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El efecto Milei

| Por: Raúl Bravo Sender El economista libertario Javier Milei lleva cincuenta días como presidente de la República Argentina. El discurso que lo llevó a la más alta magistratura de su nación fue el de la bandera liberal–libertaria, reivindicando a la tradición de pensamiento liberal y, en especial, el de la escuela austríaca de economía.…

| Por: Raúl Bravo Sender

El economista libertario Javier Milei lleva cincuenta días como presidente de la República Argentina. El discurso que lo llevó a la más alta magistratura de su nación fue el de la bandera liberal–libertaria, reivindicando a la tradición de pensamiento liberal y, en especial, el de la escuela austríaca de economía. En muchas ocasiones, Milei se ha manifestado en contra de los neoclásicos –como lo hizo recientemente en el Foro Económico Mundial de Davos-, afirmando que la batalla de ideas entre neoclásicos y austríacos la ganaron éstos últimos, a propósito de los modelos que proponían en su momento Keynes y Hayek para frenar la crisis económica del período de entre guerras.

Milei, en los discursos que ofrece, a menudo resalta que la nación argentina en el siglo XIX fue una potencia mundial gracias a las ideas del político Juan Bautista Alberdi, las cuales cimentaron las bases de la Constitución de 1853. Desafortunadamente todo lo que fue de esa gran nación se echó por la borda desde que se instaló en el poder el peronismo, con un discurso radical denominado “justicialismo”, inspirado en la dialéctica de confrontar a ricos y pobres, empoderando así al Estado y menoscabando las bases de una sociedad libre para dar paso a una de mendigos, capturada por una casta que Milei ha denunciado por vivir del presupuesto público, las prebendas y los privilegios.

Hace unos días Milei participó en una nueva edición del Foro Económico Mundial que se celebra en la ciudad suiza de Davos, dirigiéndose nada más y nada menos que ante los líderes empresariales y políticos del globo. Con un discurso centrado y más que técnico, en realidad político e ideológico, Milei tuvo la audacia de poner en la palestra de la opinión pública mundial al ideario liberal-libertario del gobierno limitado, que es totalmente opuesto a los intereses de políticos y empresarios mercantilistas que apuestan más bien por fortalecer al Estado y a los organismos internacionales, denunciando además que Occidente está en peligro porque sus principales líderes han abandonado el modelo de la libertad por el colectivismo.

Ahora bien, Milei, internamente en la nación que preside, está luchando una ardua batalla con la oposición, a propósito del Decreto de Necesidad y Urgencia que dio a once días de asumir la presidencia, el cual constituye el punto de partida de sus reformas para liberalizar a la sociedad argentina, desmantelando al costoso Estado que es el obstáculo para el bienestar de los argentinos. Milei ya se metió al bolsillo a quienes captaron su mensaje y ven en su programa una esperanza de cambio y progreso. La lucha lo es contra quienes ven amenazados sus privilegios y prebendas obtenidos durante años de kirchnerismo del presupuesto público, por los recortes anunciados, pues, como dijo en su primer discurso: “no hay plata”.

¿Realmente existe una batalla cultural a nivel ideológico en el continente –y en el mundo-? A menudo Milei también recurre a esta dialéctica, entre quienes se adhieren al individualismo y quienes lo hacen por todas las variantes de colectivismos e intervencionismos –que conducen al socialismo- con el propósito de marcar la cancha. Si bien ya hace varios años se derrumbó el Muro de Berlín y se desmembró la Unión Soviética, hoy en día el progresismo socialista se ha reciclado en nuevas banderas, como la que reivindica a la mujer y protege al medio ambiente, infiltrándose en movimientos culturales, escuelas y universidades, para, desde la sociedad civil, ganar terreno.

Los verdaderos héroes que practican la solidaridad con el prójimo son quienes, al ver al mercado como una oportunidad, invierten su capital y dan empleo a los demás, sacándolos de la pobreza, no quienes se venden como caritativos con dinero ajeno (presupuesto público). Ha quedado demostrado que las naciones que apostaron por la propiedad privada y los contratos, la democracia y el mercado, limitando a sus gobiernos, han logrado darles bienestar a sus conciudadanos. Y detrás del discurso de Milei subyace aquella tradición de pensamiento que se basa en la libertad individual y que renuncia a empoderar al arrogante burócrata que cree que puede planificar la vida de todos, como si fuera un iluminado.

¿Cuál será el efecto de Milei, especialmente en la región? Titánica tarea la de bregar con una atmósfera plagada de clichés, como el que la riqueza de unos constituye la pobreza de otros. No cabe duda que ha despertado interés, sobre todo entre los jóvenes, quienes lo ven como un rock star, no sólo por su estilo informal –y poco ortodoxo-, sino por la facilidad con la que desmantela las ideas de quienes han debatido con él en diversos escenarios. Sin embargo, como buen liberal-libertario, Milei no debe olvidar que el destino de los argentinos no depende de él sino de ellos mismos. Su misión debe limitarse a desmantelar al Leviatán y despertar la conciencia de quienes por años vivieron sometidos al colectivismo.