no estuvieron en la consideración para el ejercicio de ese derecho que, de acuerdo a la mentalidad de la época, estaba reservado solo para los varones. Y así se continuó en la república, pese a que desde la segunda mitad del siglo XIX se alzaron voces pidiendo la igualdad de ciudadanía para ellas, como lo hizo Celso Bambaren Ramírez, médico ancashino que llegó al Congreso de la República.

Sin embargo, esa lucha que surgió bajo la inspiración de algunas mentes avanzadas para su época, no tuvo el eco necesario para generar un cambio social inmediato, pues significaba quebrar los parámetros que inspiraban el comportamiento social de los varones en todo el mundo, y la pasividad con la que las mujeres aceptaban esa realidad.

María Jesús Alvarado es una de las pioneras en la lucha por un mundo de igualdad en el Perú, alzando su voz para que las mujeres se consideraran dentro del escenario de la ciudadanía.

María Jesús Alvarado y las precursoras

María Jesús Alvarado Rivera fue una de las primeras mujeres en el Perú en plantear, en una conferencia, la igualdad de derechos civiles y políticos para la mujer, en octubre de 1911, sostenida frente a un público enteramente masculino en la Sociedad Geográfica de Lima. 

Nació en Chincha, el 27 de mayo de 1878 en la Hacienda Chacrabajo, y falleció en Lima un día como hoy, el 6 de mayo de 1971; es decir, logró ver hecha realidad la ciudadanía femenina por la que tanto luchó. Fue hija de Cayetano Alvarado Arciniega y de Jesús Rivera Martínez. Debemos recordar, como lo expresó don Manuel Pardo en el Congreso de la República en 1878, que no había ninguna ley expresa que prohibiera a la mujer cursar estudios universitarios, lo que si era manifiesto eran las limitaciones que se les ponían para el ejercicio de algunas profesiones, como la abogacía.

Como era usual en algunas mujeres de entonces, pese a los estudios escasos, María Jesús Alvarado no los limitó a la oficialidad, ya que fue una autodidacta, nutriéndose de muchos conocimientos que la capacitaron para llevar a cabo la tarea que concibió como un deber, y pudo realizarla -en parte- a través del periodismo. Dio su primer discurso cuando tenía 15 años; y posteriormente obtuvo su diploma de preceptora, que en original se conserva en el Museo del Jurado Nacional de Elecciones.

Su labor por los menos favorecidos 

Su labor periodística se manifestó desde 1908 a través de los diarios El Comercio y La Prensa, y desde 1913 integró el Comité Directivo de la Asociación Pro Indígena, desde la que luchó por los oprimidos del país, incluyendo a los obreros que buscaban laborar 8 horas. En 1914 fundó “Evolución femenina”, asociada a los derechos de la mujer, empezando por la educación, ya que al no votar los iletrados, si se daba la ley de reconocimiento de ciudadanía para las mujeres, muchas se privarían de ejercerla por no saber leer y escribir. Asistió al Primer Congreso Panamericano del Niño, en Buenos Aires, llegándolo a presidir.

En 1923, al trabajarse sobre la reforma del Código Civil de 1851, volvió a plantear el reconocimiento de ciudadanía para las mujeres, lográndose en 1936, que las mujeres casadas dejaran de estar bajo la patria potestad del esposo. En 1923 también participó en la fundación de la Liga Nacional de Higiene y Profilaxis. Al año siguiente, por cuestionamientos al gobierno de Augusto B. Leguía, fue deportada a Argentina, trabajando en una escuela primaria de Mendoza, cuya biblioteca lleva su nombre después de su fallecimiento. Siendo gobernante del Perú el piurano Juan Velasco Alvarado, el colegio High School se denominó María Jesús Alvarado, en recuerdo de esta memorable peruana.

Las precursoras de la lucha

Cada 7 de setiembre se recuerda el día en que legalmente la mujer fue considerada ciudadana en el Perú. Ciudadana, no por una concesión desde arriba, sino por la lucha organizada de todas las mujeres del Perú, que desde sus propios espacios buscaban incansablemente eso que les negaba el machismo: igualdad ciudadana.

Llegan a la memoria nombres asociados a esa lucha, desde Flora Tristán, Clorinda Matto de Turner, Mercedes Cabello de Carbonera, Zoila Aurora Cáceres, Ángela Ramos, María Jesús Alvarado, Adela Montesinos, Dora Mayer de Zulen, Angélica Palma, Elvira García y García, Teresa González de Fanning, Esther Festini de Ramos Ocampo, Magda Portal, y otras tantas asociadas a esas horas de lucha persuasiva y combativa que las llevó a organizarse y a desarrollar una conciencia de grupalización, que las presentó ante los ojos de todos los peruanos como “todas a una”.

El escenario en el que actuaron las precursoras peruanas no solo se sacudía a nivel nacional, en todo el mundo se reflexionaba sobre la negación de espacios a la mujer, y el Perú no fue la excepción; las peruanas alcanzaron un sitial, desde el que empezaron a despegar y a participar activamente en la política peruana, poco a poco se acercaron al universo de la toma de decisiones y a tener presencia como nunca antes se había visto, más allá de la literatura y el asistencialismo social. Hasta hoy sobreviven -casi centenarias- muchas de las mujeres que votaron por primera vez en 1956, y cuando se les ha entrevistado en algunas ocasiones, reviven con alegría el momento en el que votaron por primera vez.